Nuevos cánones de flamenco


Investigación
Eusebio Rioja


¿Nuevos cánones estético-musicales flamencos?

Reflexiones de viejo aficionado con muchos guitarrazos dados. Retahíla por tanguillos.

Con un hueso de aceituna
tengo que hacer un tintero,
a ver si sale con gracia
este escribillo puñetero.


Inmisericordes los calendarios, nos sentencian habernos echado a la espalda la primera década del siglo y andarnos por la segunda con los pies en adentro. Crítico y atribulado siglo, cuajadito de reveses en lo que va. Y contritos, hacemos examen de conciencia.

Confuso está el orbe. La crisis nos precipita a agarrarnos el bolsillo y emblematizar el pedestre primum vivere, deinde philosophare. La crisis engulle la superestructural atmósfera de las ideas, la philosophia. Las ideologías han expirado, los valores caminan revueltos, no nos orientamos en sus parafernalias espesas. Ni siquiera encontramos maitres à penser. La sensación del hombre de la calle es transitar por una decadencia obscena, con caducidad ignota, parapléjica en sus estertóreas boqueadas. Lo aterrador de lo que nos pasa es que no atisbamos qué va a pasar cuando pase lo que pasa, porque cuando pase lo que pasa, nada seguirá siendo igual.

Como arte vivo que es, el Arte Flamenco epur si muove. En su devenir, ha disfrutado épocas con diversos y distintos cánones estético-musicales, al socaire de las filosofías de los tiempos. El Concurso Nacional de Cante Jondo de Córdoba del 62, aquel inefable Verano de 62, santificó en nuestro Arte la filosofía tardo-existencialista que empapaba a Occidente y se manifestaría iracunda en el mayo del 68 parisino. Per reductio ad absurdo, aquella falsa acracia alumbró la filosofía hippie, heredera de la beatnik. El hippie fue movimiento de niños de papá con mantenidas vacaciones sine die en la paradisíaca Capri, movimiento exaltador del enamoramiento de la naturaleza, el flower power, un remedo del plein air del siglo anterior. Allí fueron el bucólico culto a lo agreste, a lo silvestre, la adoración de los valores primarios, de lo espontáneo, de lo visceral. Visceral era haz el amor y no la guerra esgrimido y manoseado. Fue un movimiento absurdo, engendrado por un absurdo existencialismo anciano, agonizante, movimiento que per reductio ad absurdo caía en espejar sus valores en el romanticismo decimonónico.

En España, el franquismo claudicaba y el Opus Dei sucesor era movimiento de origen religioso católico apostólico, con militancia notoria en la burguesía empresarial alta, encaramada a la cúpula política, sin ninguna querencia democrática. El Opus como el trasnochado Movimiento Nacional, se regodeaba feliz en las blanduras divinas del monopolístico partido único sin ser. Un movimiento como el Movimiento, con meneo y mangoneo sin movimiento, que no partido. Un movimiento de tecnócratas, con Planes de Desarrollo y MATESA. Y seguía disparando La escopeta nacional.

Los sesentayochistas progresistas, por las bravas sitiales en el poder exigían y amaban la naturaleza y lo natural con naturalidad, como lo más natural. Sus cantautores ídolos cantaban con naturalidad natural amusical, como es natural. Lo progre era pregonar poemas sin musicar y lloriquear a lo existencial. Lo progre era la poesía destrozar con naturalidad, en cancionesprotesta a lo natural sin armonizar ni orquestar, con guitarras sin afinar y venerar el grito antimusical y visceral. Lo progre era transmitir el mensaje, con él comulgar y los sentimientos sonsacar y enervar. Los progres practicaban cánones de la estética musical paralelos a los del romanticismo, de tantos años atrás. Por aquellos entonces, el existencialista Jean Paul Sartre decía hay gente retrasada que está por delante.

