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Querido amigo :

Prejuicios contra el flamenco

Los flamencos somos muy exigentes. Siempre estamos haciendo un tremendo esfuerzo por justificar que lo nuestro es una música viva, una música en constante evolución, y además, siempre planteamos la evolución como una ruptura con lo anterior, con lo establecido, con lo ortodoxo; como contrapartida tenemos a los músicos clásicos, que llevan tocando la misma música 150 años sin inmutarse, sin tener que justificar el hecho de dedicarse a una música eminentemente estática, sin vida. Sin tener que justificar el ser un mero intérprete de lo que otro creó y ejecutó mejor que nadie…

Y dentro del flamenco y hasta ahora, cuando un artista quiere plantear un discurso musical y creativo distinto, siempre lo ha hecho desde el respeto (no desde el miedo) hacia el flamenco oficialista. Enrique Morente, que es el mejor ejemplo, entendió que no es posible el uno sin el otro, que ambos se retroalimentan, y de hecho, supo hacer cohabitar en su repertorio y en su devenir artístico lo clásico con la creación. Los artistas que menosprecian el flamenco ortodoxo o a quien lo defiende, se equivocan y mucho. Expresiones como “yo paso de los críticos” o “soy el látigo de los puristas” son tan soberbias como contradictorias, porque son los críticos y los periodistas los que han contribuido a que ese artista tenga una tribuna en la que poder decir esas chorradas.
Si un artista que nace en el flamenco y que se desarrolla en él tiene que salir a los medios a descalificarlo, debería de reflexionar sobre su propio discurso musical, sobre su propia naturaleza… ¿Qué tiene de verdad lo que pone sobre el escenario si la esencia musical y estética es flamenca, pero el artista abomina de los flamencos…?, es decir, de sí mismo.

Partir de la base de que los flamencos tienen prejuicios contra la libertad creativa… ¿no son también prejuicios?…

Si un artista defiende que sale del flamenco para evitar corsés y prejuicios, debería ser ese mismo instante en el que acabara cualquier tipo de comentario peyorativo. Y si los hace, es porque esos comentarios contribuyen a crear titulares en prensa que le dan notoriedad y prestigio, y que le ayudan a instalarse en la estela de lo transgresor. Abominar de los flamencos desde el flamenco es absurdo. Y lamentablemente, es una de las constantes de las que somos testigos aquellos que amamos esto en la absoluta convicción de que es una música viva y por tanto, estamos abiertos a cualquier manifestación creativa que nos llega.

Así que cuando un artista desprecia a los críticos o a los flamencos de forma recursiva, pienso en lo perdido que está, porque lo flamenco no es posible sin los flamencos, y él es uno más de esta larga familia.



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