Son de la Frontera


Discos Flamencos
Son de la Frontera
Nuevos Medios. 2004
Faustino Núñez


Diego del Gastor fue un guitarrista mucho más importante para la flamencología moderna de lo que hemos sabido apreciar los aficionados hasta ahora. Parece que en el extranjero supieron apreciarlo con más nitidez que los que andaban por aquí. De esta forma viajó a Estados Unidos y se dice que existen un número considerable de grabaciones de su toque en fiestas privadas.

Gracias a sus clases, Morón fue lugar de encuentro para estadounidenses, franceses, italianos, finlandeses y australianos. ¡qué curioso!. Su toque era sencillo, nítido técnicamente y flamenquísimo. No estoy seguro de que se pueda hablar de una escuela de Morón, pero no tengo la menor duda de que existe una estética de Morón y que eso se llama Diego del Gastor.

Una estética apenas continuada por guitarristas de generaciones posteriores y que resurge como el ave Fénix con “Son de la Frontera”. Este joven grupo de acompañantes de Martirio que deciden desarrollar su propia música y la plasman en éste, su primer trabajo, haciendo un homenaje al maestro de Morón.

El maestro Faustino Núñez introduce la obra tal como sigue :


EL SON DE LAS TRES FRONTERAS

Un mundo sin fronteras se hace realidad nada más que con la música, que es el resultado de un mestizaje milenario, donde la sedimentación de sones y bailes ha ido tejiendo históricamente tradiciones distintas bien arraigadas en lugares diferentes.

Pero si hay una música mestiza, es el flamenco; no en vano su cuna limita culturalmente con África, América y el Viejo Mundo que terminaba en las provincias de Sevilla y Cádiz, el umbral de poniente.

Y una excelente muestra de ese punto de encuentro, de ese forum cultural que es el flamenco, es la obra de Diego del Gastor (Arriate, 1908-Morón, 1973), creador incombustible de sones para guitarra. De toque certero y facilidad para ligar tonos, supo sacar el mejor partido al compás creando una escuela que ha triunfado en las últimas décadas entre tocaores de bajañí, a través principalmente de la herencia de su toque en sus sobrinos maestros Diego de Morón, Paco y Juan del Gastor, Agustín Ríos y Andorrano en el cante y el baile, continuada aquí en sus sobrino-nietos, Paco de Amparo y Pepe Torres. Y adaptando lo que Raúl Rodríguez llama el arsenal (armas de creación masiva) de falsetas de Diego, nace esta experiencia: disolver el sonido fraterno del tres cubano en el toque de Morón.

Las cuerdas de metal, tan propias en flamencuras de otros siglos, regresan en el tres cubano para fundir, en acero y nailon, la música deliciosa del maestro. Por ejemplo, la técnica de mano derecha del tres, muy apropiada para reinterpretar el magnífico pulgar de Diego, en este disco se revela en la concertada alzapúa entre Paco de Amparo y Raúl Rodríguez.

O cuando el tono moruno de las falsetas de Diego se funde en el particular timbre del tres, la cultura morísima del flamenco se alza, sin aspavientos, por derecho. Y cuanto más cubano se vuelve el tres, entrando en juego con la guitarra flamenca, las armonías de Diego adquieren aromas de frutabomba. Las falsetas del Gastor encendidas, el baile y el cante, todos los ingredientes para avanzar en nuevas sonoridades, más auténticas, para el flamenco de hoy.

Soberbio el baile de Pepe Torres, el sonido armónico de los pies, cuidando la dinámica de la música, por bulerías, por seguiriya, por soleá. Y por tangos. Con Manuel Flores y Moi de Morón, siempre seguros en el compás y en el cante. La conjugación de los aires bailables con la música de Diego es rompedora. ¡Totalmente!

Para abrir, 'Bulería Negra del Gastor'. Obertura de pies, enunciado de la guitarra y del tres, declaración de principios, falsetas doblando con precisión el toque de la frontera.
Asentando el compás, por soleá, 'Como el agua entre las piedras'; la música del genio de Morón se tiñe de antiguo, con la sonoridad nueva del tres y la guitarra tocando preciosamente juntos, acompañando el cante sincero de Moi de Morón.

En la 'Bulería del corazón' entramos en terreno del tres cubano con una fantasía sobre una progresión descendente que sirve de puente entre las falsetas de Paco, que respiran aires de Morón, y de allí a todas partes.

Siguiendo la estela de la guitarra de concierto de Montoya y Sabicas, Diego supo crear su lenguaje en una forma que por poco cultivada no ha dejado de ser preciosa. 'Arabesco' que en el tres cobra un acento que lo acerca más al espíritu de la zambra moruna.

Y también por seguiriyas es eficaz la experiencia. En 'Cambiaron los tiempos' el cante del tres pasea por terrenos variados, abriendo paso a la clave bailable, la más sabrosa.

'Recuerdo', la soleá libre de Paco de Amparo, deja en el disco la huella necesaria del toque autóctono; el tres dobla y se adorna en momentos clave.

Los rumbosos 'Tangos de mi novia' se adaptan como es natural a las mil maravillas, ahí entra el tumbao del tres, alzando la púa con la cubanía que piden los aires montunos, con retazos de influencia de Compay Segundo. Y el cierre de la clave de son para rematar por tangos, como es.

Y para abrir horizontes, 'Bulería de las flores', el punto cubano o punto guajiro metido por bulerías. Los doce tiempos del compás y todo lo compartido durante tantos siglos propiciando el hermanamiento más saludable, que nos hace cantar:

¡Qué reunión paisano!
la guitarra de Morón
con su primo el tres cubano.