Ropavieja


Discos Flamencos
Arcángel
Ediciones Senador, 2006
Marcos Escánez Carrillo


Aún está por escribir la historia de los productores de discos flamencos. Un rol que, si bien, ha sido imprescindible siempre, en estos últimos tiempos adoptan, en algunos casos, un protagonismo incuestionable. Una responsabilidad sólo valorada cuando el nombre del productor suena por motivos ajenos a esta labor. Y aunque para esta regla siempre hay excepciones (valga Javier Limón como ejemplo), casos que la refuerzan son Paco de Lucía, Enrique Morente, Paco Ortega, Vicente Amigo o el caso que nos ocupa, Isidro Muñoz.

Isidro, además de guitarrista, es hermano de Manolo Snalúcar, y entre sus recientes experiencias discográficas encontramos el haber hecho un par de discos con José de la Mercé, en el intento de explotar la veta que el de la Mercé descubrió con su disco titulado “Del Amanecer”, en compañía de Vicente Amigo.

Ahora es Arcángel quien se acerca a esta propuesta, aunque eso sí, de forma mucho más tímida. “Ropavieja” se llama este disco de larga duración en el que encontramos muy diversos y valiosos elementos.

Es, seguramente, lo que más se acerca a un directo del cantaor onubense, pero hecho en un estudio de grabación. La diferencia fundamental es que el directo de Arcángel es uno de los mejores espectáculos flamencos al que podemos asistir en la actualidad, y ésta es una sensación que no nos puede quedar al escuchar su disco.

Básicamente, las letras son de Isidro Muñoz, que comparte autoría con Arcángel en algunas. Por eso, entre otros factores, la importancia del productor es esencial. Su sello queda patente en algunos cortes del disco, como si de la marca de la casa se tratase.

Arcángel es un artista con palabras mayúsculas y además de no decepcionar a nadie, vuelve a demostrar que en su garganta se aloja un extraordinario instrumento musical, único e irrepetible. Este queda patente en su forma de encarar los cantes más difíciles.

Se pasea y salta desde los altos a los bajos, y viceversa, con una velocidad y una afinación sorprendente. Todos y cada uno de los tonos, incluidos los de paso, están perfectamente estudiaos y cuadrados.

Sin renunciar a los estribillos pegadizos, nos da una clase maestra de profundidad musical y de flamencura.

Siendo Miguel Angel Cortés el acompañante al que Arcángel nos tiene acostumbrados, es Daniel Méndez quien asume el principal peso guitarrístico. Parece que la confianza del cantaor empieza a depositarse en este joven guitarrista.

Uno de los cantes donde podemos entender la dimensión artística del onubense es en las alegrias tituladas “A qué sabe la vida”, en las que hace verdadero alarde de compás, musicalidad, gusto, dominio de la respiración, velocidad, melismática y voz.

Aunque en la seguiriya no se desmerece. Ni él, ni Méndez, que aborda el acompañamiento con inteligencia, jugando con el silencio, permitiendo que el cantaor realice todo el desarrollo musical, y sólo reforzándolo en los instantes en que lo oportuno se mezcla con la estructura.

Otra de las perlas del disco son las bulerías que Arcángel marca sólo con acompañamiento de palmas y jaleos. Un precioso recorrido que empieza en Jerez, se adentra en el puerto de Cádiz y de forma caprichosa coquetea con Triana. Todo con un buen puñado de aportaciones personales basadas en el fuelle y en la velocidad. Simplemente, extraordinario.

Curiosamente, la influencia que sobre Arcángel ejerce el Maestro granadino Enrique Morente, no se deja ver fácilmente. Apenas aparece en pequeños remates y en el concepto creativo de las formas cantaoras.

Por Huelva también se mete. Si no lo hiciera, también sería Arcángel, pero lo echaríamos de menos. ¡Qué bien suena por aquí, y qué personal!.

La temperatura sube por Levante con la guitarra de Miguel Angel Cortés. El temperamento y la contundencia de este guitarrista aporta solvencia la cante y Arcángel liga los tercios, rebusca. Breve, pero anuncia lo que este cantaor podría alcanzar en esta estética.

Los cantes más modernos, son eso, modernos. Y por ello, requieren un mayor número de audiciones para poder entenderlos y apreciarlos. Remata con un bolero para los amantes del género. Un bolero bonito y emotivo, en el que demuestra su polivalencia y su gusto por otras músicas.

Es muy probable que los seguidores de este gran artista hubieran preferido un trabajo más tradicional, menos comercial. Quizás, algo que se acercara más a sus magníficos directos, pero seguramente este es el disco que Arcángel tenía que hacer ahora. Una especie de antesala a una definitiva evolución personal en la que anda metido durante los últimos 3 años, y un giro razonable en el gusto de los aficionados donde se acabará entendiendo la importancia del arte en el flamenco.

Está claro, estamos a cinco minutos de la era de Arcángel.