Víacrucis


Discos Flamencos
Manuel Mairena
Pasarela, 1998
Antonio Nieto Viso


Estamos en Cuaresma, y en muchas ciudades de Andalucía se cantan saetas, como preludio a las que engrandecerán la Semana Santa en sus días grandes del Jueves, Viernes, y Sábado, cuando las imágenes recorren sus estaciones de penitencia por sus itinerarios centenarios acompañadas por las hermandades que desde tiempo inmemorial conmemoran la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, que tuvo lugar en Jerusalén, hace aproximadamente unos dos mil años, ya que por los distintos calendarios que han marcado cada época, no es posible situar el año exacto del nacimiento de Jesús de Nazaret.



En general, podemos decir que la saeta flamenca es consustancial a los inicios del Cante, puesto que se habla de que el legendario Enrique el Mellizo las canto en Cádiz. Informaciones posteriores y documentos sonoros nos ilustran con sus distintos estilos de saetas; entre ellos están los nombres de, Manuel Torre, el Niño Gloria, Manuel Centeno, la Niña de los Peines, Manuel Vallejo, Antonio Mairena, Fosforito, y un largo etcétera que llega hasta nuestros días, que sentimos en toda su realidad escuchándolas en directo si nos adentramos por nuestras calles y plazas nos llegan como un grito desgarrado artísticamente dirigido a Cristo, o a su Santísima madre desde el crepúsculo hasta bien entrada la mañana.

Desgraciadamente, el mercado discográfico, salvo excepciones, lleva tiempo sin poner a la venta este tipo de modalidad de música religiosa hecha Cante grande. Por esta razón, he acudido a mi archivo para compartir con ustedes las reflexiones sobre una magna obra de saetas, que están contenidas en el cd. “Viacrucis de Manuel Mairena”, y supongo que será difícil de encontrar en establecimientos comerciales, puesto que se grabó hace ya algunos años por la casa Pasarela, y merece todos los elogios y adjetivos calificativos como todo lo bien hecho.

Esta fenomenal obra, junto con la excelente música de marchas procesionales de cornetas y tambores, está ilustrada con los textos de Manolo Garrido, producido por Manuel Cerrejón, y grabado con la mejor calidad posible de aquella época en los estudios Alta Frecuencia de Sevilla. Son en total quince documentos que comprenden las catorce estaciones de penitencia, y la número quince, que está dedicada a la Virgen María.

El primer corte, valga la redundancia, es la primera estación de penitencia, en la que “Jesús es condenado a muerte”. Estamos ante una saeta flamenca con todos los matices al descubierto, en la que se funde con el cante, la extraordinaria música solemne de Semana Santa que desarrolla la banda de cornetas y tambores, misión que el ingeniero de sonido Pepe Torrano ha sabido sincronizar.

En mi opinión, lo mejor de “Viacrucis de Manuel Mairena”, está en segundo lugar, en el que “Jesús carga con la cruz”, el cantaor lo ha desarrollado en tono de saeta por carcelera; imposible de superar por ahora esa gran calidad de sentimiento cristiano, y por las curvas melódicas que ha sabido crear Manolo Mairena, artista que vino al mundo en 1934; y que con tan solo trece años ganó el concurso de saetas de Radio Sevilla, para continuar una reconocida trayectoria, hasta que una grave enfermedad lo ha apartado de los escenarios, decirles, que él es el último miembro de la casta de los Mairena, que vive, y que lo sea por muchos años.

Nos sorprende con las portentosas cualidades en la tercera estación, con un estilo jondo y rancio en el que la música se une a la voz en el ambiente senanasantero. La saeta popular mairenera que ocupa el cuarto lugar cuando “Jesús encuentra a su madre”, son ecos primitivos de una ciudad que ha vivido la Pasión, y la continúa, con ese recogimiento que embarga a los creyentes, subyacen restos de cantos religiosos de antes del Flamenco, unido a tonos de Los Puertos, de los que esta familia tuvo mucho que decir en su día.
La quinta estación, es manifestada en toda su plenitud en el desagarro seguiriyero que los Cruz García se han enseñoreado por todos los escenarios a lo largo de muchos años. Le sigue el martinete, que sabe a tradición, a dolor para compartir la pena con los más desfavorecidos, pero no como protesta política, sino desde el derecho natural, que todo ser humano conoce por el hecho de ser persona, aún sin tener conocimientos jurídicos.
La saeta personal de Manolo, la tenemos en la séptima estación, cuando “Jesús cae por segunda vez”. Comprobamos todo el calor humano para corresponder con lo que el intérprete modela con su gran personalidad. Otra variedad que merece nuestra mayor atención es la de la saeta revoleá (sic) de Marchena, que ha construido con las bases de su hermano Antonio, que para la historia queda.
Andando con el oído por este cd., llegamos a un punto en que podemos imaginar como pudo ser el cante de Tomas el Nitri por seguiriyas de Los Puertos. Cerquita de Mairena, está Alcalá de Guadaira y su estilo local, a fin de que todos conozcamos como se canta por saetas en esta ciudad de la soleá de Alcalá. También podemos saber como es la saeta en Triana parando en la undécima estación. La revoleá (sic) de Marchena tiene matices de tradición de este pueblo enlazada con influencias mutuas de las localidades hermanas en que se intercambiaron por la convivencia entre sus cantaores.

Poco a poco, entre seguiriya y martinete en el origen cuaresmal, llegamos al final e este trayecto con catorce estaciones de penitencia, y un regalo personal dedicado a la Madre de Jesús que sufrió la crucifixión de Jesús, la pena capital que se aplicaba por el Imperio Romano en Judea.

Este “Viacrucis de Manolo Mairena, debe estar en la discoteca del aficionado, para que cada año por Cuaresma nos haga revivir la religiosidad hecha arte en Andalucía por mor del Flamenco.
No sería mala idea, rogarle a Pasarela, que volviera a reeditar esta antología de la saeta, les estaríamos siempre agradecidos.