Sentencias


Discos Flamencos
Raúl Alcántara El Troya
EnClave Estudios, 2014
Antonio Nieto Viso


Por gentileza de mi amigo, el joven arquitecto lucentino César del Espino, ha llegado a mis manos el Cd. “Sentencias” grabado por el cantaor de Moriles Raúl Alcántara El Troya, que está acompañado por las guitarras de Juani Martín y Rubén Portillo. Lo he escuchado detenidamente sabiendo que tengo delante el trabajo de un cantaor que le he visto dar sus primeros pasos hace ya algunos años, por eso destaco el esfuerzo y las horas que le ha dedicado para poder desarrollar hasta llevarlo a buen puerto. Me alegro de verdad del espectacular avance en todo este tiempo.


Paso a paso, El Troya, ha sabido destacar lo mejor de cada uno de los creadores y recreadores de fandangos naturales que ya están en la historia del flamenco, a algunos de ellos hemos alcanzado a escucharlos en directo; a la mayoría por razones obvias, los conocemos a través de los antiguos discos de pizarra.

Aunque me duela tener que decirlo, el primer corte no me gusta ni el desarrollo del cante, ni tampoco el toque de la guitarra, ni cantaor, ni guitarrista han tenido un buen momento a la hora de llevarlo a la grabación.

Afortunadamente, a partir de aquí, entramos en materia con el estilo de El Carbonerillo, en que ha sabido sacar a relucir sus facultades con la compañía de dulces momentos de las sonantas para recordarnos a Manolo Vega, aquel gran fandanguillero del barrio de la Macarena de la capital hispalense, de efímera vida, pero que cautiva por su enorme sentimiento en su expresión.

Vamos ahora a tratar el fandango de Antonio Núñez Montoya, más conocido por Chocolate, que nos dejó para siempre el 20 de julio de 2005. Fue un gran cantaor al que tuve la inmensa suerte de escucharlo en directo muchísimas veces, por eso puedo decir que cuando mejor cantó, fue en los últimos años de subida, por aquello de los gañafones que le pegaba al cante, creó su propio fandango que aquí queda perfectamente situado al lado de los grandes, y que aquí sale enriquecido. Poniéndolo en su sitio.

En cuarto lugar, se homenajea a otros de los grandes de la historia del cante, Manolo Caracol con una sentencia filosófica como la vida misma compuesta por el poeta y amigo Antonio Rivas López. Raúl, rememora a Manuel Ortega Juárez con las claves controladas para la versión caracolera de este cordobés de Moriles.

“Con corona y con sombrero”, así comienza con otra letra de Antonio Rivas para los cantes de Lucena, que se inician con la verdial que creó El Niño del Museo como introducción al fandango de Lucena propiamente dicho rematado como corresponde con el cierre personal de Cayetano Muriel. El Troya se ha enseñoreado aquí, y además, creo que aquí está comprendido lo mejor de este Cd con las sentencias evidentes de poetas conocidos y temas populares.

Con la composición de José Carrasco Domínguez, nos trae a la actualidad el fandango de El Chozas, muy personal, pero poco conocido, aunque dicho sea de paso, son escasos los aficionados que se detienen a distinguir los fandangos personales correspondientes. Con esta particular manera de cantarlo queda acreditado como un buen interprete.

Otro fandango muy popular en una época, viene a demostrar la creación de Pepe Marchena, un cantaor que ocupó una época en que sus incondicionales le seguían a todas partes allá donde iba por los pueblos de Andalucía. Marchena supo darle a su fandango con su fuerte personalidad una expresión única, y que le despojó de aquellas letras sentimentaloides. Las cadencias del marchenero, fueron ajustadas para conseguir una belleza que creaba un buen ambiente en aquello años en que gustaba el cante bonito, no sabemos si lo impuso el público; o el artista en cuestión.

Me gusta El Troya en el estilo que creó José Cepero, conocido como el poeta del cante. Cepero fue un cantaor con unas facultades apropiadas para esta modalidad con tercios muy alargados para ilustrar este palo.

Se cierra el Cd. Con el personalismo genuino y distinto fandango de Pepe Pinto, un cantaor que le tocó vivir un tiempo proclive a este tema que estamos tratando. José Torres Garzón, su nombre propio, fue el marido de la Niña de los Peines, un buen artista, que afortunadamente nos ha dejado muestras justas para apreciar su valía artística, tanto como intérprete, como por sus numerosas letras que cantaron sus compañeros.

En este último mes del año que nos deja, felicito al Troya por este trabajo que ha dedicado a una baraja de estilos de fandangos personales que los ha vuelto a poner de actualidad, esa creo que ha sido su buena intención.