Solo


Discos
Manuel Montero
LVF, 2015
Fernando Romero


En Solo, el primer disco del guitarrista costarricense Manuel Montero, encontramos flamenco, elegancia, limpieza y un gran dominio de la guitarra clásica española. Editado por el sello discográfico "La Voz del Flamenco”, este tocaor largo (larguísimo si se me permite la expresión, pues abarca desde lo jondo hasta el jazz, pasando por Albeniz, la música latinoamericana, música electrónica, música clásica, world music y hasta el belly dance) tiene un sentir muy personal que imprime en todos sus temas.


Arranca con Presencia, una bulería taconeada y bien jaleada con gran fuerza expresiva. Puede codearse con los Riqueni, Vicente Amigo, Sanlúcar y, aunque sería una blasfemia compararlo con el maestro Paco de Lucía, sus influencias son indudables, especialmente en la rapidez y la elegancia.

Pasa en Balada para una amiga a un mundo más tranquilo, una licencia que suponemos se permitió, como él dice, para alguien que le interesa, aunque no sea precisamente su mejor tema.

Volvemos al flamenco, por alegrías de Cádiz en Recuerdo de una Noche. Alegrías misteriosas con magníficos coros y olor salino del puerto y mucha fuerza rítmica.

El cuarto tema lo abre con Aroma unos tangos en donde percibimos la limpieza de la guitarra de Montero, con un ritmo que incita al palmeo y al baile, siempre sin perder la elegancia y la fuerza.

En Imagen nos lleva a la taranta, al mundo de la expresión desasosegada del minero. Muy sentida, despliega aquí este guitarrista su virtuosismo. Solemne y profunda es, a mi juicio el cénit del disco.

A partir de aquí entramos en una segunda parte en donde el flamenco se relega para dejar paso a la guitarra clásica española. Lo hace con sus impromtus una pieza, tradicionalmente pianística, que se caracteriza por la continua improvisación. Nos ofrece su repertorio más clásico, atreviéndose también por otros vericuetos melódicos. Puede ser un capricho del autor o una propuesta para los más cultos entre los que yo, desde luego, no me incluyo.

Para clásica la siguiente, una interpretación de Asturias del maestro Albeniz muy bien tocada. Y mantiene ese camino abierto por los toques clásicos hasta que llegamos al tema 12 que dedica a sus padres, una guajira, el cante (en este caso toque) de ida y vuelta que un costarricense de formación flamenca puede bordar. Y lo borda porque nos aporta además de su limpieza el aire colonial de estos cantes. Luego hace este tocaor otro paréntesis más en Pensamiento, una buena adaptación de Enrico Panza.

Acude de nuevo a lo más clásico, al maestro Tárrega y a sus Recuerdos de la Alhambra, maravillosamente interpretados y en donde nos muestra su altísima preparación como guitarrista para dar paso enseguida a Río, una creación propia en donde evoca la naturaleza, con reminiscencias de las alegrías de Cádiz y el jazz.

Despide su primer disco Con son, unas bulerías con reminiscencias jorgepardianas y ritmo galopante, un buen corte final que marca su lucha interna entre el flamenco y el clasicismo, entre el canon y el sentimiento gitano, entre la disciplina y la sangre. Es el sino de los artistas que, como Montero, tienen un acepción universal de la música, en donde las expresiones del mundo se debaten por salir de su guitarra en acordes elegantes y, a la vez apasionados.