Sernita de Jerez.


Libros
José Manuel Gamboa
Ed. Carena, 2007
Marcos Escánez Carrillo


Sernita de Jerez. ¡Vamos a acordarnos!. La memoria cabal de su casta.


El uso de un tono jocoso e informal caracterizan los textos de José Manuel Gamboa, que sin restarle seriedad al asunto, si que le resta la solemnidad precisa.

Se apoya casi todo el texto en testimonios de amigos y familiares para poner en valor la calidad artística de Sernita de Jerez. Y así, va tratando la trayectoria de Manuel Fernández Moreno, que en la memoria artística colectiva dejó impresa el aura de ser un cantaor único e irrepetible.

Como también es habitual en los trabajos de José Manuel Gamboa, en la redacción encontramos detalles que suponen interesantes descubrimientos para la “rumorología flamencólica”. Detalles como la procedencia del apodo, que tras esta publicación, queda claro que nada tiene que ver con Joaquin Lacherna; siendo Serna el apodo de la primera esposa del padre de Sernita, y habiendo heredado nuestro protagonista dicho nombre por simpatía familiar. Si bien hay que aclarar que esta mujer mencionada (María Vargas, la Serna), era prima hermana de la mítica Serneta, que hace algún tiempo se descubrió que era de Jerez y no de Utrera, como se pensaba.

Por edad, Sernita se relacionó de tú a tú con el Tío Gregorio, Borrico de Jerez, el tío Chozas, el tío Parrilla y tuvo la oportunidad de compartir reunión con Charamusco y otros muchos artistas y aficionados jerezanos que andando el tiempo, forman parte de la mitología flamenca.

De su sentido de la responsabilidad, tanto familiar como profesional, Gamboa da buena cuenta con muy apropiados ejemplos; aunque sin duda, el más sintomático es su resignación a no conquistar los escenarios festivaleros a cambio de mantener un sueldecito modesto pero seguro en tablaos y compañías de baile.

Por otro lado, el autor evidencia con su relato la especial condición de injusticia que Jerez gasta con algunos de sus más importantes artistas. En este sentido, Sernita aprendió a convivir con el desprecio de muchos de sus paisanos, que creyendo saber más que nadie, demostraron no tener un criterio válido sobre el valor artístico en el ámbito del flamenco. Tuvo que salir de Jerez para contar con algún reconocimiento. Gracias a eso, aunque sea tarde, se está intentando recuperar y homenajear de forma permanente la memoria de uno de los irrepetibles artistas que ha dado el país, y en cuyo currículum sólo figura una actuación para el gran público de su pueblo natal, Jerez de la Frontera, en la terraza Tempul.

Por todo ello, con este libro se hace justicia a una de las grandes barbaridades del flamenco. José Manuel Gamboa se convierte en una especie de Rovin Hood, aunque el estilo literario no sea el de Galdós o Shakespeare, pero es capaz de ordenar y estructurar una serie de testimonios hasta convertirlos en una conmovedora historia que produce en el lector tristeza y desesperanza, pero al mismo tiempo, despierta un inusitado interés por conocer en profundidad este extraordinario personaje del flamenco más profundo.

Acompaña el libro un CD con una grabación de 1957 cedida por Antonio Robledo y su mujer, Susana. En ella, sin gozar de gran calidad, se puede identificar a un gran cantaor, con exquisitez en la modulación, afinación, amplitud de registros, espectro y calidad de voz.