Picasso en mis ojos


Discos Flamencos
Diego el Cigala
BMG Music (2005)
Marcos Escánez Carrillo


Llega el tiempo de las grandes producciones, de los grandes productos de mercado emergente, de los pelotazos mediáticos y de las quimeras…

Llega, si así algunos lo prefieren, el tiempo en el que el flamenco se abre al mundo. Pero para mí, se presenta tallado en una barra de hielo, con la belleza de las aristas del cristal, la claridad de las luces sin sombras, pero con los créditos al sol que inexorablemente acabará derritiéndolo. Esto es lo que tiene el mercado y la música de consumo.

Diego el Cigala, tras su explosivo “Lágrimas Negras” con Bebo Valdés, nos presenta un trabajo que ha querido revestir del mismo “divismo” con el que se pasea cuando se dirige hacia el escenario.

El Cigala parece más reposado en su forma de cantar. Permanece menos tiempo en el ámbito alto de las notas que en discos anteriores, aunque no aprovecha aún esta técnica para buscar nuevas modulaciones o giros melódicos, así que en líneas generales, todo lo que se escucha en el disco suena muy al Cigala de pasados trabajos.

“Picasso en mis ojos” es un título demasiado presuntuoso para cualquiera. Es seguro que a este cantaor le han regalado el oído en exceso… De hecho, el título, que en principio era seguramente una declaración de intenciones sobre la ambición del proyecto, ha quedado como un reclamo para la curiosidad.

Y es que, si del título se extrae que Diego analiza, interpreta y proyecta su visión de Picasso y de su obra, de la audición reposada se concluye que la presencia del pintor se reduce a lo testimonial: un parrafito por aquí, otro por allí y un par de cortes de los 10 que componen el disco.

Este resultado es razonable si observamos en los créditos que el disco se ha fraguado conforme se ha ido grabando. Otra explicación posible no le encuentro al hecho de que como autores de las letras y las músicas aparezcan los mismos músicos que la interpretan.

Relacionar las colaboraciones especiales aquí sería tedioso y poco fructífero. Realmente, llaman más la atención algunas ausencias. Que Paco de Lucía, Tomatito o Manuel Parrilla acompañen algunos cortes, que todos los Porrinas se hayan volcado en el proyecto, o que Jerry González meta la trompeta en una rumba-salsa, no le extraña a nadie. En cambio, sí extraña que hayan prescindido totalmente de Niño Josele, que hasta ahora siempre ha sido fiel acompañante del Cigala desde que inició su carrera discográfica en solitario con “Undebel”.

La tónica general del disco es esencialmente rítmica, lo más cercano posible al “pop” que tanto gusta y vende. 4 bulerias, 2 tangos, 1 alegría, 1 rumba-salsa, una copla en compás de fandangos y una soleá. Todo salpicado de incontables detalles flamenquísimos y de muy alta calidad musical.

En definitiva, un disco entretenido y agradable, que no llega a arañar. No sé si este será el flamenco del futuro, pero sí es cierto que algo quedará. Por su parte, lo han intentado en las rupturas de ritmo de los tangos, en la copla por fandangos de Josemi Carmona o en la soleá con un coro cantando un estribillo intimista.

Las intervenciones de Paco de Lucía y Tomatito son simplemente espectaculares. Aquí podemos apreciar las grandes diferencias en el toque por bulerías de estos dos genios. Un Paco ajustadísimo y racional, que se intuye disfrutando de cierto jugueteo con el compás, y por otro lado un Tomate con una sorprendente pulsación y haciendo gala de flamenquísimos cierres.

El Cigala ha contado y cuenta con el apoyo de la afición más jóven y de la crítica especializada más vanguardista, pero imagino que cuando en el trabajo discográfico de un artista llaman más la atención las colaboraciones que la labor del artista principal, es que ha llegado el momento necesario e inexcusable de la reflexión y la observación.