Pá er Teto


Discos Flamencos
Antonio Soto
Musigrama (2004)
Carlos Ledermann


En un tiempo como el que vivimos, en que la gran mayoría de los guitarristas flamencos parecen enfrentados al mandato de demostrar una serie de habilidades gimnásticas y técnicas, lo que suele denominarse -a nuestro entender equivocadamente- “virtuosismo”, resulta gratificante escuchar un disco en el que esta tendencia no sea la base ni del repertorio ni de la ejecución. Tal es el caso del CD de Antonio Soto, titulado, simplemente, “pa’ er Teto” (Musigrama S.L. 2004).

Diez temas, todos con un penetrante y delicioso aroma a ciprés, integran el cartel, desde la rumba “Gema” dedicada a su mujer, la bailaora Gema Garcés, hasta las bulerías “A mi papá Manuel”. La rumba, que abre el CD, es una buena muestra del idioma musical que habla y maneja Antonio Soto : la melodía antes que nada y la guitarra por sobre todo y esto se agradece, pues prescinde de formaciones instrumentales que en algunos casos más se asemejan a una orquesta de cámara que a un grupo destinado a complementar las ideas de la guitarra. De estructura más bien simple y con repeticiones pegadizas, esta rumba cumple bien su función : abrir el disco y dejar que el auditor vaya templando sus oídos.

La taranta “El Carburico” da buena cuenta de la energía que Antonio pone en su concepto, primero, y en su toque después. Debido a la idea inicial de esta reseña, casi hay que reconocer que nos hemos acostumbrado a la estética que el maestro Paco pusiera, que parece indicar que una taranta sin algún picado delirante –o varios- no es tal, o no sufre, o no es oscura, o no hace daño o al menos no lo denuncia y aquí vemos que es posible decir por taranta cosas que siendo muy serias y emotivas, no pasan por el picado que, dicho sea de paso, ni siquiera es un punto fuerte en la técnica de Antonio Soto. En suma, una taranta rica en melodía, pero fuerte y directa, concreta, cabal, con mucho cante en la concepción general.

El tanguillo “La Bocana” muestra un atractivo equilibrio entre los motivos y la zona en que se desarrollan, es decir, pasajes en los agudos, en los graves y en los medios, afirmaciones, respuestas, todo en un ambiente sobriamente festero. La soleá “Al Maestro Fosforito”, el cuarto corte del disco, se oye pausada, seria, bien entramada y muestra una característica en la que vale la pena detenerse un momento : se ha dicho siempre que haber acompañado mucho el baile y luego el cante, son los requisitos básicos para aspirar a ser un buen solista, pero habría que agregar una advertencia : esos requisitos no son garantía de nada, son una ventaja, desde luego, pero no un pasaporte visado conforme a la ley, pues hemos escuchado a tantos guitarristas que han sido estupendos acompañantes y cuando componen sus temas pensando en el “solismo”, lo que hacen es reunir las falsetas que utilizaban cuando acompañaban, es decir, falsetas breves (como debe ser al acompañar) y sin desarrollo motívico, por lo que al final esos temas están hechos de elementos muy pequeños y no alcanzan el nivel composicional que se debe esperar de un solista. Antonio Soto, a este respecto, se muestra solvente, concentrado y analítico, sin caer en la cursilería ni el intelectualismo.

La bulería “pa’ er Teto” tiene un comienzo que siempre resulta simpático pero ya no novedoso, como es incluir la voz del pequeño, recurso ya utilizado en abundancia, ejemplos hay muchos y ni el propio maestro Paco, original como nadie, resistió la tentación. El tema es sólido, las falsetas están bien desarrolladas y la movilidad armónica se mantiene en la cadencia andaluza, sin viajar a paisajes engorrosos o sonoridades rebuscadas.

Los tangos “Poquito a Poco” son agradables de escuchar, aunque no muestran nada muy impredecible. Las alegrías “Alma en Cai” son bonitas, llevan el condimento del zapateado de Gema Garcés y algunos breves parajes en tono menor, tienen sabor a agua salada y vino blanco y dan paso a la malagueña “Fuente de las Gitanillas”, de bella concepción, sereno desarrollo y rematadas en ritmo de verdiales, como se hace habitualmente. Tal vez sería aconsejable que Antonio trabajara un poco más el trémolo, melódicamente bello, pero por momentos poco fino, ya que pasa a llevar otras cuerdas y esos sonidos se oyen. Es difícil evitar eso, Antonio, pero se puede.

La guajira “Con Sabor” muestra una redacción musical que por momentos recuerda alguna de Serranito o Manolo Sanlúcar. La percusión es sobria y se mantiene en un compás de tres tiempos sin marcar la alternancia de 6/8 y 3/4 que caracteriza a este palo, lo que redunda en un grato contratiempo.

Se cierra el disco con la bulería “A mi papá Manuel”, levemente más larga que la que da título al CD. Enérgicas y siempre melódicas, de mucha movilidad e interesantes diálogos entre primas y bordonas y un estribillo que reaparece para mantener vivo el núcleo de la pieza.

Raya para la suma : Antonio Soto parece decir simplemente “así toco yo” y no pretende cambiar nada, los estilos los hace tal cual son y han sido siempre, sin la obsesión de hacerlos “de otra manera” y sin buscar llamar la atención por original, sino por verdadero, por honesto y por flamenco. Un disco que hay que tener y escuchar.