Orilla del mundo


Discos Flamencos
Alfonso Aroca
Concuerda, 2014
Marcos Escánez


Lo oportuno de esta reseña es casualidad. He tenido la oportunidad de conocer a Alfonso Aroca personalmente hace pocos días, aunque ya conocía sobradamente de su música y de sus facultades al piano. Vino acompañando al flautista Sergio de Lope en su quinteto para un concierto que programé en un pueblo llamado Lucainena de las Torres.



Estos artistas, jóvenes y muy bien preparados, emigraron en su momento desde sus residencias familiares para buscarse la vida en Sevilla, y al final, se han congregado allí toda una generación de flamencos que sin más pretensión que el crecimiento personal, están dándole un vuelta de tuerca a la ortodoxia, ganando en versatilidad y haciendo una música más entendible en algunos casos, y en otros, más rica…

Si Madrid ha sido históricamente el centro donde los artistas debían acudir para poder vivir del arte, donde todos se juntaban y existía un caldo de cultivo propicio para la innovación, como gran ciudad que también es Sevilla, anda acogiendo en su seno y sirviendo de trampolín para este grupo de jóvenes al que me refiero, que por ahora rehúyen de la centralidad para mantener su contacto con la raíz de Andalucía. Y claro que presentan diferencias con respecto a lo que se cuece en Madrid. Estos artistas afincados en Sevilla apuestan por el conocimiento y por encontrar un sonido personal, aunque compartan el mismo concepto del flamenco.

En Faustino Nuñez encuentran el apoyo ideológico y en la tierra la esencia. En ellos mismos está el aire y la fuerza, el conocimiento y la intuición. Alfonso Aroca no intenta reproducir con el piano lo que se hace con la guitarra, aunque a veces le sea inevitable. Aroca defiende su propio discurso, y eso le ha valido el primer premio del concurso de La Unión en la modalidad de Instrumentista. Para eso hacía falta que en el jurado hubiera un pianista de mente abierta como Pedro Ojesto.

Y es que cuando oímos esta música del flamenco construida con instrumentos distintos de la guitarra que defienden armonías nuevas, la gente piensa de forma automática que se trata de jazz o de fusión… pero es flamenco. Aquí, lo único que falta es educar los oídos para que no se cierren ante la libertad expresiva, ante el arte que llega fresco y vigoroso.

Otro detalle del disco es que cuenta con El Mati como cantaor, pero de este hombre hablaremos más adelante. Seguro que tendremos muchos más motivos…

Siempre me ha parecido que el piano es el instrumento con más personalidad. Desde que era un niño… y andando el tiempo, he comprendido que su mayor virtud es que permite contener 10 voces frente a las 6 de la guitarra. Si a esto le sumamos el buen gusto, como es el caso de Aroca, se consigue la belleza armónica para el disfrute, y la tensión necesaria para el sufrimiento.

Y eso es flamenco, no lo dude…

Alfonso juega con la riqueza musical que es capaz de asumir su mente… el mejor ejemplo lo encontramos en los fandangos, que dejan identificar fácilmente su romance con el jazz, con la música árabe, con el new age, con la línea abierta por Dorantes, con el tango argentino, al mismo tiempo que hasta se puede saborear la técnica del alzapúa en versión piano. Y siempre es flamenco. Incluso cuando despierta el aroma de las esencias con un preludio de personal factura.

Sobre la base de la música flamenca, Alfonso Aroca trabaja sin prejuicios, y así, es capaz de modificar la armonía, de crear melodías preciosistas que cuando las escuchas con calma, empiezas a preguntarte por qué no las ha hecho antes nadie, si son de una cadencia natural, sencilla, que juegan con el tempo sin malicia, con redondez y solvencia.

¡Y qué bonito…!

Claramente, es un disco para tener cerca y un artista para no perder de vista.