Un cantaor único


Discos Flamencos
Juanito Valderrama
Fonoruz, 2016
Antonio Nieto Viso


Juanito Valderrama

Un cantaor único

1961/2016
Flamenco y Universidad Vol. XLII
Edita. Fonoruz
Depósito Legal: Co 2290-2016.Cdf-2697
Guitarra. Juan Serrano
Grabación 1961
Archivo: Gregorio Valderrama
Autor. Antonio Nieto Viso



Cantaor, cantante, empresario, actor; estos son algunos de los adjetivos que se le pueden aplicar a la figura de Juanito Valderrama, nombre artístico de D. Juan Valderrama Blanca, que nació en la localidad jiennense de Torre del Campo el 24 de Mayo de 1917, y que falleció en su casa de la localidad sevillana de Espartinas sobre las cinco y media de la tarde del día 12 de Abril de 2004, como consecuencia de un infarto de miocardio.

Este Cd. Número XLII de la serie Flamenco y Universidad, es para rendirle homenaje al cumplirse el centenario de su nacimiento, al mismo tiempo, resulta un regalo inesperado para los buenos aficionados y aficionadas que escucharan al Valderrama auténtico, que es poco conocido por la gran mayoría en la faceta de la pureza flamenca.

La carrera artística de D. Juan comenzó en 1930, que fue cuando su padre lo trajo para debutar en el Teatro Metropolitano de Madrid, que estuvo situado en la zona de Cuatro Caminos. Su triunfo fue fulminante, lo que le abrió el horizonte para su larga trayectoria profesional, ganándose el respeto de todos. Fue una buena persona con un olfato especial y premonitorio para captar a los futuros artistas que incluyó por entonces en sus espectáculos por toda España.

Cantó el de Torre del Campo prácticamente todo el abanico de estilos, como lo demuestra en las dos antologías que grabó en la década de los setenta del pasado siglo, en la que se la conoce como Etapa de la Rehabilitación. Esta obra que comentamos se publicó en 1961, y bautizada como “Retablo Flamenco”, acompañado por la guitarra de Juanito Serrano. En sus principios lo alternó todo en los espectáculos de la Niña de la Puebla. Sin olvidarnos de las grabaciones que llevó a cabo acompañado por la guitarra de Sabicas entre 1935 y 1936, una serie de ocho cantes con fandangos y canciones por bulerías muy populares en esa etapa, aunque no podemos dejar atrás lo que aprendió de la Niña de los Peines, como veremos más adelante en algunos de estos estilos: como en la taranta del Frutos y en la soleá apolá.

Este Cd. Que estamos tratando, y que nos disponemos a disfrutar junto a todos ustedes, se inicia con la caña, muy bien desarrollada con los esquemas de los tercios afinados en la melodía. Acto seguido, continua con la seguiriya de Cádiz de Francisco la Perla, en este palo no siempre se consigue la perfecta ejecución, entre otras cosas, por su total desconocimiento, y mucho más tratándose de un cantaor payo como Valderrama, de ahí su alto valor histórico de referencia.

Sale a relucir lo que aprendió al lado de Pastora en estas soleares de la Serneta que son una delicia para el oído. Luego en el grupo del mirabrás, caracoles, y alegrías, pone de manifiesto las querencias bellísimas que utilizó Manuel Vallejo, que él tuvo la oportunidad de conocer.

Como siempre, se hizo acompañar por los mejores guitarristas, en este caso, con Juan Serrano, le apreciamos su grandeza por bulerías. Bajo la misma emoción, le escuchamos la petenera de la Niña de los Peines, y que con su dimensión artística ha dejado para la posteridad.

Hemos de detenernos por unos minutos en los cortes nueve y diez, porque una saeta con toda solemnidad acompañada de banda de cornetas y tambores, su voz pone el drama de la Pasión de Cristo. Acto seguido, se sumerge en la escuela de Tomás Pavón para interpretar una saeta por martinete, pero con letra tradicional; son pocos casos como este los que conocemos.

Como todo ser humano bien nacido D. Juan lo fue, cantó a su tierra con mucho orgullo, así queda reflejado en las tarantas de Linares que suenan a majestad y a una gran categoría sonora en el Flamenco. Lo mismo. Así queda también patente en la cartagenera clásica que él supo diseñar al lado de su amigo Antonio Piñana.

Nos sobrecoge en la emoción en dos malagueñas de don Antonio Chacón que completa con la variante de Enrique El Mellizo. Completa este bloque malagueñero con la granaína de Chacón.

Dedica un apartado especial en los cortes diecisiete al veinte ambos inclusive: Nos pellizca fuerte con una seguiriya de Triana con un tercio dedicado al estilo del Marrurro.

El polo y la soleá grande de Triana es un meritorio recorrido por el polo y la caña en toda su expresión, sobre todo, cuando continua con el objetivo de redondearlo con la serrana y el cambio de María Borrico. Pocos de su generación alcanzaron a llevarlas a cabo. Por tientos, comprobamos que este cante por aquellos años no estaba todavía perfectamente pulido.

Se cierra esta interesante obra con los cantes de mi tierra. Siguiendo la línea trazada por Cayetano Muriel es una delicia escucharle los fandangos de Lucena. Se acuerda en este apartado de Frasquito Hierbabuena.

El corte veintitrés, que pone punto y final lo reserva para el verdial de Lucena según lo dejó el Niño del Museo.

Querido D. Juan Valderrama, muchas gracias de parte de todos los aficionados del planeta tierra, le mandamos a la Gloria un fuerte abrazo y nuestro más sincero agradecimiento por esta reliquia que nos ha dejado para deleite de los mortales.