Querencia


Discos Flamencos
Mayte Martín
Virgin. 2000
Miguel Angel Aguilar Avilés


Al reproducir este segundo disco de Maite Martin, catalana por más datos y racismos, nos encontramos ante uno de los comienzos más antológicos de la historia discográfica del flamenco. Los rasgados de violonchelo de las bulerías “Ten cuidao” (letras de Rafael de León cantadas muchas décadas antes por las hermanas de Utrera) que lo abren quedan para los anales de la historia. Y son sólo el prólogo de los 35 minutos que nos restan por oír.

Esta es la historia de una chica que asimiló el flamenco a través de las cintas de cassette y de la escucha casera de discos, sin dinastía sin rancios gitanismos que la avalen, es la historia de una mujer que con 35 años saca su segundo disco flamenco, Querencia, llamado a estar en la discoteca de cualquier aficionado al flamenco y a convertirla a ella en figura de primera línea de este arte. Es la historia de un disco que conmoverá su sensibilidad, sea aficionado al flamenco o no: la de usted que lee estas líneas.

En este disco resultan igualmente importantes la composición musical, la producción y la ejecución (de instrumentos y cante). ¿Por qué? Porque entre todos dan luz a un disco esencial, desprovisto de lo innecesario para llegar a la sensibilidad, esa cosa tan sencilla de experimentar pero tan difícil de reproducir. Aquí esa dificultad no existe, la música y las palabras fluyen con la misma naturalidad con la que brillan los ojos de un enamorado.

El cante de Maite Martín es suave, matizado y sensible, adaptando su sensibilidad a cada verso que canta, y así puede llegar a estremecernos, sin desbocados alaridos ni voces cazalleras. Y su cante es también, y sobre todo, disonante, dentro de unas armonías tan disonantes como ya son, de por sí, las del flamenco. La combinación de estos factores hacen de Maite Martín una cantaora (como a ella no lo gusta ser llamada) excepcional. O sea personal, ahí es nada.

La producción y las guitarras retuercen y ralentizan a voluntad (como la voz) el tiempo, y diez segundos pueden convertirse en un minuto de emoción en nuestro cerebro. Los guitarristas son Jose Luis Montón y Juan Ramón Caro. Percusión de Tino Di Geraldo, contrabajo de Guillermo Prats, violines de Olvido Lanza y Ana Galán y violonchelo de Lito Iglesias.

La composición musical adquiere protagonismo no porque se haga notar, sino por todo lo contrario: es una pieza más, perfectamente coherente con la sencilla y potente originalidad de este disco. Desnudo y efectivo hasta ser verdadero. Fresco y vivo como el arte no fosilizado, el arte que respira, camina, suda y conmueve. Los arreglos de cuerda son obra de Joan Albert Amargós.

Quisiera también destacar la última pieza que cierra el disco, una bella canción libre de flamenco, para finalizar un disco flamenco. Una propuesta heterodoxa -como lo es en tantas cosas Maite Martín- que también veríamos en jóvenes y valiosos creadores flamencos como Arcangel y Miguel Poveda. Guiños e intenciones que perduran. Como dice Maite Martín “el flamenco es mi origen, no mi yugo”.

Lo mejor: El disco entreteje un discurso y un rato de flamenco compacto e indivisible pero, no obstante, usted no puede vivir sin oír las bulerías Ten cuidao, la vidalita y la petenera, como mínimo.

Lo peor: Que este disco del 2000 el último disco de flamenco de Maite Martín hasta la fecha (2007), pero no es menos cierto que eso es lo que tiene que hacer los artistas siempre que puedan: sacar nuevas cosas sólo cuando tengan nuevas cosas que contar, no por demanda popular ni discográfica.