Sobre Manolo Sanlúcar


Opinión
Manuel Ríos Ruiz


Manolo Sanlúcar, por las raíces a la creatividad


Según don Manuel de Falla, las formas clásicas de la música sólo deben servir para aprender en ellas el orden, el equilibrio, la realización perfecta de un método, y debe servir también para estimular la creación de otras nuevas formas, en que resplandezcan las mismas cualidades renovadas, si se tiene una preparación consciente y absolutamente completa de su oficio. Así, partiendo de tamañas premisas, han evolucionado en su arte un intérprete y creador de excepción: Manolo Sanlúcar.


A lo largo del último medio siglo, en el arte flamenco y al socaire de su revalorización, han aparecido una serie de intérpretes de una indudable magnitud histórica. Artistas que han enriquecido el acervo musical andaluz de una forma fehaciente. Y entre ellos está Manolo Sanlúcar, porque él inició una nueva etapa de la guitarra flamenca, que se erigió en monumento de creación en torno al cual giraron, aglutinados y armonizados, todos los efectos musicales, para lograr la sinfonía sobre las bases de unos sonidos jondos, andalucísimos, de un compás tradicional. Toda una aventura consumada.

Ocurre sorprendentemente desde el prisma flamenco, que Manolo Sanlúcar concibe una música engrandecida por su desarrollo y abre un campo ilimitado a un arte, el flamenco, que con sus composiciones entra de lleno en el ámbito sinfónico. Y a su inspiración en la música flamenca hay que añadir su genialidad de intérprete, su virtuosismo, su dinámica, la maestría que le permite alcanzar pasajes difícilmente igualables.

Después de su antología “Mundo y formas de la Guitarra Flamenca”, compuesta de tres volúmenes y aparecida en 1972, sus conciertos se propagaron universalmente y comenzó el reconocimiento de su trabajo por parte de crítica y público, llegándole una serie de otorgamientos de premios y distinciones de primerísima categoría: Primer Premio de Música Folk de Campione (Italia), Premio Nacional de Guitarra Flamenca de la Cátedra de Flamencología de Jerez, Primer Premio del Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, Castillete de Oro del Festival de Cante de las Minas, Premio Calle de Alcalá del Festival de Madrid, etcétera. Así como numerosos homenajes en universidades, centros culturales y peñas flamencas... Mientras ha venido ofreciendo sus conciertos en todos los grandes acontecimientos musicales dentro y fuera de nuestras fronteras.

Algo lógico, porque en Manolo Sanlúcar han cuajado todas las virtudes de la guitarra flamenca, pero sin quedar atrapadas por esos moldes preestablecidos por quienes niegan de antemano cualquier posibilidad de evolución. Los cuatro movimientos que componen su “Fantasía para guitarra y orquesta” son la mejor prueba de la fusión, sin esfuerzo aparente. Clásico desde el punto de vista interpretativo y gran innovador en la composición, su exquisita sensibilidad artística, su claridad de ideas y precisa ejecución, le llevan hacia lo más puro del alma andaluza para trasmitirlo a través de la guitarra.

Sus obras “Concierto para orquesta de cámara y guitarra en re mayor”, “Medea”, “Trebujena”, “Testamento andaluz”, “Soleá”, “Oripandó”, “Tauromaquia”, “Locura de brisa y trino”, entre otras, han puesto de relieve que creativamente no tiene parangón ni antes ni ahora en el género. Y no cesa su capacidad al respecto, la prueba está en su reciente “Tres momentos para un concierto”, una nueva muestra de su dedicación y entrega a su arte. Y pese a tamaña sucesión de obras originales, Manolo Sanlúcar tiene la virtud de reconocer cuanto le debe a sus maestros, para seguidamente explicar su búsqueda de singularidad desde su conciencia artística:

“Para mí – ha declarado- lo más importante es la expresión, y entiendo la guitarra como un medio para expresar mis sentimientos, por eso yo me considero artista antes que guitarrista, y sino me hubiera encontrado con la guitarra, yo creo que hubiera sido artista en cualquier otra cosa: hubiera transformado en arte las sensaciones y las vivencias que hubiera tenido, las vivencias de mi pueblo, de mi gente, la manera como yo veo a mi g ente y a mi pueblo... Pero la verdad sea dicha: yo estoy muy orgulloso de ser guitarrista y de ser flamenco, y cuando he compuesto temas flamencos, cuando he hecho números siguiendo los cánones del flamenco, he seguido los patrones del compás y la medida que llevan esas músicas, aunque luego, haya elaborado sobre ellas mi mundo y mi forma de tocar, porque, claro, si tocas por soleá tienes que seguir la medida de la soleá y no salirte de ella; ahora bien, lo que yo he procurado y procuro es organizar mis temas con una unidad y un significado completo; o sea, que si y o intento expresar mi idea de la siguiriya no cojo esta falseta y la otra para unirlas en el compás de la siguiriya, sino que le doy a todo ese estilo un mismo sentido, tratando de engrandecer sus posibilidades musicales”.

Otra faceta de Manolo Sanlúcar es su peculiar vocación pedagógica, que la ejerce en la medida que se lo permiten sus trabajos de composición y sus giras artísticas, en cursos internacionales. A lo largo de la historia del flamenco no se encuentran muchos artistas como Manolo Sanlúcar. Es uno de esos hombres-nudo, auténtica encrucijada de caminos, una alternativa artística dentro del arte andaluz. Se combinan en su sensibilidad una serie de condiciones, internas y externas, que le sitúan en un lugar irrepetible, así lo pueden considerar no solamente los más cabales seguidores del flamenco, sino también cualquier cierto amante de la buena música. Y es que llegar por la guitarra flamenca a la sinfonía musical andaluza es algo que constituye la máxima dignificación del tocaor flamenco. Esa es la página de la historia del flamenco que ha escrito y escribe diariamente con brillantez y jondura Manolo Sanlúcar. Cada concierto suyo lo manifiesta de forma magistral.