Nuestro Arte, a sabiendas o no, asimiló aquellos postulados filosóficos, aquellos cánones estético-musicales. La defensa de la pureza se materializó en proclamar como puros el quejío primario, sentido y conmovido, espontáneo, salvaje y visceral. El baile rudo y agrio, la pataíta instintiva, impulsiva. El toque sin escuela, intuitivo, primitivo. Se ensalzó lo uténtico. Se identificó la razón incorpórea con la expresión intemperada. Se agigantó el sentimiento, el flamenco es sentimiento puro, se detestó lo técnico, lo académico, el flamenco no cabe en el papel. Fueron triunfantes postulados de engañosa vanguardia conceptual que abrazaron y asumieron cánones estéticos del romanticismo: la emoción sobre la razón, el sentimiento sobre lo racional, lo natural sobre lo civilizado, le bon sauvage del precursor Jean Jacques Rousseau. Fue una época que podríamos sin rubor calificar de neo romántica. Fue el neoromanticismo flamenco. Muy pocos escaparon al rodillo de la neoromántica estética musical de lo salvaje, de lo selvático, de lo visceral. Hubo quienes reaccionaron e iluminaron el amanecer de un Nuevo día.

La vigésima centuria anduvo su sendereo cansino. Yertos los recursos románticos, amedrentados por oníricas alucinaciones ahítas de LSD, los pródigos hippies se apearon del Viaje a ninguna parte, desertaron de Capri y tornaron a sus hogares lujosos con tiempo de combatir en Vietnam algunos y muchos para liderar negocios adinerados.

Nixon consagra e institucionaliza la corrupción. Muertos y olvidados Mao y Chiang, el lejano oriente es industrializado. Se desmorona el Muro de Berlín. El bloque soviético se escinde, se capitaliza y tiñe sus rojos de oro. Fenece el eurocomunismo. La informática globaliza los mercados y al mercantilista neocapitalismo carente de ideologías, de filosofías, de religiones, de fronteras. El consumismo atroz erigió en único dios al Dólar y al billete verde en su profeta. El peso de petrodólar kuwaití costeó su guerra de liberación nacional contra Iraq. Una guerra entre golfos.

Con la crisis del petróleo a cuestas, en la transición de patitas, los padres de la patria nos dieron Constitución y Deprisa, deprisa los setentayochistas espolearon al país En busca del arca perdida. El ridículo del tejerazo enmudeció los ruidos de sables y nos salvó del magma de las repúblicas bananeras. Morán nos hizo europeos en el cuartito de las fotocopias de la Comunidad y fulminó el soniquete España limita al Norte con los montes Pirineos que nos separan de Europa. El Socialismo Obrero Español abjuró del marxismo, renunció a Pablo Iglesias, a sus obras y a sus pompas, requetenterró a Montesquieu y sin estado de derecho, ni obrerismo, ni socialismo, la jugosa RUMASA por decreto se embolsó y con FILESA, MALESA y TIME-SPORT maletines a enchufados repartió de uno en uno, de dos en dos. Entre Mariano Rubio, Luis Roldán, Barrionuevo y Vera, Amedo y Domínguez, los GAL y el señor X e insolentes Guerras hermanísimos basiliscos, dejaron a España que no la conoció ni la madre que la parió, de tanto el felipismo corromper, de tanta corrupción con mucha demagogia y mucho populismo a la limón y un limón y medio limón.

A la bulla, esprintaron Las tortugas presurosas y el desasosiego impuso la velocidad y el desenfreno. España era el país donde cualquiera se podía hacer rico con mayor rapidez y se nos apatarró la cultura del pelotazo. Los yuppies posmodelnos corrían por Madrid Al borde de un ataque de nervios, las chicasalmodóvar eran musas, la ruta del bacalao beoda y esnifada, a Valencia iba y venía a mojicones ebrios, atropellos y derrapes del mucho pisotear el acelerador.

Con despilfarro de pellones, el noventaydós infló grandiosa pompa de jabón. Los flamencos snobs se subieron sin pudor. Renegaron de festivales, de potajes, caracoles, gazpachos, de veladas interminables, del vinazo peleón. Se creyeron vedetes y estarletes y con mucho merdelloneo inauguraron encantados la época de los conciertos grandes, los cedés, los videoclips, las glamurosas giras en solitario por el interior y por el exterior. Y sin otear el reventón de la grandiosa pompa de jabón del noventaydós, la época novelera y efímera a unos funcionó y vino bien y a otros no.

En el setentaytrés anterior, a Paco se le había quedado chica la mar oceana flamenca dogmática restrictiva y nadó Entre dos aguas a las cumbres de los hitparades del universal prestigio, a las ventas masivas de elepés, a la por doquier música de consumo, al mismísimo Teatro Real elitista, prohibitivo. El Arte Flamenco en sus manos, despegaba en vuelo gozoso sin retorno. Y nos malacostumbró a sacar por temporada un elepé rompedor que los tocaores desmenuzaban y destripaban a destajo mal que bien, con fruición a traición. Y en ellos bebían entre exorcismos de la rancia afición.

