Pedro Bacán


Libros
Alfonso García Herrera
Ayto. de Lebrija (2006)
Antonio Nieto Viso


Pedro Bacán. Aluricán en azul y verde

El periodista Alfonso García Herrera, ha escrito: Pedro Bacán Aluricán en azul y verde, un interesante libro en el que nos desvela todos los momentos que vivió el gran guitarrista que fue Pedro Bacán.

A lo largo de 150 páginas nos lleva con una amena lectura por el ambiente de su tierra, pero pasando antes por los remotos orígenes prerromanos de Lebrija, ciudad que está enclavada en las cercanías de las marismas del Guadalquivir; y dentro del triangulo mágico donde se gestó el Arte Flamenco, que llega hasta la actualidad con la dinastía de Los Peña, que han escrito hermosas páginas de este sentimiento que tenemos la suerte de compartir y escuchar.

Les advierto que, si buscan en el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española el termino aluricán, no la encontrarán. Aunque es una palabra talismán en la vida de Pedro, significa algo así como la expresión en azul y verde, que son los colores de la bandera gitana. Aluricán, la utilizó mucho el chaché Bastián Bácan (padre de Pedro) cuando iniciaba una conversación.

El libro se disfruta desde la primera a la última página, con un lenguaje sencillo y elocuente, el periodista demuestra que maneja muy bien el lenguaje, y al mismo tiempo evidencia el respeto por esta estirpe flamenca con total objetividad.

Aquí encontraremos los datos biográficos de Pedro Bacán, que nació en el seno de una familia gitana con extensas ramificaciones en Utrera. Nuestro guitarrista vino al mundo en Lebrija, el lunes 12 de Febrero de 1951, sus padres fueron, Sebastián Peña Peña, y Ana Peña Vargas; como verán el apellido Peña se repite como consecuencia de la endogamia de esta familia de matarifes y carniceros que se remonta hasta Pinini, creador de una Cantiña que sus descendiente siguen cultivando.

Pedro nace en una época de grandes esperanzas, nos dice el autor. Tras dejar nuestro país el hambre de posguerra, pero con pleno vigor de las cartillas de racionamiento hasta 1952, que convivieron con el estraperlo en los productos de primera necesidad.

Lo de Bacán como nombre artístico le viene de su padre, se lo pusieron por su afición al ciclismo, que practicó hasta los 60 años de edad. En los antepasados de Pedro Bacán están entre otros, Aniya la de Ronda, el Pinini, y Diego del Gastor.

El enamoramiento entre Pedro y la guitarra se produjo a temprana edad, entre los trece y quince años, influido por un primo suyo, pero quien le dio sus primeras lecciones fue su primo Pedro Peña (hermano del Lebrijano). Su madre, a escondidas de su padre le compró su primera guitarra con mil pesetas de las de entonces.

Le gustó tocar la guitarra por la técnica del silencio, y jugar con los volúmenes sonoros, hasta que llegó a conseguir el toque perfecto a la hora de acompañar. De echo puso su música para el cante a grandes cantaores, aunque fue con Calixto Sánchez con el que alcanzó una comprensión mutua.

De Pedro Bacán, nos dice Díaz Herrera, que conoció muy bien el toque, y que buscó entre Oriente y Occidente las diferentes estéticas de la música flamenca con las que están interconectadas.

En otras páginas del libro, se nos dice que, aunque Pedro viajó por muchos países con su toque , es en Francia donde se encontró más a gusto, concretamente en Paris se asomó al mundo, y cuando volvía a Lebrija, y de nuevo regresaba a la capital francesa se cargaba de ilusión y se planteaba preguntas que se intentaba contestar. En Paris grabó el disco Aluricán, en el que está contenido parte de sus buenos momentos de inspiración.

Tras recorrer Alfonso Díaz Herrera con su brillante pluma todos los pasajes de la vida de este singular guitarrista, llega inexorablemente al momento final, en el que tiene que narrar, el que sería su último viaje, el 25 de Enero de 1997, en que acompañó con su toque a su primo Juan Peña El Lebrijano en la peña flamenca El Laurel, de Lora del Río. Tras terminar el recital, y de regreso, pasando previamente por Sevilla, probablemente rendido por el cansancio, en la autopista A4 le esperaba el trágico destino en el kilómetro 36, en la demarcación de Los Palacios, el coche se salió de la carretera e impactó contra un árbol de la cuneta. Eran las diez y veinte minutos del domingo 26 de Enero de 1997. Así de cruel, fue como perdió la vida este gitano noble de corazón, que sintió el Flamenco como algo consustancial a su casta de artista, que ha dejado su huella entre las hendiduras del microsurco y la señal digital en la que alcanzó a plasmar su genial toque.

Ya, solo me queda el felicitar al compañero Alfonso García Herrera por darnos a conocer a Pedro Bacán, que aunque hace diez años que nos dejó su recuerdo es patrimonio de la historia, y de sus amigos y familiares que tuvieron el privilegio de tratarlo.