Tierra de calma


Discos Flamencos
Miguel Poveda
Discmedi (2006)
Marcos Escánez Carrillo


El principio del primer corte es el preludio de un gran tema. Unos tangos con cuerpo, que sin ser cuplé ofrecen formas suaves y certeras, con sus curvas y sus aguijones. Completito. Con sus caídas, sus cadencias, sus cierres, sus buenas intenciones… ¡Ah! Y original. Muy original. Especial atención merece la guitarra, que se aparta del tradicional toque por tangos para reinventar el palo. Y esto no es fácil, ni mucho menos. Sobre todo si el toque se fundamenta en el contra-compás y en los cierres de los tiempos. ¡Elegante, si señor!.

Qué alegría, poder ser testigo de obras como ésta donde se aglutinan dos de los más interesantes artistas del momento para hacer un trabajo, y el resultado final es una obra de arte.

“Tierra de Calma” es el título de una farruca. Una especie de declaración de intenciones cuya letra y música ha sido compuesta por Juan Carlos Romero, pero que podría haberla escrito Poveda porque recrea su historia y sus inquietudes. Una farruca que huele a farruca, aunque se vuelve a reinventar el palo. Una pieza imprescindible para los aficionados que gustan de las exquisiteces.

El libreto lo ilustra una batería de bonitas fotos que invitan a la tranquilidad, a la calma, y también a la reflexión. Un fiel reflejo de su contenido. Juan Carlos Romero ya se ha configurado en trabajos anteriores como uno de los más interesantes creadores de nuestro actual flamenco. Su carácter reflexivo e intimista resulta ser un susurro al buen gusto y una confidencia a la calidad.

Miguel está muy en su línea. Es decir, sobresaliente… Sin más. Hay poco que decir de una forma de cantar impecable, incluso cuando no obedece a cánones preestablecidos. Impecable en el floreo, doliente en los requiebros, flamenco en el fraseo, finísimo en la afinación, generoso en el ligado de tercios… Impecable…

Mientras que en los cantes abandolaos sólo aportan una buena interpretación, como contrapunto plantean una malagueña novedosa e interesante. “Calle del mar” se llama este cante al amor y que entronca con el anterior, una bulería donde se llora un amor sin el que quedará temblando “Como la luna en el agua”.

No son muchas las sevillanas flamencas con las que contamos, así que una que esté bien hecha y que aporte musicalmente al género siempre es bien recibida. Aquí, “Y en medio del río” encuentra perfecta apoyatura en el piano de Dorantes; y como resultado final, una obra moderna y hermosa por sevillanas.
“Náufragos de hambre”, con letra de Ortiz Nuevo, es un homenaje por soleá a los “sin papeles” que buscan una oportunidad en tierras más desarrolladas, una esperanza reservada sólo para aquellos que sobrevivan al vacío de sol y de la sal. Una soleá con muchos matices interesantes, en la que Poveda no llega a romper a pesar de imprimir la tensión necesaria.

Aquí, en la seguiriya “Detrás de la memoria”, y en algunos de los cortes ya mencionados, quiero identificar el verdadero flamenco del milenio que vivimos. Una línea que inició Enrique Morente en el “Pequeño reloj” por soleá y por alegrias. Una nueva historia del flamenco donde no bastará con tener buen “zapato” (Así llamamos por aquí al oído).

Para prueba un botón… “Canto a la resignación” con letra de Ortiz Nuevo es una toná donde no se puede identificar el estilo con ninguno de los conocidos, pero nadie puede poner en duda que se canta y se siente por tonás.

La fiesta viene de la mano de Diego Carrasco en “Alfileres de colores”, un cuplé por bulería al que también se incorpora la guitarra de Moraíto Chico. Muy en la línea estética de lo que Poveda hizo con Luis el Zambo en su anterior disco “Zaguán”.

Completa el disco “La radio de mi madre”, una joya “por cuplé”, tal y como Poveda introduce últimamente en sus conciertos. Copla al principio, bulería después y fiesta radiofónica al final. Un precioso reconocimiento a la copla y a su importancia musical.

Pero no quiero terminar así esta reseña. Permítame contarle una historia. En 1978 un artista de Graná hizo dos discos. Uno de ellos hubiera valido para ganarse el respeto de toda la flamencología por demostrar un conocimiento muy superior al que en aquel momento se manejaba, pero no le sirvió de nada, porque el otro disco era distinto, se utilizaban baterías y guitarras eléctricas, y había cortes que era difícil encuadrar en los tradicionales palos flamencos tal y como se conocían. Este disco, prácticamente, le valió la excomunión. En 1978 había poca gente que pudiera entender semejante atrevimiento. Es más, hubo quien lo interpretó como un agravio. Ahora, el 31 de diciembre de 2006, “Despegando” es un disco imprescindible, un clásico de la historia del flamenco. Una referencia. Pero tuvieron que pasar más de 20 años para que se empezara a entender.

Estoy seguro que no harán falta 20 años para que pueda entenderse este disco, pero es probable que la excelente y abundante oferta discográfica actual consiga enterrar este trabajo en el valle del olvido (Sería una pena).