Paseo de Gracia


Discos Flamencos
Vicente Amigo
Sony BMG. 2009
Pablo San Nicasio Ramos


Cuatro años después de su “Momento en el Sonido”, el maestro Vicente Amigo publica “Paseo de Gracia”. Disco del que íbamos teniendo muchas noticias más de un año antes de salir al mercado. Unas a cuentagotas, algunas verídicas, otras bulos propios del aura que rodea a una estrella de la guitarra, todas servían para tener conciencia de que algo iba pasando por la cabeza del de Guadalcanal.

De todo lo que se decía, lo que más se repetía era la gran cantidad y calidad de las colaboraciones que iban a aparecer. Y efectivamente, así ha sido. La nómina de figuras de la canción, principalmente flamenca, se hace en este disco interminable. Siendo esta una de las razones para alabar y también poner reparos a lo que nos ocupa.

Las alarmas sin embargo saltaban cuando la propia discográfica y el entorno del guitarrista se curaban en salud anunciando, pocas semanas antes de la puesta de largo del álbum, su “enorme alcance popular”.

Como si a Vicente le hiciera falta justificar algo, pero así era. Dando él mismo su propia versión de los temas un mes antes de que la gente los escuchase. “Excusatio non petitia…

Algo debía pasar para que se abonase el terreno de esta manera, y la discográfica creo que tiene mucho que ver.

Al final nos topamos con un disco que tampoco se sale tanto de la orientación que tuvo en su día, por ejemplo, su laureado “Ciudad de las Ideas”. ¿Se acuerdan de las “Tres notas para decir te quiero”?, pues con esa filosofía llenamos este disco. Popular y a medio gas, está claro. El más comercial y pop de sus discos, también. Pero a ver quien lo toca así…

Más en detalle toca matizar muy mucho un álbum que, quizá, dé que hablar más de la cuenta. Y eso es bueno para Vicente, teniendo en cuenta el escaso eco comercial de su anterior trabajo (mucho más completo, incluso con algunas obras maestras) y lo urgente que para las discográficas se hace sacar “bombazos”.

Empieza fuerte con “Amor de Nadie”. Tema corto que ya tiene su videoclip y donde la Niña Pastori canta como nunca. Tremendo rajo flamenco el de la gaditana, que pone voz a las ansias de libertad de un Vicente que parece estar en este disco más pesimista que nunca. Canción que pegará fuerte allá donde caiga.

En la línea melancólica sigue “Autorretrato”. Corte que, sin embargo, se prolonga hasta los nueve minutos de música.

Estamos en la misma filosofía de aquel tema que Montse y Lin Cortés cantaban a los monjes y el recogimiento, “Ciudad de las Ideas”. Pieza que se basa en uno de los acordes iniciales con que Vicente abre sus recitales. El nivel de las falsetas va subiendo y es en la segunda mitad donde comprobamos que, aun con todas las pegas que se le quieran poner al trabajo que nos ocupa, la guitarra de Vicente Amigo sigue en unos niveles técnicos y flamencos hoy por hoy punteros y difícilmente superables. Esquema A B A, cíclico, con una interesante melodía de cuerda final y un cierre con la guitarra percusiva que, de nuevo, recuerda a “Ciudad de las Ideas”.

Enrique Morente llena perfectamente su papel en este corte y devuelve el favor que le hizo Vicente en “Omega”.

El disco carece de una soleá, de una taranta…en definitiva, de los toques que se hacían imprescindibles en el repertorio de Amigo y de los que beben su legión de guitarristas seguidores. Sin embargo el sevillano vuelve a componer un bolero y creo que en esta ocasión, ha superado las otras dos entregas.
“Bolero del Amigo” anuncia, como se verá también más adelante, una guitarra melódica minimalista que coquetea con el estilo de Pat Metheny a la vez que inventa armonías algo más originales que las de los anteriores números, dedicados a sus hijos. Eso sí, el final con el acorde de novena es calcado a lo que ya habíamos escuchado. Alexis Lefèvre y su violín toman un protagonismo que no perderán ya en ningún momento posterior y que hacen de él uno de los grandes aciertos del disco.
Interesante tremolado de mandolinas reforzando la melodía.

El toreo y sus principales protagonistas, que son básicamente los diestros artistas, siempre despertaron un gran interés en Vicente Amigo. A su paisano Finito de Córdoba y a su íntimo José Tomás, se añade ahora José María Manzanares hijo. Torero de unas increíbles condiciones que inspiraron unas bulerías no menos espectaculares para “Paseo de Gracia”. Ya sólo falta Morante.

Corte que, a mi juicio, supone lo mejor de todo el disco. Por originalidad. En un álbum donde la práctica totalidad de las piezas nos lleva al pasado, esta se abre al futuro y llega como una bocanada de aire fresco. Hay mucha fuerza tanto en la guitarra como en las voces de Rafael de Utrera (cantaor cada vez más personal y definido) y Nani Cortés, quien recuerda mucho a “El Pele”.

El momento comercial de verdad del disco llega con “Y Será Verdad”. Con Alejandro Sanz, Enrique Morente, su hijo y Pedro Heredia. Tema que da para una larga temporada en las listas de éxitos y que podría estar perfectamente encuadrado, como algún otro corte, en los discos de los que cantan, más que en el del que toca.

En “Luz de la Sombra” encontramos unas bulerías de factura parecida a aquellas impetuosas que, en su primer disco, titulara Vicente “Gitano de Lucía”. A las mejores falsetas de todo el disco se suman en esta ocasión interesantes coros y voces, destacando el reencuentro del guitarrista con José Parra. Cantaor al que no veíamos tan acertado desde su colaboración en el álbum “Poeta”, también de Vicente Amigo.

El tema que da nombre al disco acaba siendo otros tangos-rumba. Hacer tantos temas de la misma factura en un mismo disco no es fácil. Y más si se pretende que cada uno de ellos tenga personalidad propia. Tenemos aquí una composición en la línea rítmica de las míticas “Tres Notas para decir te quiero” y las intenciones instrumentales de “Poeta en el Mar”. Con un final acelerado, típico en los tangos y zapateados de Vicente. El violín juega aquí un papel de improvisador y refuerzo melódico que le hace coger el testigo de lo que hacía, en el disco anterior, el bandoneón.

La rumba “Pan Caliente” se sitúa en la estela de aquella rumba con mayúsculas que era “Limón de Nata”. Lo que sucede es que en esta ocasión los alimentos son algo más bajos en calorías y no hay peligro de indigestión. Destaca Vicente en este tema al improvisar con la guitarra eléctrica, claramente en el estilo de Pat Metheny, buscando una melodía y armonía minimalistas.

Cierra “La Estrella”. Tangos con la siempre increíble voz de Estrella Morente. Rumba de falsetas cortas pero jugosas. Con un largo y minimalista (se adivina ya una clara tendencia por esa línea en el Vicente del futuro) y un final a coro que recuerda a “El Moro”, otro puntal de infinita trascendencia que salió de este genial compositor.

Disco que sería otra cosa sin las grandísimas percusiones de Tino di Geraldo y Paquito González o las colaboraciones de su paisano Lin Cortés y el gran bajista Antonio Ramos.

Álbum que traerá de nuevo por los derroteros de la fama a Vicente Amigo y que le hará aparecer en los medios, sobre todo en algunos no habituales.

Sin ser un disco para guitarristas ni tener la calidad flamenca de cualquiera de los anteriores, tiene la mínima solvencia técnica para seguir confiando en uno de los grandes nombres de la sonanta. El futuro, al fin y al cabo, es más de ellos que de nadie y si está en manos de alguien, es en las suyas.