Retazos de mi vida flamenca


Discos Flamencos
José Antonio Conde 
Festival de Cáceres (2005)
Carlos Ledermann


Recientemente, nos ha sorprendido el niño-prodigio de Cáceres, Javier Conde, con la aparición de su disco “Homenaje a los Grandes de la Guitarra”, grabado a los 12 años. Poco después, el que nos ha sorprendido ha sido su padre, José Antonio, uno de los pilares de la guitarra flamenca cacereña, al sacar del horno el suyo : “Retazos de mi Vida Flamenca”. Esta coyuntura viene a resultar curiosa, pues lo habitual es lo contrario, es decir, que tras el padre, sea el hijo el que aparece en términos discográficos, claro está.

Con un formato de presentación muy bonito -aunque no permite ponerlo en el escaparate con los otros discos- y publicado con la ayuda de la Peña “Amigos del Flamenco” en el marco del XXX Festival Flamenco de Cáceres, el disco del guitarrista extremeño se abre con una soleá titulada “Flamenco y Cabal”, fuerte, corpórea, llena de detalles atractivos, unos bajos de gran presencia e intrincados dibujos en ligados y arpegios y un trémolo algo más rápido que el tempo que traía la pieza, pero que desemboca en un final de acompasado arrebato.

A la soleá, sigue la “Guajira Mía”, dedicada a su mujer María José. La influencia del lenguaje de Andrés Batista en la composición de esta pieza es evidente y por momentos recuerda alguna pieza del maestro, pero la movilidad del desarrollo temático cambia pronto el color y la textura, sin que pase completamente desapercibida alguna breve referencia a Paco de Lucía.

En la fantasía por bulería “Gitana”, compuesto por Víctor Monge “Serranito” en homenaje a Carmen Amaya, el timbre de la grabación cambia intempestivamente, no sabemos si por un asunto técnico o porque al haber dos guitarras todo el “perillaje” es diferente. En este tema, en sí bastante más breve de lo que hubiéramos querido, José Antonio cuenta con la colaboración ilustre de su hijo Javier. Tras un par de acordes y un breve arpegio superpuesto, las dos guitarras de los Conde (entiéndase esta expresión en la más literal de sus dos acepciones) echan a correr a una velocidad casi peligrosa por el riesgo de atropellarse, cosa que en algún momento parece a un pelo de producirse, situación que los tocaores extremeños consiguen evitar no sin más de un sobresalto. Este vértigo es el mismo que se puede advertir en la música de Serranito de los años ’70 y en tal sentido, la interpretación resulta fiel. El tema es bonito y de exuberante digitación.

El zapateado “Pantalón y Chaquetilla”, dedicado a Andrés batista tiene un comienzo tranquilo y de gran belleza melódica, para asumir luego el brío propio del estilo, con modulaciones interesantes, yendo y viniendo en las intenciones. Son perceptibles algunas pinceladas que recuerdan al gran Sabicas y nuevamente a Paco de Lucía.

La bulería por soleá “A mi Aire” se abre con una sección de ritmo que fija el tempo de la pieza. Desde la entrada de la guitarra se percibe la naturalidad con que José Antonio se desenvuelve en este palo tan atractivo, que ejecuta con vigor y justeza de compás, sin reposo y con buena técnica.
“Dos Amigos” es el título de la segunda guajira, dedicada a Diego de Cáceres.

Es una de esas guajiras reposadas, de aire húmedo y aroma de tabaco negro. Tras un comienzo calmado, reflexivo tal vez, dos guitarras, con la ayuda rítmica de un bongó abordan el aire ternario, entrando de pronto una de ellas a una cita perfecta de la “Guajira Merchelera” de Manolo Sanlúcar mientras la otra decora el texto con notas de adorno, para pasar luego a un estribillo conocido y terminar con acordes enérgicos, algo “paqueros”, si cabe el término.

La taranta “Fuente Fría”, séptimo corte del disco, fluye melódica y sentimental, pero decidida. El discurso es de tesitura más abierta que lo habitual en este toque, habitualmente de atmósferas oscuras, como las minas de las que nos habla. Incluso por momentos da la sensación de aire, tal vez aire de superficie. Uno de los mejores temas del disco, a nuestro entender.

“Puntarenas” es una colombiana simpática, liviana, a dos guitarras, casi bailable, que se esfuma en un fade out intempestivo precisamente cuando parecía entrar a su etapa de mejor desarrollo. Un poco desconcertante, a decir verdad.

La rondeña que José Antonio dedica a su hijo Javier, es un enigma : el propio autor nos ha contado que la hizo sin cambiar la afinación de la guitarra y sin embargo sigue siendo una rondeña, seguramente porque el idioma musical del estilo está bien plasmado, la construcción es correcta incluyendo el característico pasaje con aire de zambra y una sintaxis armónica en base a acordes profundos, que permiten asumir la pieza como rondeña y no como una variante guitarrística de alguna forma de fandango, lo que tiene un gran mérito, sumado a la belleza del discurso.

Cierra José Antonio su disco con una rumba de Andrés Batista, que no siendo una pieza muy elaborada, muestra a su hijo Javier como protagonista, con el acompañamiento de Rubén Rubio al bajo y Lorenzo López Lumeras en el bongó. Nos queda la sensación de que este tema era prescindible en un disco orientado en otra dirección y logrado con otros recursos, pero eso pasa por el terreno del gusto personal.

“Retazos de mi Vida Flamenca” es un disco sumamente sincero : quien guste de dedicarse a la labor un poco morbosa de descubrir fallos técnicos, los encontrará porque los hay y los hay porque José Antonio Conde es un ser humano y los comete, pero siempre será preferible un músico que los asume y que en directo toca como lo escuchamos aquí, en lugar de otro que en grabación es un monstruo pero en directo decepciona. Escuchar este disco es como tener a José Antonio sentado en la misma habitación con su guitarra, una copa de buen vino y una charla amistosa y amena, de esas en que además de oír buena guitarra flamenca, se aprende, se ríe, se reflexiona. Un disco que no necesitaba las reiteradas advertencias que las notas ofrecen respecto a unas facultades que parece que “eran y ya no son”, porque el aficionado cabal valora lo que hay y no “lo que pudo haber”. El talento, cuando existe, siempre está por sobre aclaraciones que, además, nadie solicitó.