A la grupa, Paco subió a Camarón y sus toques y sus cantes rebasaron planetas, cometas, satélites casposos añosos y alcanzaron esferas siderales celestes. Paco se tuteó con Pedro Iturralde, con Carlos Santana, con Larry Coriel, con John Mclaughlin, con Al di Meola y de tanto volar aterrizó en Aranjuez. Sólo quiero caminar con sexteto genial, nuevo camino del Arte Flamenco nos trazó.

Sólo quiero caminar con La fabulosa guitarra y Fuente y caudal aúnan trilogía fundamental para las sendas del Arte Flamenco explorar, para entender tres cánones sucesivos y heterogéneos de la flamenca estética musical. Como compadres y patriarcas que son, Manolo creó Mundo y formas, Caballo Negro y Tauromagia, triada básica al igual, para los cánones flamencos identificar. Cánones flamencos generados por guitarristas determinantes, como Montoya, Ricardo y Sabicas lo fueron endenantes.

Con La leyenda del tiempo, en el legendario flamenco Camarón ingresó. Arribó con Soy gitano a la Royal Philarmonic Orchestra y ande o no ande, grabó la nana lorquiana del Caballo Grande. Y montado en Potro de rabia y miel dijo adiós. El cante perdiera referente imprudente de carisma con estigma en una era. La fanática pasión camaronera se quedó pim pam fuera, sin barquillos de canela. Que en Gloria esté quien gloria fuera.

A los remolques de Paco y Camarón, enteradillos se agarraron al filón de la fusión y la confusión de la transfusión. Quisieron codearse con figuras y taparon en el monedero agujeros. Parieron el flamencobossa, el flamencorock, el flamencopop, el flamencojazz, el nuevo flamenco, el flamenkito, el flamencotaleguero de la prisión. Y como Dios en la Biblia condenó, parieron con dolor. La fusión fue otro canon flamenco de corta duración, sin raigón.

Paco con Dantas en el combo, del Perú con el cajón acarreó. A los flamencos de aquella generación imital el cajón obsesionó y nos tocaron los cajones dos. Las prisas que agobiaban a la sociedad, agobió a los flamencos de la new age de aquella promoción. Se empacharon de aturrullamiento y con fatiguitas vomitaron ritmos desbocados que mal llamaron compás. Y vino la dictadura del compás malentendido por malconocido, que al ritmo demencial pertinaz, llamaba compás compás compás. Compás sin rubatos ni mecidas ni gustito. Compás sin amalgamas ni poliritmias. Compás de la claqueta, Sólo compás. Lo flamenco era el ritmo marcar con celeridad infernal, como el rap del éxtasis y el tripi con botellón colocón merdellón fatal. Fue en el flamenco otro canon musical a la basura tirar, el del compás compás compás mecánico isócrono irracional.

Cayó el World Trade Center pulverizadas las Torres Gemelas, iconos de la sociedad arrogante neoliberal neocapitalista, indefensa y vulnerada por terroristas integristas. A la contra en reacción, para armas de masiva destrucción encontrar, los cinco invaden Iraq, entregan a Sadam para colgar y la OTAN machaca Afganistán, países del irás y no volverás nunca más jamás como Vietnam.

Sin agorera previsión, sin invitación, la crisis económica llegaría estallaría arrasaría cual tsunami índico pérfido La dolce vita de Occidente hedonista, de la mucha francachela, del mucho pendoneo bon vivant despreocupado y fustigaría con millones de parados desocupados atormentados por el mucho los bancos embargar y con el mísero subsidio llegar del mes al final trabajoso pavoroso horroroso. Se hundió el estado de bienestar. La gran banca facedora del entuerto, acorrala a los gobiernos que apechugan subiendo el endeudamiento y al contribuyente repercutiendo con maniobras onerosas e impuestos el coste de la operación por solución, sin opción ni apelación. La banca no suelta prenda, tira de las riendas, pincha la burbuja inmobiliaria, su tienda y la cultura del ladrillo sin misericordia, sin prebendas, sin valerles encomiendas santas ni crueles penitencias. La banca no tiene propósito de la enmienda, ni guarda ninguna abstinencia en su voraz merienda.

