Paso a 2 de Terpsícore a Talía


Libros
José Luis Navarro
CAF (2005)
Francisco López


Paso a 2 de Terpsícore a Talía. La Danza-Teatro Flamenco



De este magnífico libro hay poco más que decir que no esté perfectamente recogido en el prólogo que para su edición escribió Francisco López. Y como personalmente creo que yo no lo haría mejor ni más ajustado a la realidad, lo reproducimos a continuación:

DANZA TEATRO FLAMENCO

Con la amalgama de estas tres palabras (Danza teatro flamenco) trataba de definir Mario Maya a la compañía creada por él que, en 1984, abría la III Bienal de Arte flamenco de Sevilla con su montaje de El Amargo. La inquieta (e, inexplicablemente, desaprovechada en la actualidad) personalidad creadora del coreógrafo y bailaorcordobés fijaba de paso, en los limites marcados por esta tríada terminológica ,el territorio inexplorado en cuyo seno se estaban produciendo las búsquedas de los artistas flamencos más inquietosy comprometidos del periodo tardofranquista y de los primeros años de la democracia.; y en el cual surgirían las aportaciones más significativas (algunas de ellas, auténticos hitos) de esta generación nacida entre los aledaños de la Guerra Civil española y el comienzo de la década de los 50 del pasado siglo.

Entre similares latitudes se orienta y origina este tercer libro de la serie que José Luis Navarro viene dedicando a la historia del baile flamenco. Y si en el primero de ellos(De Telethusa a la Macarrona) se remontaba hasta la cita tópica de las danzarinas de la HIspania romana para concluir en la época álgida de los cafés cantantes; y en el segundo (El Ballet Flamenco) se ocupaba de esa edad de plata de la danza flamenca cuyos límites quedan fijados entre el estreno de El amor brujo (1915) y los años dorados de los trablaos, en pleno desarrollismo español de la década de los 60 del pasado siglo; en este nuevo volumen nos narra las circunstancias y aconteceres de un hecho fundamental en el devenir de la danza flamenca: el del encuentro definitivo entre el flamenco y el teatro.

Con el rigor que le es propio a su condición de profesor, José Luis Navarro empieza por delimitar su campo de estudio. Para ello, establece como fecha preliminar del mismo exactamente la del 15 de febrero de 1972, coincidente con el estreno de Quejío por La Cuadra en el Teatro Estudio de Madrid. Ese día-escribe- se hermanaban cante y baile como lenguaje político de los nuevos tiempos. Es más, ese día se abría un nuevo capítulo en la historia del baile flamenco. Porque ese día el baile invadía los territorios del teatro. El baile flamenco ya no sólo era capaz de poner pasos y movimientos a la música sinfónica, sino que podía contar historias. Y concluye: Fue un signo de madurez y una muestra de la riqueza de su patrimonio.

A lo largo de las páginas que siguen –páginas escritas de forma amena y con clara intención divulgativa; bien documentadas, cuando no son el resultado de la experiencia directa que del acontecimiento tiene el autor; páginas de una crónica donde no está ausente el discernimiento crítico y la valoración personal de los hechos-, José Luis Navarro irá dando cuenta de los logros individuales y colectivos de una generación de artistas flamencos cuyas señas de identidad compartidas son:

1.- El profundo conocimiento del arte flamenco tradicional, obtenido fundamentalmente a pie de obra; gracias a su aprendizaje y al contacto permanente con los artistas de las generaciones anteriores.

2.- Desde el respeto absoluto por la herencia recibida, la necesidad de encontrar los nuevos caminos expresivos que dieran cauce a sus personalidades creadoras (renovación desde la tradición). Mario Maya lo expresa de este modo: Hacer el cambio como una necesidad intelectual, no como una estética.

3.- No hay estética sin ética. El artista es un hombre que dialoga con su tiempo. El artista es un individuo comprometido con su tiempo.

