Río de los canasteros


Discos Flamencos
Diego Amador
Nuevos Medios (2008)
Pablo San Nicasio Ramos


Es una de las figuras más talentosas que posee el flamenco. Por un lado por su increíble solvencia con muchos instrumentos (bajo, voz, guitarra y sobre todo piano) y por otro por su afán dinamizador del “cotarro” desde que se puso a “armar” con la música cuando era niño.

Inquieto y siempre humilde, despegado, Diego Amador “el Churri” llega desde su retiro onubense con “Río de los Canasteros”.

Se trata de su cuarto álbum en solitario, el que recoge más intensamente su versión cantaora. Además de ser su mayor apuesta en cuanto a repercusión mediática y apoyos discográficos logrados.

Diego Amador, personalmente, me parece sobre todo un gran pianista y buen acompa ñante al bajo, pero como cantaor tampoco deja indiferente. Si no fuera porque su metal gitano es de un tipo muy familiar de un tiempo para acá, su cante sorprendería más.

Nueve temas que resultan más asequibles a todos los oídos que los de su anterior trabajo pero que, tratándose del tipo de artista que es Diego, creo que deben analizarse dándole más énfasis a sus logros que si se tratase de un artista al uso, monocorde.

“Sangre Milenaria” revive por tangos los motivos melódicos que junto a Tomatito, ha llevado el “Churri” por la geografía flamenca. Sones que, es sabido y aquí se han reseñado, acaban de salir en CD evocando un directo en Almería de Tomate y grupo.

El tema que da nombre al disco es una bulería donde, al igual que en la anterior pista, se ven unas estupendas y camaroneras maneras de cantar. El acompañamiento se reparte por igual entre el piano y la guitarra. Ambos instrumentos con el mismo peso y similar eco, algo difícil dada la descompensación sonora que tienen de por sí. Este equilibrio, así me lo parece, se ha logrado en el estudio deliberadamente. A lo largo del disco se varían los volúmenes de la guitarra y el piano dando el peso que se cree conveniente en cada momento a cada uno. Eso se nota mucho y queda bien. Veremos a ver en un directo como se consigue.

Por alegrías prosigue Diego. “Miel y Sal” se basa de nuevo en su faceta acompañante. Este disco es sobre todo un repertorio de modos de secundar al cante. No es por tanto un disco tan solístico como su anterior “Piano Jondo”. Es una versión más a resaltar del sevillano. Ahora todo queda más repartido.

Interesante la taranta “Aires de Levante”. Título que ya utilizó Paco Peña en una pieza para guitarra. Corte en el que se demuestran, más que en ningún otro, las facultades cantaoras de Diego. Pieza dividida en dos partes simétricas, con el aire cogido a la taranta y con elementos que señalan que estamos ante un artista más que digno en todo lo que hace.

Con la colaboración de Carles Benavent llegan los fandangos “Calle de las Flores”. Melodías muy logradas y coros para introducir además mucho virtuosismo pianístico.

“Mi Flamenca” es el título de los tientos que, pelín acelerados, dan lugar a un temazo de esos que luego se oyen cuando uno sale de guardia los fines de semana. La introducción es de una solvente guitarra que poco a poco se combina con el piano para lograr un flamenquito fresco, también necesario. Frescura en lo musical, no tanto en las letras, ideas u objetivos.

De nuevo por bulerías en “Muerto de Amor”. “La Susi” es otra de las colaboraciones de lujo. Cantaora que me recuerda a “El Pele” en versión femenina. Duelo de cantaores entre Diego y Susana. Riqueza de instrumentos acompañantes y ecos que recuerdan los giros de Paco de Lucía en Zyryab.

A una canción de artista para quinceañeras me recuerda “Suena mi guitarra”. Pero claro, cuando irrumpe el timbre del pequeño de los Amador se evapora la idea.

Veo esos rasgos pop en la textura de los arpegios y melodías. Pieza de cantautor flamenco que, por cierto, da en el blanco al otorgarle propiedades curativas a la guitarra. Verdad de la buena. El piano canta a la guitarra. Ole.

Uno de los temas estrella, quizá la joya del disco, es “Al Latin”, con Luis Salinas y Raimundo Amador. Todo un homenaje jazzero por rumbas a la fusión. Guiños al estilo pianístico de Chick Corea. Jazz que, dicho sea de paso, en este “Río de los Canasteros” no veo tan presente como se ha hecho ver en algunos medios. Es más, creo que Diego Amador, en general, es el menos jazzero de todos los pianistas flamencos actuales. Y aunque suena a Camarón, creo que él bebe más del estilo musical, instrumental y posterior, de Paco de Lucía. Que no es exactamente lo mismo.

Disco que además cuenta con la colaboración de Bernardo Parrilla al violín y con, queda dicho, interesantes e inteligentes coros.

La Canasta de Diego ha salido apañada. Serán las mimbres.