PURO FLAMENCO PURO II: JONDO MERCÉ JONDO


Opinión
José Cenizo Jiménez


PURO FLAMENCO PURO II: JONDO MERCÉ JONDO



“Antología del Cante Flamenco”. Cante: José Mercé / Guitarras: Pepe Habichuela, Tomatito y Alfredo Lagos / Palmas: Mercedes García, Chicharito de Jerez, Macano y Manuel Cantarote / Teatro de la Maestranza, 2 de octubre de 2016.



Calificábamos el espectáculo ideado por Javier Barón para esta Bienal de Puro Flamenco Puro, porque era flamenco cien por cien en una Bienal…de Flamenco. Lo mismo podemos decir, también sin temor al adjetivo tan polémico y a la vez, como el de jondo, tan esclarecedor, efectivo y luminoso: José Mercé el Jondo ha impartido, para la clausura de la XIX Bienal, una clase magistral del cante hondo, jondo, flamenco a más no poder, sin concesiones, como prometió. Ha cumplido su palabra a rajatabla el jerezano ilustre, pues no sólo se ha ceñido a los estilos indubitablemente flamencos (hasta jondos, si quieren matizar, o hechos con jondura por su voz y entrega), sino que ha elegido, en todo momento, letras tradicionales, excepto alguna como la que, improvisada, dedicó a los guitarristas.

Catorce estilos (o doce, si juntamos la debla, martinete y toná iniciales, bellísimas en los tonos bajos) que resumen lo más tratado por el artista en sus más de cuarenta años de trayectoria. Este pórtico a capella nos encantó por su belleza lograda a través de lo arduo y dramático suavizado por la voz llena de delicadeza en los tonos bajos. Después las guitarras, tres muy distintas, tres generaciones, tres enfoques y vivencias.

En la taranta y taranto, en la bulería por soleá, y al final en las alegrías, Tomatito, seguro y profundo. En la malagueña, la granaína, la soleá y la seguiriya, un Pepe Habichuela austero, un maestro de la tradición. Alfredos Lagos, el más joven, acompañó en los tientos-tangos y los fandangos, con humildad pero con un pulso firme y eficaz. Todos juntos en las bulerías del final, y en los estilos debidos, con elegancia, los cuatro palmeros. Un grupo de altura, un planteamiento clásico, elegante, donde el centro era el cantaor, a la antigua usanza, y así lo entendieron las guitarras. De ellas, la más acertada de la noche, o la más luminosa, quizá la de Tomatito, en las bulerías y en las alegrías, con unos picados magistrales, sin desmerecer la calidad de los demás.

¿Y cómo cantó José? Bien, como suele hacerlo, aunque no ha sido su mejor noche quizá por llegar con la voz algo menos fuerte, o por la responsabilidad, o por el ajuste a tres guitarras diferentes (cómo echamos de menos a Moraíto)… El caso es que, de cualquier forma, una vez más ha demostrado por qué tiene tantos admiradores del flamenco (sin concesiones, y también del flamenco con concesiones), por qué tantos premios, por qué por fin ha recibido este año el Compás del Cante, en cuyo jurado he tenido el honor de estar. Cantó bien lo que suele cantar bien. Así, por ejemplo, de lo mejor, a nuestro parecer, el taranto, la malagueña del Mellizo, la seguiriya del Marrurro en recuerdo de hijo Curro, las alegrías de noble entrega (son su pizca de mirabrás) y, desde luego, las bulerías. No convenció en las granaínas ni en los fandangos por completo, pero en conjunto el recital es valiente, profundo, entregado, airoso.

Mercé quiere, como antes los más grandes (Marchena, Caracol, Valderrama, Mairena), hacer una antología de flamenco, parece que aprovechando el directo de esta noche. Ya veremos. Tal vez, de todas formas, habría que decirle, como le decían a Mairena sobre la Llave, que “de la mitad del cante” (ni estilos de ida ni vuelta, ni bamberas, ni peteneras, ni rondeñas…), pero, como he escrito sobre eso mismo, de la mitad del cante, pero desde luego la más jonda, la más peculiar, la que marca la diferencia con otras músicas y con otros estilos del flamenco. Si Mercé domina como lo hace la toná, la soleá, la seguiriya, la malagueña, los tientos, los tangos, las alegrías… Pasa la prueba de cualquier algodón. No cantó ni siquiera en el bis el “Aire” o lo de las pilas alcalinas ni tan siquiera la brillante y flamenca (va por bulerías) “Al alba”, y podría haberlo hecho sin menoscabo, pero quería no probar nada, sino reconciliarse consigo mismo y con el flamenco… sin concesiones (ni un cajón). Eso sí, se trajo lo más grande de la tradición consigo, los ecos de Manuel Torre, Chacón, Mojama, El Chaqueta, Pastora, Aurelio, Tío Borrico, Camarón, Mairena, Talega, El Gloria… Y las letras que sabemos de memoria, las de los pícaros tartaneros, la rosa del jardín de Venus, decenas por soleá o bulerías…

Una tradición asumida con una profesionalidad y una personalidad impresionantes, con un eco de voz puro Mercé. El cante no es para sordos, dijo Caracol, con razón, y por eso, cantar no es gritar, pero cuando se hace, con enjundia, como Camarón y Mercé, llega a lo más profundo de todos. ¿Y los tonos bajos? Ahí también se mostró convincente. Es la magia del flamenco: de un drama hacer belleza, y de una alegría hacer arte. Lo hace Mercé el Jondo, y por ello recibió una espléndida ovación del público en pie, esta vez, queremos pensar, realmente merecida.