Pitingo con Habichuelas


Discos Flamencos
Pitingo
Universal Music , 2006
Miguel Angel Aguilar Avilés


Pitingo, as í se apoda Antonio Álvarez Vélez, que nació en Ayamonte en 1981. Y lo tiene todo para ser despreciado por el mundillo del flamenco, para ser mirado por encima del hombro: Es joven, de buen ver, viste deportivo, lo respalda una campaña publicitaria descomunal y, para colmo, tiene un par de canciones “de fusión” que pueden sonar perfectamente en una radio fórmula convencional. En resumen: un producto manufacturado.
¿Ya tienen todos estos prejuicios en su cabeza? Muy bien, pues no dejen de repetirlos en las tertulias de flamencólicos puristas y cabales. Ahora, nosotros nos vamos al arte, que es otra cosa. Que es de lo que hablamos aquí.

“Pitingo con Habichuelas” es el primer disco de este cantaor que, antes que cantaor, cargaba maletas en el madrileño aeropuerto de Barajas y estaba en un grupillo de música soul. Más tarde, cantó para el baile en numerosos tablaos de Madrid. A continuación: este disco, que debe su título al acompañamiento de guitarras, jaleos, etc. que la granadina familia de los Habichuela le presta.

La voz del Pitingo es completamente personal (su timbre podrá gustar o no, pero es totalmente reconocible y particular) y la maneja con la cabeza, no a tontas y a locas; sabe lo que se está haciendo. ¿Le falta potencia o tesituras extremas? Posiblemente, pero resulta que no estamos ante un concurso, sino ante un arte. A Juanito Valderrama o al de los Lobitos me remito.

Este disco es la plataforma perfecta para sacar a relucir lo mejor de Pitingo. Quiero con ello decir que el Pitingo probablemente gane calidad con el disco (los Habichuelas, los elegantes experimentos y la producción) frente a un directo. Esa es al menos mi experiencia, si bien es cierto que sólo lo he escuchado en directo en una ocasión –en una peña flamenca de Albacete, antes de existir este disco, por lo tanto es una percepción parcial, y como tal la cuento. Sea como fuere, no es un demérito: Que Duquende no haga honor a sus directos cuando está grabado no le resta arte, ni viceversa.

Pitingo canta con gusto, y es flamenco del antiguo, con una gran dosis del personal cante de Manolo Caracol, pero sin limitarse a imitarlo, es más que eso. Es como Camarón cantando por Ramón el Portugués: se reconoce al Portugués, pero en todo momento suena Camarón. Y eso es lo que le pasa a Pitingo con Manolo Caracol. Magnífico. El disco consta del un puñado de palos del gusto del cantaor: Granaina y media, fandangos, soleá, tangos, seguidillas, malagueña, canción por bulerías, unos muy festeros tangos, etc. y de una muy destacable aportación personal subtitulada como soulería, que es una pegadiza y muy interesante mezcla vocal y estilística entre la bulería y el soul. Escucho el disco y tengo la sensación de estar ante un trabajo honrado, y bien interesante. Pero el disco ha resultado ser, además, comercial, habrá que perdonárselo –ja, ja. Y es que, en el flamenco, a veces, parece que hay que ha ser minoritario, o arrastrar una trágica historia –cual Niño Miguel- para ser automáticamente revalorizado. Dejémonos de monsergas, señores, y alegrémonos de que lo bueno se reconozca y se “publique”. Seamos serios, que no circunspectos.

Las guitarras están para comérselas -¡qué granaina, qué Juan Habichuela reconocible con dos notas que pulse!- y el productor también. Y es que, en “Pitingo con Habichuelas”, por fuerza, hay que hablar del productor como de un instrumento más, de pleno derecho. Se trata de José Manuel Gamboa, que ha sabido poner cada cosa en su sitio, dar una de cal y otra de arena, meter una granaina y una soulería, meter a los Habichuela de por medio, y también coros sampleados que harán santiguarse a los más viejos del lugar. El resultado, el sonido y el discurso del disco es compacto y coherente: Un artista personal que canta flamenco puro y que vive en el siglo XXI y que, por lo tanto, no vive en una burbuja aislado del presente ni del futuro. Todo eso se nota y se disfruta, afortunadamente, en el disco.

