Retratos del flamenco


Libros
Paco Sánchez
P.S., 2008
Pablo San Nicasio Ramos


Hablar de Paco Sánchez en el flamenco, a estas alturas, viene a ser lo mismo que aludir a Capa en el periodismo de guerra o a Cano en la fotografía taurina. Por ejemplo. Referentes. Maestros.

Tras una inicial etapa como periodista narrativo, la carrera de Paco Sánchez se volcó hacia la imagen tras prendarse del flamenco. Un verano, en la Puebla de Cazalla. En su canícula flamenca, cómo no.

Son muchos años tirando las redes y cogiendo estampas que ya son iconos del flamenquismo militante. Ilustraciones que tablaos, peñas, medios de comunicación y otras entidades, han hecho propias y todos los aficionados reconocen siempre que las contemplan.

Alrededor de 200 de sus más míticas instantáneas conforman “Retratos del Flamenco”. Cuidada selección de imágenes de otros tantos artistas flamencos de todas las épocas, muchos ya desaparecidos. Estampas en blanco y negro en un libro que el mismo Paco Sánchez ha editado el pasado 2008.

Recorrido que es toda una lección de flamenco. Miradas únicas que conforman un universo ya familiar para todos los que nos movemos entre las sillas de enea, y sin duda atrayente para todo aquel que se acerque como primerizo.

Es imposible detallar las sensaciones de cada retrato, todos de un cuidado exquisito. Sin embargo, con solo una pasada se te marcan a fuego la mirada de “Chocolate”. Él, como su siguiriya, dan la sensación de estar de vuelta de todo. Por encima de modas.

Regusto parecido al ver a Manolo Sanlúcar, lavado de impurezas a base de los golpes de la vida. No así Enrique Morente, que inspira simpatía y amor por lo terrenal, aun cuando él ha sido uno de los que más se ha estrellado contra el tópico y zarandeado los cánones.

“Agujetas” da miedo, no sabemos si nos dirá algo, nos cantará (ojala) o directamente nos pegara una guantá. Quizá sea la inseguridad de muchos veteranos la que sale a relucir ante lo que sigue siendo nuevo para esta gente de otros tiempos. No como “Arcángel”, que sabe delante de Paco lo que es posar.

Todos son artistas. A todos les ha temblado el pulso delante del público. Conocen lo que es ser observados. Pero no se comportan igual al mirar una cámara científica y sensible. Algunos ni siquiera tienen aptitudes para devolverle la vista a un ojo mecánico y también clínico. Parecen en la consulta del doctor. Se ven desnudos.

Hay artistas señoriales, ahí está “Mariquilla”. Otros ni siquiera saben donde meterse. Los hay que recurren a su vocación flamenca para desplantarse, como Mario Maya. Y los hay que directamente salen, sin querer o no, con los ojos cerrados. Nos quedamos con la duda de si Antonio Mairena y su medalla, la foto de la portada, eran conscientes de lo que Paco andaba haciendo. Aún así, los galones quedan evidentes. Y su dueño asiente…

Mención aparte merece el tratamiento que Paco hace de la juventud flamenca, especialmente la femenina. Hay pureza casi virginal en todas las protagonistas de la nueva oleada, ingenuidad con la mecha a punto de llegar a la carga explosiva. Por el contrario, hay belleza tribal en las que ya han pasado por las llamas de las maternidades y las décadas de tablas, como Carmen Cortés.

Marina Heredia parece una Inmaculada al lado del Cristo, qué foto, que es Camarón de la Isla. La buena nueva y el revolucionario. La futura diva y el Dios inmolado, con aspecto de “Che”.

Y Paco de Lucía, que parece mirar a una Sara Baras que le da la espalda. Vaya cuadro. Flamenco, se entiende. Animado por la redondez infantil de un duendecillo llamado Rocío Molina.

Juegos de luces y sombras, como la misma vida del “Niño Miguel”. Oración y descanso en “Potito”. Mirada canallesca, cada uno en su estilo y su parcela, barruntando revolución, en Diego del Morao, “Pitingo” e Israel Galván.

Y los patriarcas, los pilares de lo actual. Siguen ahí, donde estén, supervisando. Paquera o Melchor, chequeándose el uno al otro, por si las moscas. Fernanda en su mundo, que no es otro que el Universo entero. Su foto pasó a ser leyenda. Y la mirada que no es mirada pero que sí es flamenca, mal que le pese a algunos, de la “Niña de la Puebla”.

Paco Sánchez nos ahorra mucho tiempo preguntándonos cómo serán nuestros ídolos. Muchos entrevistamos y no llegamos tan lejos. Enhorabuena, Paco.