Suite Iberia de Albéniz


Discos Flamencos
Juan Manuel Cañizares
Sony BMG, 2007
Pablo San Nicasio Ramos


Para que luego digan de la supuesta incultura de los flamencos actuales. El cuarto disco en solitario de Juan Manuel Cañizares ha cerrado el círculo en torno a Albéniz que él mismo abrió a comienzos de los noventa y que, dicho sea de paso, era necesario rematar de una manera como la que ahora nos propone.

Esta vez el guitarrista de Sabadell ha abordado de lleno la obra del genial compositor culminando una meritoria tarea de transcripción, adaptación y reelaboración para la guitarra flamenca sobre la monumental obra pianística de su paisano catalán.

Si en 1991 teníamos tres supremas adaptaciones para otras tantas guitarras de Triana, El Puerto y El Albaicín; y en 1999 un disco en solitario de sus sonatas para piano; ahora nos emborrachamos definitivamente de un autor que supone quizá la muestra más clara de protoflamenco en el mundo clásico.

Es por tanto evidente la predilección que Cañizares tiene por Albéniz, así como su facilidad para abordar su obra para piano. Harto complicada para los propios pianistas.

No se puede decir que sea un disco de flamenco. Eso sí, está interpretado de la manera más flamenca posible sin renunciar a la esencia de la partitura, respetada con todo el escrúpulo que le ha sido posible.

Para analizar el trabajo de Cañizares creo que es necesario abordarlo de una manera unitaria, no desglosando y separando cada uno de los doce números de manera independiente. Quizá él lo haya hecho así, puesto que Albéniz pensó en diferentes aspectos de la estética hispánica para ensamblar su obra. Pero a nivel sonoro las diferencias no son tan apreciables. Se ha logrado un mismo resultado para todas. En definitiva, el nivel del conjunto de las piezas es muy similar y predominantemente alto.

“Suite Iberia”, desde su aparición, ha sido objeto de debates entre guitarristas clásicos y flamencos. Desde la misma idea de su pertinencia, la ejecución, pasando por el sonido logrado o la idoneidad de ciertos giros en la transcripción para guitarra. Por ello de antemano es necesario felicitar a Juan Manuel Cañizares. Ya es un triunfo no haber dejado indiferente a nadie y haber apostado por el debate sobre música de verdad. Incluso se puede decir que este guitarrista se pone en vanguardia de la propia guitarra clásica por atreverse a hacer algo que otros más “conocedores” no acaban de realizar.

Las críticas que recibe Juan Manuel Cañizares con respecto a este disco por mi parte se basan en criterios subjetivos. De si esta nota se pondría o no, o si este acorde se toca en esta posición o en otra. Todo exceso de academicismo quizá pecaría de imprudente y hasta pedante. Entre otras cosas porque el intérprete que ejecuta conoce bien el mundo clásico y porque estamos ante una obra de corte nacionalista, muy vinculada estéticamente con el flamenco, donde las severidades contrapuntísticas no son equiparables a la transcripción de obras de un autor barroco o clásico. Por tanto hay que dar mucho más campo a la libertad y a la vinculación flamenca de ambos protagonistas. Partiendo, reitero, del sumo respeto al original que se ha dado en esta ocasión.

Obras como el “Concierto de Aranjuez” (escrito por un pianista para la guitarra) siguen, a día de hoy, siendo objeto de debate sobre las digitaciones y versiones más adecuadas, partiendo de la base de la necesidad de “retoques” para su correcta interpretación. Discusiones en el mismo seno de la guitarra clásica. Por ello, que un guitarrista como Cañizares aborde semejante tratado pianístico y lo lleve al terreno de la guitarra flamenca, repito, no debiera dar lugar sino a ensalzar una tarea cuando menos titánica, buscada no precisamente para conseguir ventas millonarias, sino por pura admiración a un autor que bebió mucho del flamenco ¿o quizá al revés?.

A falta de propuestas semejantes se considera muy logrado lo que “Suite Iberia” se propuso en un principio.

No es labor del que escribe defender a Juan Manuel Cañizares de ningún reproche, pero sí llamar a la prudencia en las opiniones sobre estos discos. Con el mismo respeto que los clásicos se adentran en la guitarra flamenca debe tratarse la especial admiración de muchos flamencos por el mundo de la música culta.

Evitaríamos así pasados incidentes que todavía hoy resuenan y que no dieron sino a malos entendidos y disputas absurdas entre dos mundos que se necesitan.

Juan Manuel Cañizares recrea “Iberia” no para una, sino para dos guitarras (él mismo se dobla en la grabación), por lo que se advierten cambios con respecto a las transcripciones que él mismo realizó para tres guitarristas años atrás. Es guitarra desnuda y sonora, con sonido flamenco y ninguna concesión a otras vertientes interpretativas del catalán, muy proclive a hacer guiños al mundo del jazz, por ejemplo.

Buen disco de guitarra. Tesoro y objeto de estudio para los guitarristas. Muchos se pondrán a cavilar sobre el infinito camino que está siendo esta senda de la transcripción de la música de los nacionalistas. Tarea iniciada, entre otros, por el descubridor y maestro de Cañizares: Paco de Lucía.