Qué bien suenan las guitarras


Opinión
Jorge Sánchez


Nos preparamos para asistir a un ciclo de Guitarra. Guitarras con nombre, hechas con el mimo y el saber profesional de los mejores guitarreros. Y artistas que nacen, estudian, trabajan, sueñan con el ritmo, los silencios y el duende de un instrumento sin igual.


Guitarras de Luthier, situado en el Triangulo de las Artes de Madrid, nos ofrece unas actuaciones de genios de la Música, clásica, jazz, nuevas tendencias y Flamenco. Hoy nos acercamos a oír la unión y mezcla, en un programa variado, de clásico español y flamenco. Al toque, dos de los mejores músicos actuales, José Luis Montón y David González. No diré nada de los currículos de ellos, que sobradamente conocidos por su gran categoría. Florituras las mínimas, el toque y nuestras sensaciones marcarán la actuación. Vamos con entusiasmo.

¡Tocan a Gloria! ¡Suenen las campanas! ¡Los patios llenos de flores y olores a jazmín! ¡Corran las aguas escandalosas entre cataratas y meandros! ¡Escuchen señores el tacto, es rasgueo de cuerdas, el Sentimiento!. Silencio y Sentimiento. Nuestras mentes abiertas a las sensaciones y nuestro corazón en pálpito.

Toca David, con Canarios, al que sigue aflamencado José Luis, con el recuerdo de luces marineras y barcas con aroma a salitre y mecidas entre olas. Pasacalle, los caballos trotando sobre adoquines, con el run run de la gente, mientras la plaza se llena de saltimbanquis, chiquilicuatres y muchachos jugando a la pelota. Empiezan solas la cuerdas de David en Villanos, con la armonía y la placidez del maestro; las cuerdas se enamoran, se juntan caminando entre chopos, a la ribera del rio, con el aire haciendo murmurar las hojas. ¡Ahí vienen los palaciegos del XVII!, Guigue, donde la Sala se llena de gente elegantemente vestida, las lámparas con lágrimas de cristal, los relojes resuenan los cuartos y así sin más, con José Luis, el Palacio se vuelve flamenco y la sonrisa vuelve a los corazones.

Cuatro danzas barrocas con el sello propio del dúo de guitarras.


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Va la Farruca, con la moza que espera y espera. Su ventana abierta, su reja cerrada, su corazón esperanzado. La guitarra suena triste y honda. ¡Ahí viene, ahí llega!. Los caballos relinchan, pero él no llega. La reja cerrada, la ventana abierta, su corazón esperanzado.

Soleá de la Pepa. La ciudad está sola, ¿Quién hay por aquí?. Nadie, no hay nadie. Las casas encaladas de un bello blanco, con geranios rojos y blancos. ¿Quién hay por aquí?. Campanas al silencio. Aire.

Con Esteban de Sanlúcar y sus Panaderos. ¡Ay, qué hacemos esta noche!. El farol alumbra y da sombras, “no soy Sol y es de noche”. Y sigo esperando a que salga mi hombre.

Con Manuel de Falla y “La vida breve”, nos acordamos del genio, del hombre y de su música que nos hace aflorar los mas cálidos sentimientos. ¡Cuánta belleza!.

Hablar de nuevo de la guitarra y de cómo sus artistas nos dan la grandeza de unas composiciones es algo que abruma. Solos en una Sala pequeña, con olor a madera, con siluetas de cuerpos que no respiran, con unos ojos que saltan y con un corazón estremecido. Tanta belleza si es posible. Los sentimientos en cada pieza nos llevan a diferentes mundos y recuerdos. Ciertamente, estos dos genios de la guitarra española son merecedores de los mejores laureles. Loas de agradecimiento y emoción a David González y José Luis Montón.