Soulería


Discos Flamencos
Pitingo
Universal, 2008
Pablo San Nicasio Ramos


Sin duda el cantaor onubense Antonio “Pitingo” se está llevando la palma en cuanto a trascendencia mediática. Sus trabajos han traspasado las fronteras flamencas y, si ya con su “Pitingo con Habichuelas” se comenzó a hablar mucho de él, con “Soulería” directamente nos lo encontramos en las secciones de pop de las tiendas de discos.

Porque mucho flamenco no hay en esto y, ciertamente, resultaría cómico encuadrar este álbum en lo que conocemos como flamenco más o menos ortodoxo. Por mucho que su casa de discos lo ponga de cabecera en su repertorio jondo.

No cabe duda del personal concepto de la interpretación vocal ante la que nos encontramos. Antonio, más que colocarse en un sitio, se lo inventa y con él, su estilo “made in Pitingo”. Encima eso, lo otro, que ya es una estrella se mire como se mire. Una estrella, sin embargo, radicada y creada en el Madrid flamenco, porque su amplitud y reconocimiento quizá no ha llegado a toda la geografía del quejío nacional. A pesar de ser Madrid el centro imprescindible de la industria flamenca y la más poderosa plataforma de lanzamiento. Eso sí, con variables garantías de calidad.

“Soulería” es un magno archivo sonoro dispuesto en un DVD y un CD. Este último es el que nos ocupa.

Arranca todo con “De Ayamonte a Missisippi”. Tachada como “soulería”, se trata de una bulería de letra y compás. Con coros, melodía y melismas del soul y acompañamiento de guitarra flamenca. Esa es más o menos mi definición del invento.

Yo creo que Pitingo y sus asesores de marketing se equivocan al “inventarse” denominaciones o creaciones de palos. Si dijese que son bulerías sin más, la crítica más conspicua, la más recalcitrante, lo mismo le decía que era un genio, que está haciendo a su manera o mejorando bulerías que se creían inamovibles. Pero con nuevos nombres y rulos sobre el rizo, se da más pie a que lo que resulta se tache de herejía, aunque en realidad lo sea. Es una impresión desde el prisma del marketing, no del musical. Tampoco ayuda el aspirar, desde ya, a que las generaciones futuras canten “por Pitingo”.

En todo caso, el olor a flamenco viene en pequeñas cantidades, en otros cortes, en concreto seis más:

En “Silencio” vemos unos fandangos de Alosno con melodías dobladas por él mismo, ayuda de mandola y muchísima transgresión.
Es un corte en el que Pitingo podría haberse reivindicado en su faceta onubense, pero optó por tirar por su calle. Que no estoy en condiciones de afirmar que sea la de en medio.

La bulería “En Algún Lugar del Mundo” resulta meritoria por los registros, muy difíciles, a los que llega la voz de Antonio. También por ser un producto de singular y personal belleza. No se puede decir sin embargo que sea una pieza netamente flamenca a pesar del compás, por lo menos en 2008.

“Yo no te he dado motivos” son unos tientos bastante sobrios, con un acompañamiento típicamente “Habichuela”, de la última onda, y un timbre de voz bastante afectado, quizá demasiado. Pieza flamenca visto lo visto, que solo al final se permite algunos lujos en los coros, melodía y percusión. Si no llega a ser por eso…

La soleá “A Fernanda de Utrera” se puede dividir en dos partes. La primera algo insulsa y la segunda más valiente y arriesgada. Camborio se vuelve a poner el mono del toque y, como pasaba en los tientos, los giros melódicos “souleros” del final, vuelven a despistar la línea algo enderezada que llevábamos desde el inicio del corte. Pero es su firma. Habría que saber la opinión de Fernanda.

En los tangos “Los tiempos están cambiando” (que es una barbariá) se nota otro timbre y otro registro en la voz de Pitingo (algo de nuevo que hace honor a sus facultades) para ilustrar un tema netamente festero.

Por último, en la “Taranta al tío Juan Habichuela”, Pitingo se baña en el acompañamiento del patriarca granadino para notarse ciertamente pletórico en su idea, particular, de la taranta. La guitarra hace algún guiño en el trémolo a la célebre “Fuente y Caudal” de Paco de Lucía.

El resto del disco, la otra mitad, lleva las firmas de músicos tan variados como los “Beatles”, Roberta Flack o “Boyz II men”. Es decir, estamos ante versiones españolizadas de temas ya míticos del cancionero anglosajón. Nada de flamenco y mucho despliegue de giros melódicos amplios (intervalos nada flamencos) y caprichos personales. También libérrimos y legítimos, pero discutibles.

Trabajo hecho por un cantaor y un guitarrista flamencos al servicio de un sello de discos y de varias músicas a la vez, sobre todo el soul, el flamenco y el pop. Referencia especial al “London Comunity Gospel Choir”, de gran peso en todo el álbum y sin duda mejor adaptados a las pretensiones de Pitingo que un grupo de palmeros…