Venta de Vargas


Discos Flamencos
Camarón
Universal Music (2004)
Marcos Escánez Carrillo


El año que tuvo lugar la guerra de los seis días entre Israel y los países Arabes, que se formó la internacional banda Status Quo, que en Sudáfrica se realizó exitosamente el primer trasplante de corazón y que la masacre de San Juan en el cerro boliviano de San Miguel apenas levantó un par de ampollas, andaba cantando por la Venta de Vargas un Camarón ajeno al sufrimiento ajeno, porque bastante tenía con salir adelante él solito.

Como se explica en los créditos del disco, los cuatro primeros cortes se grabaron en una especie de recibidor de la Venta acompañándose él mismo. La calidad de estas grabaciones es inmejorable, ya que se aprecian todos los matices de la esplendorosa e impactante voz del de la Isla.

Yo no me puedo imaginar lo que debían sentir lo aficionados de la época al escuchar a este joven cantaor. Una voz absolutamente distinta a lo que entonces existía con una incipiente estética personal al abordar tanto los cantes más tradicionales como los menos escuchados. Incipiente estética que a la postre se convertiría en el trampolín del flamenco más vanguardista.

El resto de las grabaciones tienen lugar en una de las dependencias de la venta acompañado por la guitarra de Manolo Brenes, y gozan de bastante menos calidad, aunque la intervención de Camarón es simplemente, genial. Un alarde de sabiduría, de aire, de arte, de… Un viejo, vamos… un viejo de 17 años.

Y como todo hay que decirlo, podemos comprobar con sus últimos conciertos, que José no había evolucionado tanto a pesar de su extensa andadura. Pero eso es otro cantar, porque el gusto cambia y la voz condiciona siempre…

Pero cantar por levante rompiéndose, con esa profundidad, con ese rajo, es sin duda, sobresalientemente flamenco. Lo mismo podemos decir de los fandangos caracoleros con una garganta morfológicamente distinta a la de Caracol.

¿Y de quién había aprendido Camarón a cantar por seguiriyas de esa forma? Sin duda, después de tanto escribir sobre este artista, muchos de los tópicos que siempre se han barajado, se han caído o deberían haberlo hecho. Uno de ellos es la creencia de que uno de sus fandangos más característicos los aprendiera en Madrid. Nos encontramos ante el vacío de una necesaria revisión.

En los fandangos del corte cinco, es interesante el cambio de tercio improvisado que tanto el cantaor como el guitarrista desarrollan desde la seguiriya más prometedora.

Es evidente que a Madrid llegó José con “tó aprendío”, y con muchas, muchas grutas de años en la caverna de su alma.

Pero, ¿dónde aprendió Camarón a cantar por levante, que ni Brenes le pilla el aire? Ojo, que tenía 17 años y ya tenía en su repertorio cantes que ni estaban en boga ni eran considerados jondos. Que ya hacía falta tener las cosas claras si uno quería vivir del cante …

¿Y el taranto…? Con la subida en el cuarto tercio, como en posteriores grabaciones no llegó a hacer.

¡Y cómo se quejaba por seguiriyas, Madre mía! Ligando el cante, con su ay, su leve respiración, su voz libre, soltándola, pero “recogiíta”, y su cambio…

Porque es cierto que todo lo de Camarón es bueno si de vender se trata, pero este disco no es un disco más. Este disco, además de ser un testimonio, es una sublime demostración del mejor cante de aquel que fue un magnífico aficionado en el año 67, un genial cantaor en el año 87 y un mito en el año 92, que dura hasta nuestros días, y que durará mientras exista sensibilidad.