Mas no queda ahí la dichosa cosa penosa. En mitad del desbarajuste mundial colosal, reaccionarios salen de los armarios, aciguatan los poderes y recortan gastos a diario. Con reordenación, recortan en funcionarios, ya probos sectarios, ya mercenarios insolidarios. Recortan en pensiones, recortan en prestaciones, recortan en contrataciones, recortan en subvenciones y con premura y mano dura, la emprenden con los inmigrantes llegados antes, cuando la cosa era boyante y por efecto llamada reagruparon parientes indigentes del Sur, de oriente y de occidente. Una herética ética pelética pelilambrética en colisión y contradicción con la globalización de los mercados de libre circulación. Circulan las mercancías, circulan los productos, circulan los capitales, circula la información, pero no circula la inmigración no. Sin sistemas de protección, sin arraigo, sin indemnización, repatriado cada inmigrante. Difícil la solución que despeje las incógnitas de tan ardua ecuación. Y para colmo, el repunte de los emergentes en acción. Válgame Dios.

La austeridad y los ajustes han tocado al mundo del flamenco. La ruina de los ayuntamientos suprime festivales tradicionales de añejas raigambres populares locales locuelas que no mundiales ni universales. Los festivales supervivientes no programan figuras de altura por costosas sus facturas. Anuncian segundones sin interés, pagados poco y con demora cuando llega la hora. Es ahora la hora de los flamencos de segunda división, con ilusa ilusión en carteles de letras grandes, pero con enclenques aforos en teatros, cines y plazas de toros.

No ha sido buen recurso echarse cómodos en brazos del dinero público. Los concursos recortan premios con genio. Sin ingenio, se ven sin genios serios. Los cedés y los deuvedés no son negocio. Los jackers los cuelgan en la red. No los compran ni los novios con promesas de matrimonio. A las peñas recortan patrocinios. Ni con muchos sacrificios se apoyan en el quicio del beneficio para artistas posibilistas contratar. Los tablaos no proliferan. Los que quedan, en contención del gasto esperan la primavera de una era con más madera. Las academias no bastan para tanto personal alimentar. Los alumnos no abundan en marabunta, no forman barahúnda. A los managers con poderío, los flamencos de segunda división les dan escalofríos. No los ponen ni de teloneros, que no son pioneros ni los primeros y están contaditos los dineros. Las fiestas particulares escasean. No las montan los de siempre ni las montan los que sean. La que se están perdiendo por mor de la que está cayendo.

Para subsistir y vivaquear, los flamencos de segunda división lo tienen mal por alá, por acá y por acullá. El canon estético-musical del modelo idolatrado copiar y repetir ha hecho aguas, la época historicista melancólica de las momias evocar, recordar y revivir se ha agotado. No tiene sitio el segundón repetidor de faltitas a millares, con defectos un montón.

Haciendo memoria, la Bienal es otra historia. Con presupuesto millonario del erario, programa casi a diario funciones de estreno para mover la expectación del espectador que ansía y echa de menos sentir algo nuevo. El que compra localidad exige novedad original de calidad. No valen remakes, no sirve dejà vu. El público es exigente, la crítica es exigente, la producción es exigente, es exigente la organización. Exigen lo mejor de lo mejor, que la Bienal de la Junta junta prestigio aquí y en el exterior. En ella se vuelcan los medios en audiencias millonarios y sale en diarios y en telediarios a diario.

La aperturó Poveda y la clausuró Paco. Poveda se consolida como referente presente. Tiene tirón en la afición. Satisfizo y emocionó De viva voz. Paco tocó en gira estratosférica que dicen que es de retirada, aunque él no dice nada, sea por discreción, sea con intención, sea por superstición, sea porque sus proyectos de futuro esté verdes, no estén maduros. Es correoso aceptar que Paco se jubile ya. Ya se verá.

En medio de la pringá que nos pringa a retortero, pringados en tiempos mutantes y convulsos de horizontes difusos, no es baladí averiguar comunes denominadores del momento, características de cómo está el patio, para calzarnos las botas de siete leguas de siete en siete y sin embotarnos aventurar.

