Y Madrid se hizo flamenco


Libros
Antonio Escribano Ortíz
El Avapies S.A, 1990
Antonio Nieto Viso


Afortunadamente, en la actualidad tenemos una interesante colección de libros que se ocupan del arte flamenco en todos sus aspectos, y que se ha visto incrementada en los últimos años en los que se ha investigado con intensidad.

Escribir sobre flamenco no es nada fácil, de ahí mi admiración y respeto por todos aquellos que lo hacen honestamente para desentrañar los secretos o rescatar del olvido a muchos artistas.

El libro elegido para comentar en esta ocasión se escribió en 1990, una fecha ya lejana, pero a mi entender creo conveniente recordar sus contenidos y así refrescar la memoria. Si se pueden hacer con un ejemplar, háganlo, puede que en algunas librerías madrileñas, o en los mercados de ocasión especializados lo pueden conseguir.

“Y Madrid se hizo flamenco” fue escrito por el flamencólogo madrileño Antonio Escribano Ortíz uno de los mejores eruditos con que contamos en la actualidad de nuestra materia. He tenido la enorme suerte de haber compartido muchas horas con él, evidentemente siempre aprendiendo sobre el flamenco y sus circunstancias.

El señor Escribano tiene muchas virtudes, entre ellas está la de la lógica histórica para situar los acontecimientos en su lugar y apartarlo de la leyenda que se ha ido adhiriendo a los personajes. Con esta técnica, uno se siente más seguro a la hora de profundizar escuchando esta música.

Antonio Escribano nació en Madrid el año 1933, por lo que alcanzó a conocer y escuchar a importantes artistas que le transmitieron sus vivencias, algunas de las cuales están contenidas en este tomo.

Paso por lo tanto a describir los aspectos que a mi me han parecido más importantes. En la página 21 encontramos escrito, cito textualmente: A Madrid capital acude todo: El canto y el cantante, el cante y el cantaor, el bailarín y el bailaor, el pintor y el torero, la cupletista y la tonadillera, el poeta y el inventor, y sigue a continuación dando clara afirmación para entender la importancia de Madrid como una de las primeras catedrales que ha tenido y tiene el flamenco en la actualidad, y quien esto escribe lo ha podido comprobar a lo largo de mis treinta años que he tenido el privilegio de vivirlo en primera persona. Por si todo esto fuera poco, la capital de la villa y corte es la ciudad más hospitalaria del mundo.

El libro nos aclara que, la caña del Tío José, tal como nos ha llegado por la transmisión oral de Pepe el de la Matrona, es el desprendimiento de la caña y el polo, que conformaban la vieja y pesada policaña cargada de ayes interminables que resultaba arcaica y menos elaborada que la practicada y conocida por don Antonio Chacón.

Nos ilustra sobre el circo, situado donde posteriormente estuvo el recordado Circo Price. Este teatro funcionó entre los años 1840 al 1868, aquí por primera vez el público vio el alfombrado en las escaleras, quedando asombrado del derroche escénico.

Piensa el autor en otro apartado, que el conocimiento del cante no es privativo del andaluz o andalucista, ni del gitano o gitanista, sino simplemente de cualquier persona apasionada y estudiosa de este arte o tesoro arte nacional tan bello y rico en matices, sin importarle en absoluto cual sea su lugar de origen.

Y seguimos disfrutando de con las noticias como la que sigue, el ferrocarril madrileño resultó ser más embrollada, porque iniciado en 1844, que en su primer tramo comprendía la línea Madrid Aranjuez, teniendo su punto de partida desde la estación de Atocha, que fue inaugurada el día 9 de de Febrero de 1851 por la reina Isabel II, tramo a tramo llegó al Puerto de Santa María en 1856. Expone seguidamente que, cuando se inició la década de los años cincuenta del siglo XIX arribó a Madrid por primera vez Silverio Franconetti. La tradición oral dice que empleó diecisiete días para realizar el viaje.

Por él sabemos, que los primeros cafés cantantes madrileños aparecen en los primeros años de la inauguración de la red ferroviaria entre Madrid y Andalucía y la instauración de la Primera República Española entre los que pueden citarse el café de Naranjeros en la Plaza de la Cebada, el de la Bolsa en la calle Barquillo, el de Atocha en la calle del mismo nombre, el Nuevo en la calle Alcalá, el del Pez en la calle Desengaño. Avanzando en la lectura aparece la meritoria labor de haberlos localizados casi todos los cafés cantantes en los edificios y calle en los que ofrecieron flamenco en Madrid.

Reconozco que me ha resultado muy gratificante leyendo página a página despertando mi curiosidad; entre otras, dice que don Antonio Chacón decide afincarse en Madrid en Junio de 1911, luego su residencia hasta su muerte el 21 de Enero de 1929 resultan 18 años, que dio lugar a muchas vivencias del maestro jerezano. Asimismo, en el primer cuarto del siglo XX se caracteriza porque llegó el alud de cantaores con el sobrenombre artístico de niños, Niño de la Matrona, Niño de Alcalá, Niño de Cabra, Niño de las Marianas, Niño de la Huerta, y la Niña de los Peines.

En la página noventa y siguientes, está dedicado al apartado del flamenco de posguerra. En 1955, año arriba año abajo se inauguró el tablado Zambra cuya gloria y fama se mantuvo hasta su cierre en 1975. Inmediatamente se inauguraron los tablaos Corral de la Morería, el Duende, y Torres Bermejas,. Las figuras que en ellos han actuado son conocidas por todos.

El último capítulo, el VII, está dedicado a biografías de los cantaores, guitarristas, bailaores, bailaoras, y estudiosos del cante flamenco nacidos en Madrid y provincia.

Le deseo larga vida a mi amigo Antonio Escribano para que nos cuente en próximos libros más materias interesantes con su prolífica pluma.