Tino


Discos Flamencos
Tino van der Sman
OFS, 2007
Norberto Torres Cortés


Después de Desatino flamenco, primer disco del holandés sevillano Tino van der Sman, que ponía de manifiesto un toque pulcro ubicado entre la guitarra clásica y la flamenca, con un sonido de limpieza casi transparente, producido por el propio Tino y por Cepillo, el percusionista de G. Núñez a los mandos de la operación de promoción de los guitarristas flamencos no españoles que lidera Gerardo, con colaboraciones tan señaladas como Miguel Poveda, Sonia Miranda, Javier Rivera, Vicente Gelo, Jeromo Segura, Antonio Coronel, Rafael Campallo o el propio Cepillo, aparece ahora su segundo trabajo titulado sencillamente Tino

Este segundo trabajo que señala una producción más esmerada de Cepillo y Tino, con la huella profesional de Borja Évora en la mezcla y masterización, refleja mayor madurez en lo que este guitarrista anunciaba en su primer disco. Siempre una segunda grabación permite corregir o mejorar lo que luego se percibe después del primer parto. Y la mano de B. Évora se nota mucho en el sonido global del disco.

Volvemos a encontrar la predilección de Tino por las tonalidades mayor y menor, y por consiguiente el repertorio que aborda: estilos de ida y vuelta como guajiras, milonga, cabal en la seguiriya, el garrotín con dos versiones. Incluso los estilos modales Tino los envuelve de modulaciones a menor o con acordes guitarrísticos abiertos, como en la bulería por soleá, recurre a una introducción libre en trémolo muy sanluqueña en una seguiriya con cuerdas desafinadas que suena por ello a rondeña, recordando en este caso a Rafael Riqueni, recurre al apoyo rítmico del taranto en la taranta, introduce referencias del blues y una vez más abre guitarrísticamente la armonía en el tema más modal, la bulería “La Plazuela”. En lo rítmico también apreciamos el actual “collage” de tempos de la guitarra actual: paso de la bulería por soleá a la bulería o de la cabal a la bulería, de la guajira al zapateado y al bolero, del garrotín a la rumba o de la milonga al bolero. Una búsqueda para dar otro aire a melodías tradicionales. Su guitarra participa pues de lleno de una de las tendencias actuales de la guitarra flamenca contemporánea: ausencia de virtuosismo espectacular (no hay ni un picado largo en todo el disco), base rítmica discreta y a la vez sofisticada (en este disco inconfundiblemente post-sanluqueña con Cepillo) para permitir a la guitarra frasear sin agobios y desarrollar una característica y elaborada dinámica con los silencios, predominio de lo musical sobre lo expresivo, ausencia de agresividad, búsqueda de un sonido global donde toque, cante, instrumentos dialogantes y percusiones se funden armonicamente en esta huida de lo agresivo. Es interesante subrayar el trabajo “polyguitarrístico” (valga el neologismo) que Tino desarrolla en su nuevo disco y que –además de la producción, mezcla y masterización- marca la diferencia con el anterior. Si no se aprecia a la primera escucha, varias audiciones permiten oír el sofisticado y laborioso trabajo de Tino para fundir en momentos bien calculados y claves dos y más guitarras. Además de su natural inclinación para las tonalidades mayor y menor y un sello personal en la forma de abrir los acordes, una visión de lo musical no carente de humor (genial el guiño a Gerardo Núñez en la introducción de la guajira), Tino Van der Sman lleva a cabo en este disco una propuesta personal y por ello muy interesante, al fundir varias voces guitarrísticas. Por este motivo, entre otros, suena inconfundiblemente a Tino.