Pencho Cros. Torre de penas y coplas


Libros
V.V.A.A.
Ayto. de la Unión (2008)
Marcos Escánez Carrillo


El Ayuntamiento de La Unión promovió la coordinación de varios escritores y artistas para publicar un libro homenaje a la figura de Pencho Cros, tras su lamentable desaparición.

Con prólogo de Enrique Hernández, participan Paco Ícaro, José Manuel Gamboa, Merenguito, Génesis García, Manuel Navarro, Justo Nieto, Paco Paredes, Juan Pinilla, Miguel Poveda, Francisco Rabadán, Luis Soler, María Jesús Villar, Angel Alvarez Caballero, María Cegarra, Antonio Murciano y Asensio Sáez.

Yo, como dice Juan Pinilla, no tuve el honor de conocer a Pencho Cros personalmente, y aún así, sé que estamos ante una doble pérdida, la de una excelente persona y la de un sobresaliente artista flamenco. Y es que son cientos los comentarios que conozcon que ensalzan la figura de este gran hombre en estas dos facetas.

En este libro, merece la pena incidir en la participación de Francisco J. Paredes, que además de la evocación personal y entrañable a la figura, realiza un detallado estudio de la obra cantaora y artística del protagonista de la Unión. Independientemente de aquellos matices que intentan justificar a través de
Cros todo un hilo conductor y retrospectivo del cante minero en La Unión, aspecto que puede ser discutible, es un trabajo bien planteado que bien podría merecer otro espacio más apropiado para su exposición.

Por otro lado, analizando con cierta distancia el conjunto de las narraciones, podemos vislumbrar la dimensión de Pencho Cros como persona entrañable, como cantaor profesional, como flamenco cabal, como amigo de la reunión, como maestro directa o indirectamente, y sobre todo, como alguien imprescindible para un pueblo, la Unión, que ha basado toda su proyección y toda la cultura del cante minero-unionense en la forma cantaora de su personaje emblema.

Un hombre mucho más sencillo y humilde que el concurso que lo utilizó como pilar de su fundamento. Como contrapartida o sin ella, para Pencho era la excusa perfecta para disfrutar aquello que amaba y que sentía como su propio fundamente, el flamenco. Pero eso sí, lo hacía desde la bondad.