Nikelao


Discos Flamencos
Pedro Sierra
Pedro Sierra (2005)
Marcos Escánez Carrillo


La evolución de la guitarra flamenca es un hecho indiscutible y esencial en el panorama actual del flamenco. La prueba evidente es que los sellos discográficos se hacen eco de este hecho. Si a esto le añadimos las producciones personales que cada día adquieren mayor peso en cantidad y calidad, la guitarra se lleva el gato al agua, pese a que históricamente ha sido el cante el que más tirón mediático ha disfrutado.

Ahora es Pedro Sierra el que toma la antorcha de la divina novedad y postula su condición de guitarrista polifacético materializándose en un proyecto de excelente calidad y extraordinaria proyección. Un disco que, sin duda, será un referente para futuros trabajos de guitarristas.

Si consideramos un gráfico donde las coordenadas rijan el espacio y el tiempo, comprenderemos que la transcuturalidad y la globalización que actualmente vivimos abarca en toda su longitud la coordenada horizontal del espacio. Fue Enrique Morente y su “Pequeño Reloj” quien nos enseñó que también es posible abarcarla de una forma atemporal. Se apoyó en la tecnología para proyectar el futuro y así engranar el pasado con el presente. Nos convirtió en testigos de excepción de una especie de autovía de la imaginación y del arte, sin limitaciones de espacio ni de tiempo.

Pero Sierra le añade al gráfico otras dimensiones porque elimina elementos del pasado, los reconfigura y los mejora.

A todos nos ha pasado que en algún momento hemos pensado eso de “si me hubiera pasado ahora, hubiera actuado de otra forma”. Retroceder en el tiempo para modificar el pasado…

Si Morente añadió su voz a la de toques antiguos, Pedro Sierra ha eliminado la guitarra del registro original y ha dejado sólo la voz del cantaor para incorporar su guitarra. Y lo borda… Así, recorre con alegria y destreza las coordenadas verticales del tiempo acompañando las voces de Antonio Mairena, Juan Valderrama, Pepe Marchena y el anteriormente mencionado Enrique Morente, como si pretendiera conseguir un proceso recursivo.

“Nikelao”, que así se llama el disco que nos ocupa, presenta otra dimensión además de la que acabamos de comentar. Y digo bien, ya que el protagonista tenía como objetivo presentar las tres facetas de la guitarra que ha desarrollado a lo largo de su carrera artística: guitarra de concierto, acompañamiento al cante y acompañamiento al baile; y lo ha hecho de forma tan sobresaliente que el objetivo se ha convertido en un vehículo para el arte.

Pedro Sierra se consolida en estas tres facetas como un nombre importante, demostrando no sólo que ha madurado como guitarrista, sino que su capacidad creativa se encuentra en un momento brillante.

Para comprobarlo, basta con escuchar el primer corte que le da título al disco. Una bulería con mucha fuerza que se apoya en la melodía de la alboreá con momentos de verdadera euforia.

“Los Caudales” es una soleá reposada y sobria, de tradicional técnica y clásica flamencura en la que introduce nuevas armonías a modo de pinceladas para terminar descansando en los bordones. Sobresale la limpieza del toque, incluso en los vertiginosos picados, además de no temerle a la técnica de ligado.

El tercer corte son unos bonitos tangos titulados “Damasco” en los que comparte protagonismo con el bajo y la mandola, además de utilizar distintos recursos para enriquecer el cuerpo central. Una melodía sencilla y repetitiva que acaba entrando en la intimidad de quien lo escucha.

Algo parecido sucede con la Farruca titulada “Cadencioso”, que desprende la melancolía natural del palo y la sutileza de las baladas más nostálgicas. EL violín de Alexis Lefevre ayuda muchísimo a la causa, pero el planteamiento del corte es extraordinario porque aprovecha el entramado musical para pasearse por la más genuina estética “tanguista” de Piázzola.

Con base de plamas y bongos entra otra vez en el compás de bulerias. Con fuerza aunque con menos estrategia musical que en cortes anteriores.

Pedro Sierra sabe de la importancia del tempo, de la necesidad de tocar despacito para sentarse en el oído y de la urgencia de imprimir rapidez en los momentos de tensión. Esto es lo que más me llama la atención de su forma de afrontar la granaína “Corral del carbón”, además de la nitidez del sonido, aunque una pulsación más vigorosa le ayudaría en la intención del matiz.

La guitarra de concierto termina con la rumba “Río de esperanza”, que es una melodía de impacto junto con el violín; una melodía pegadiza y actual.

El acompañamiento al baile lo aborda de la mano de Israel Galván en unas seguiriyas de gran belleza. Un discurso muy personal, siempre partiendo de la raíz, pero muy en la línea vanguardista del bailaor. Al final acopla de forma interesante el cante por tonás de Tomás Pavón, y lo hace con un vertiginoso toque que de forma inesperada provoca un silencio espeluznante que desnuda la voz del cantaor para luego recogerla con mesura y decisión, como si de un columpio se tratara.

NIkelao es un disco digno de la madurez musical de un artista con muchos kilómetros a sus espaldas, que es capaz de hacer convivir la naturalidad con el trabajo, y el arte con la experiencia.