Detecto satisfecho que por fin la juventud flamenca se forma, se culturiza. No se fían de los niñosprodigio, ni de los prodigios de la ciencia infusa. Por manidos, no les seducen el duende, ni el salero, ni el embrujo, ni lo típicotópico, ni lo tópicotípico. Desconfían de lo arcano de lo innato, de el artista nace y no se hace, de el flamenco se mama, de se es flamenco desde la cuna. A la juventud flamenca, la flamenca improvisación no le llama la atención. La improvisación de verdad, es una fiesta de guardar. Los jóvenes flamencos trabajan con rigor, con método, con sistema, sin sisar en profundizar, ni en detenimiento. El inmortal Andrés Segovia afirmó es cierto que la inspiración llega, pero cuando llega tengo que estar con la guitarra en las manos. En mi interpretación hay mucho de inspiración, pero mucho más de sudoración.

El baile flamenco es una estrella de la galaxia de la danza. Los jóvenes flamencos estudian danza, expresión, escenografía, coreografía, dominan sus lenguajes. En esas esferas no existen fronteras ni peajes. La guitarra flamenca, por ser flamenca es guitarra. La guitarra es global. Las guitarras del mundo se expresan en el baile de las seis doncellas. Y se entienden. El mundo de la guitarra tampoco tiene fronteras. Es globalizado, universal. El cante es canto. El canto posee formas, reglas y técnicas. El canto es otro patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. Otro más. El cante, el baile y el toque son música. La sabiduría en música es necesaria para saber cantar, tocar y bailar. Y los jóvenes flamencos lo saben.

A fuerza de mucho bregar, el Arte Flamenco ha construido sus propias estructuras docentes. Y funcionan. Las estructuras académicas han abandonado la escolástica pragmática. No son excluyentes, son abiertas, son elásticas, son dinámicas. Trabajito ha costado. El espíritu de Bolonia se filtra por las paredes. Ha llegado el tiempo de aprender para saber, de saber para actuar. No caben chapuzas, ni declinaciones obtusas.

La multiculturalidad se siente. La transculturalidad es fenómeno presente. La colonización cultural pasó. No hay complejos que valgan. Valoramos la singularidad desde la diversidad. Vivimos la era de la comunicación, las tecnologías nos universalizan. Habitamos en la aldea global del visionario Mcluhan, no tan visionario. Mirarse el ombligo es perder el tren, parar el Pequeño reloj, ir a la cola.

La juventud flamenca posee madurez. Mima los valores flamencos. Son buenos aficionados. Conocen los tesoros pretéritos y dan por descontado que los relicarios están atados y bien atados. Sin espiritismos hueros, viajan al más allá. Estudian amalgamas métricas, polirritmias generosas, armonizaciones caudalosas, la prosodia precisa, los desarrollos de la cadencia andaluza, los modos. Cuidan el enriquecimiento de sus repertorios, la amplitud de sus tesituras. Cultivan la melodía, el fraseo, los microtonalismos, los melismas. No temen a las orquestas ni a otras agrupaciones instrumentales. Hablan sus idiomas. Tienen seguridad. Tienen Estrella. Los guía un Arcángel.

El bagaje de los jóvenes flamencos contiene un valor añadido poderoso, un además de. Los jóvenes flamencos son expertos en tecnologías. Han crecido con ellas. Se han echado a hablar con ellas. Son sus lenguas de cuna.

Lo que nos avispa es que la juventud flamenca se nos ha ido de las manos. Moran en sus propios entornos. Sus ambientes no son de peñas, de tabernas ni de festivales. No los conocemos hasta que nos sorprenden. Y las sorpresas son deslumbrantes. Aunque nos cueste reconocerlo, la vida de los jóvenes es de otra manera.

Daquesta guisa, soy optimista con el futuro oscuro. Confío en los jóvenes flamencos desde dentro. Huelo de lejos el momento de la recreación y el resurgimiento de los valores del Arte Flamenco en época venidera, sin espera, sin barreras, más sincera, más verdadera. Se ha cumplida la evangélica parábola del sembrador, la simiente está echada.

Con donjuán de villanaranja, lo bien que guisa, lo bien que canta, tengo la barriga llena de vinotinto, de vinoazul, a quién salvas tú, del Niño Jesús questá en la Cruz, que a mí me tocó el Niño de Dios y voy a aguardar que se van a formar nuevos cánones más de la flamenca estética musical. Ya lo verás.