No creo que Ketama acercara a un tipo de público ajeno hacia flamenco (más bien se hizo con un tipo de público al margen del flamenco) como se tiende a divulgar en voz alta. Pero sí creo que este disco del Pitingo pueda acercar a gente ajena al flamenco, esa es la curiosa –y aún visceral- sensación que me produce el disco: Gustará a flamencos y a no flamencos, aunque quizás lo disfruten más profundamente los primeros.

Y a usted ¿le gustará este disco? Por calidad sí… el resto dependerá de que le guste la voz y el –reitero y destaco- personal sonido de Pitingo. Esa es la gran arma de este cantaor en el disco: su personalidad cantaora. A usted le entrará por el oído izquierdo o por el derecho. Ese es ya otro cantar.

En todo caso, la escucha de este primer disco del Pitingo ahuyenta ese típico derrotismo de “ya no hay cantaores tan buenos como antes”. Buenas noticias, caballeros.

1. Familia Habichuela (Souleria)
La pieza que el sello discográfico ha elegido como singuel son estas personales bulerías con unos rítmicos pasajes de soul que están plenamente integrados en la composición. No se trata de ningún pastiche, sino de una obra calculada y, en mi opinión, muy bien conseguida. Una apuesta por la originalidad con sentido. Mi aplauso.

3. A la Gala de la Rosa (Granaína y media granaína)
La gran joya del disco. La guitarra cristalina, “trémola” y esencial de Juan Habichuela se engarza con una voz que no apuesta por la potencia (a que tanto se presta a la media granaina) sino por la interpretación, sosegada y delicada.

5. Al Corazón (Soleares)
Coge la guitarra Pepe Habichuela, la voz de Pitingo se torna más caracolera… todo un disfrute que se recrea en sí mismo. “Porque siñelamos (hablamos) malo/ mil bienes que nos hicieran/ y un mal no lo perdonamos”.

7. Celos (Tangos)
La única canción del disco –más canción que flamenco-, metida por ritmo de tangos, con el bajo omnipresente de Marcelo Fuentes y dejes por soul que se permite la voz flamenca del cantaor (sólo en esta pieza y en la soulería). Es curioso cómo los últimos discos de otros jóvenes cantaores, Arcángel y Maite Martín, también incluyen una canción personal, al margen del resto del repertorio flamenco. Muy bien, en este caso no es nada del otro mundo, pero me parece una práctica bien saludable ¿por qué no?

8. Por Jerez (Seguidillas jerezanas)
Esta es la pieza que Pitingo quería como singuel. Aunque la campaña promocional y su lógica no lo permitieran se trata, efectivamente, de una seguidillas de factura impecable; aunque no sea lo que más me ha llamado la atención del conjunto del disco., como es el caso de la malagueña.

9. Los Quereles (Malagueña del Mellizo y pasodoble) y Los Quereles II
En un palo tan lento como la malagueña, la voz del Pitingo se luce “a media voz”, que es uno de los registros que más le favorece, porque es en donde muestra su verdad: La de un cantaor que pone el sentimiento en lo que hace, sin intentar grandes alardes ni acrobacias vocales. Hace bien en explotar esa baza, nada sencilla de “poner sentimiento y sensibilidad en lo que se dice”. Escúchelo y sabrán a qué me estoy refiriendo. Por otra parte, al final de la pieza, la voz del Pitingo se dobla en forma de coros sampleados de sí mismo, introducidos con grandísima delicadeza y acierto. Otro descubrimiento absolutamente reseñable.

Otros temas del disco son:El Molilo (Alegrias), Quisiera Amarte Menos (canción por bulerias), ¡Gloria pa la Gloria ! (Fandangos Caracoleros), Fiesta por Tangos.

Pitingo: cante
Juan Habichuela, Pepe Habichuela, Juan Carmona El Camborio: guitarras
Antonio Carmona: percusiones
Javier Barón: baile
Juan Carmona jr: cajón
Marcelo Fuentes: bajo
Pitingo, Fernando Soto, Triana Heredia, Tere Bautista, Carmen Linares, Mari Carmen Segura, Paco Bautista, Camborio y Remedios Heredia.: coros
Bo, Chícharo, Fernando Soto, Pitingo, Camborio y Juan Carmona jr: palmas y jaleos
José Manuel Gamboa: producción