Perraterías


Discos Flamencos
Tomás de Perrate
Flamenco Vivo (2005)
Marcos Escánez Carrillo


El Piyayo bien armonizado da juego, mucho juego. Muy en la línea de los primeros trabajos de Ricardo Pachón como productor. ¡Tiempos gloriosos los de Smash¡. Entonces, experimentar era un sacrilegio… Ahora, en cambio, meter los tangos del Piyayo en clave de reggae se valora con más objetividad y la calidad es el único criterio que rige. Ya hay licencia porque José Mercé abrió el camino del blues y además lo hizo muy mal, así que aquí, en Perraterías, no se equivocan porque cada cual hace lo que sabe hacer bien. Los tangos del Piyayo son de verdad, y están perfectamente fusionados con la estética cuyo embrión se gestó en Jamaica.

Sobre las bulerías de Utrera, dice Tomás : << Lejos de entrar en el vértigo de los ritmos acelerados, el compás se solemniza y disfruta de un suave reposo>>, y es verdad, porque el compás del segundo corte se regocija en el soniquete pausado y matizado de una forma de ser que se respira en el pueblo hispalense. A fin de cuentas, ningún buen potaje se hace con prisas.

El parecido genético de Tomás de Perrate con su padre, el Perrate, es impresionante. Aparte del físico, tiene la misma tesitura de voz. Una voz penetrante y cálida. Siempre he dicho que hay cantaores que han sido artistas a pesar de su voz, mientras que otros, con otra voz no hubieran tenido la misma personalidad.

Por otro lado, el tratamiento que Ricardo Pachón hace como productor es, en esencia, impecable. Incorpora elementos poco convencionales allí donde puede, pero respeta la profundidad en los palos que lo requieren. Así, se recurre a la sencillez en el 2º corte con guitarra y palmas en el acompañamiento, y como único aderezo se permite el jaleo de los palmeros.


De esta misma forma introduce la armónica y el piano en el cuplé por bulerías, amén del bajo y la guitarra eléctrica; siempre en perfecta sintonía con la tesitura de voz de Tomás de Perrate, que a su vez puede mostrar la profundidad dinástica heredada.

“Perraterías”… El nombre es apropiado ya que no es un disco de extrema enjundia flamenca, sino una muestra del ejercicio artístico del cantaor. Así, la duración de los cortes denota lo exquisito del tratamiento a ese aspecto artístico; cuatro de los ocho cortes exceden de los siete minutos y medio. Sin duda, con la clara intencionalidad de permitir el desarrollo cantaor de Tomás. Aquí no es prioritario el detalle sobresaliente y de alto nivel musical. Lejos de esto, se da pie al acomodamiento del oído en el soniquete utrerano, en el paseo de la voz, en la melodía, en el disfrute mismo de la música.

Interesante y majestuosa aportación es la que consigue introduciendo la batería en el juego de la guitarra y la voz frente a la seguiriya; y curioso el nombre de “seguiriyas didácticas”. Imagino que se refiere al aspecto más liviano de los estilos que interpreta, de menos calado que otros estilos también ampliamente conocidos por la afición.

Salpicado de guiños de R. Pachón volvemos a encontrar el planteamiento musical del quinto corte, en el que a la batería se le une el bajo. Después, soleá, toná y bulerías con verdadero sabor añejo, un serio homenaje a Utrera y Lebrija.

Antonio Moya, un guitarrista del que apenas teníamos noticias, se nos presenta en un trabajo ejemplar, derrochando buen gusto y apuntando flamencura de muchos quilates. Aportando mucha seriedad y buen hacer a un disco entretenido y jugoso, de cuya audición es difícil cansarse.