4.- La necesidad de establecer un nítida diferenciación entre el flamenco concebido como espectáculo (y que debe regirse, por tanto, por reglas asimilables a las de las restantes artes escénicas; incluidas las que atañen a la definición y ejercicio de la profesión) y su consideración como forma de expresión.

La coreografía es el arte supremo del nuevo discurso dancístico flamenco. Pero, como advierte el ya citado Mario Maya,

Hacer una coreografía no es poner tres pasos juntos. Hacer una coreografía es coger un guión y desarrollarlo, tanto musicalmente como plasmar su espíritu a través de la danza. Es lograr una unidad completa entre el texto dramático, la música y la danza.

Tres son los sumos sacerdotes de la nueva religión: Antonio Gades, Mario Maya y José Granero. A cada uno de ellos le dedica José Luis Navarro extensos y bien ordenados capítulos; en los que; tras el apunte biográfico relacionado con su aprendizaje flamenco, traza un recorrido cronológico por su obra, sintetiza sus aportaciones al baile (como ejecutante y como coreógrafo) y reseña los premios y distinciones que le han sido concedidos. Su legado conjunto marca un antes y un después en la historia del baile. Bodas de sangre, Fuenteovejuna, Camelamos naquerar, El Amargo y Medea son (deben ser) hitos referenciales de la danza flamenca de ayer, de hoy y de siempre.

José Luis Navarro se ocupa también de otros coreógrafos significados del periodo, tales como José Antonio o Rafael Aguilar. Con todo –y como no podía ser menos en un libro de estas características-, el afán conceptual de su autor no le impide atender ni extender sus análisis a otros artistas y espectáculos que hallaron en el binomio flamenco-teatro otros ámbitos ajenos a la coreografía teatral como cauce de creación y expresión. Así, la inclusión de un capítulo dedicado a Salvador Távora se explica por la recurrencia de este dramaturgo apocalíptico al flamenco como estética y lenguaje teatrales, en sustitución de la palabra hablada. La presencia, en otro apartado, de personalidades bailaoras excepcionales como son Manuela Vargas, Merche Esmeralda, Cristina Hoyos o Blanca del Rey está refrendada, además, por sus aportaciones como promotoras de compañías y espectáculos gestados para su presencia en los teatros. Proyectos singulares y exitosos, como Flamenco, esa forma de vivir (de Manuel Morao) y A contratiempo (con coreografía de Manolo Marín), responde a alguna de las dinámicas apuntadas anteriormente.

La visión panorámica del período se completa con un capítulo dedicado a lo que el autor denomina bailes a la antigua usanza; expresiones dancísticas protagonizadas por una nómina de excelentes profesionales avalados por el marchamo de la tradición. Aquí tienen su sitio bailaoras de tronío como Matilde Coral, Lucero Tena, Mariquilla, Angelita Vargas, Milagros Mengíbar, Ana María Bueno o Pepa Montes; y bailaores de la talla del Farruco, el Güito y Manolete. No falta tampoco un rincón dedicado a los maestros de las escuelas y academias de baile: Juan Morilla, Caracolillo, Ciro, María Magdalena y Angelita Gómez.

El Epílogo deja entrever que José Luis Navarro ya está trabajando en la redacción del libro que ha de seguir a éste y en el que se ocupará de las generaciones más jóvenes. Artistas que, como Javier Latorre, Carmen Cortés, María Pagés, Antonio Canales, Joaquín Cortés o Eva Hierbabuena, son el presente rotundo y el futuro más esperanzador de la danza flamenca.

Y afortunadamente, el flamenco ya tiene quien le escriba.
Enhorabuena y gracias, José Luis.

En Jerez, a 21 de julio de 2004
Francisco López
Director del Teatro Villamarta de Jerez

- Cuando se escribió este prólogo, Antonio Gades aún vivía y aún no se había escrito el cuarto libro de José Luis Navarro que al día de hoy está editado.