Mujeres


Discos Flamencos
Estrella Morente
Emi, 2006
Miguel Angel Aguilar Avilés


Estrella Morente es una cantaora de primera fila, de impresión. Y no ya porque “se sepa más o menos cantes” (esa parapsicología enciclopedista que sirve a muchos flamencólicos para escudar su incapacidad hacia la sensibilidad) sino porque su voz, sus giros y sus maneras son personales. Y tener una marcada personalidad cantaora, con sus actuales 26 años (en sus dos anteriores discos la tenía igualmente), es un extraño galardón del que ya quisieran presumir muchos cantaores encicopledistas, muchos puristas y muchos cantaores-gitanos-con-apellido–flamenco-como-único-crédito. Lo de Estrella Morente es Arte, y lo demás elucubraciones.

Con Estrella Morente yo he sufrido todo un proceso. Sus dos anteriores discos hasta la fecha, “Mi cante y un poema” y “Calle del aire”, son del año 2001. Ahí salía a la luz “la hija de” Enrique Morente: Expectativas, que si su cante era bonito, que si recordaba a la Niña de Los Peines, que si la sombra de su padre planeaba sobre tan buenos resultados, etc. Hasta la fecha, los prejuicios acerca de si Estrella era más un fruto artístico de su padre que una artista por sí misma, no me habían abandonado, aunque fuera subconscientemente. Bien es cierto que me había quedado encantado con sus actuaciones en directo junto a Enrique en el televisivo “Séptimo de Caballería”, en el directo de “Omega” antes de editarse el disco, o en su intervención en “Lorca” y en esa obra maestra llamada “Receta de cocina por soleares” para la apertura de un museo sobre Picasso… Sí, pero la sombra de Enrique Morente seguía siendo muy alargada. Hasta el 5 de junio de 2006.

En esa fecha me desplacé hasta el pueblo granadino de Fuentevaqueros con el único motivo de ver a los Morente en vivo. Enrique y Estrella Morente actuaban, conjuntamente, en un concierto conmemorativo del primer homenaje que se le rendía en la España post-franquista a Federico García Lorca, hacía ese día justo 30 años, y justo en el lugar donde los Morente actuaron.

Y actuaron, vaya que si actuaron: Estrella, Enrique, y los dos juntos; mano a mano. Sobre la actuación de Enrique qué decir: que merecería la pena descubrir la fórmula de la inmortalidad sólo para poder disfrutar eternamente de sus directos…

El concierto de Estrella, para mí, fue otra cosa. Una revelación, en concreto. Me encantaban sus discos -incluido este último- pero la puesta en escena del disco “Mujeres” en directo fue un universo aparte en sí mismo. Una dimensión más allá del disco y más allá de la voz de Estrella reproducida en Cd. Por una parte, el espectáculo estaba arropado, en todo momento, por la rondalla folklórica de cuerdas del Albaycín y por un grupo de gitanas históricas de este barrio –el corazón- de Granada, testigos de las genuinas zambras del Sacromonte, zambras que hoy han devenido, definitivamente, en espectáculos ex profeso para guiris con dinero.

El grupo de púa, Estrella Morente y el baile y cante de las ancianas gitanas (reviviendo partes de las originales zambras) eran todo un concepto en sí mismo. En estos tiempos de modas en el flamenco, de “con”fusiones sin criterio y de comercialidad a saco (mal entendida, quiero decir) en aquel concierto pudimos presenciar uno de los espectáculos más modernos, más antiguos, más verdaderos y más comerciales que recuerdo haber visto nunca. Comandado, a la cabeza, por Estrella Morente, que puso los pelos de punta y que, con sus melismas y su potencia, nos mandó de viaje hacia las estrellas.

Desde aquel día he dejado de hablar de “los Morente”. Ahora hablo de Enrique Morente o de Estrella Morente, por separado. Creo que me explico.

El disco “Mujeres” hace 12 homenajes a cantantes, cantaoras y actrices del siglo XX, y navega entre dos vertientes. Una, la del flamenco más genuino, antiguo y joven a la vez, que podemos escuchar hoy en día. Y otra, la de la Estrella Morente que se torna más cantante que cantaora (aunque sean indisolubles estas dos facetas de la artista) que hace versiones de Chavela Vargas o de Rocío Jurado, todo llevado a su terreno. La producción artística y musical corre a cargo de Enrique Morente y resulta musicalmente impecable: La elegancia hecha disco de Estrella Morente.

Otro de los pilares –hay tantos- del disco es la elección y rescate de letras populares (salvo los temas que son versiones de canciones no flamencas). Letras buceadas en la extensísima tradición flamenca que dan lugar al descubrimientos de auténticas joyitas literarias, en esta época en la que, en el flamenco, casi todos los cantaores (excepciones hechas como es el caso de El Capullo de Jerez y algunos otros) cantan las mismas coplas una y otra vez, como si el contenido fuera secundario respecto al continente.

Si en su disco “Mi cante y poema” Estrella dejó para la posteridad los tangos de “En lo alto del cerro de Palomares…”, en este nuevo disco va mucho más allá y deja una obra, desde ya, para los anales del flamenco de todos los tiempos, me estoy refiriendo a su pieza “Zambra”, en la que reproduce uno de las partes de carácter más moruno de los extensos espectáculos de las zambras sacromontinas. Vuelta, y valentísima apuesta, a las raíces más ninguneadas del flamenco.

Personalmente, del disco prefiero los cantes más clásicos (revestidos de la inimitable impronta de Estrella) frente a las versiones de canciones con las que Estrella da otra vuelta de tuerca a su creatividad. Estas últimas –sólo algunas- no me acaban de convencer. Si las hubiera hecho cualquier otra cantante serían estupendas, en sí mismas, pero al haberlas hecho Estrella Morente y estar junto a otras obras suyas como “Ay Mari Cruz”, “Zambra” o “Tangos de Graná” brillan menos. Vaya, que el nivel está disputado, señores.

Pero vaya mi aplauso, especialmente, para las versiones, porque me incomodan, me hacen dudar y son un riesgo en el conjunto del disco (y seguramente un riesgo consciente). Y el inconformismo y el riesgo es lo que define a los realmente grandes. Quien no apuesta por quizás cometer errores, por andar por sendas precarias y por desviarse del camino, ese es el que realmente ya se ha equivocado. Y si no, que se lo digan al históricamente vapuleado por la crítica, el heterodoxo Enrique Morente, que es, entre otras cosas sin importancia, el más grande cantaor y creador flamenco vivo. Pues resulta que Estrella Morente no le va a la zaga. Pasito a pasito.

Carmen Linares dijo de Estrella Morente: “"Esta niña nos va a retirar a todos". Y yo digo: que todos los retiros sean motivamos por artistas de esta talla. Óle.


La Gazpacho-La Repompa-La Tía Concha (Tangos de Graná)
Estrella canta unos tangos de Granada, y como pasa con otras piezas del disco, automáticamente, se convierten en un canon discográfico, en este caso en donde poder reconocer y aprender sobre las peculiaridades de este tipo de tangos más mecidos que los tangos “normales”. Las letras, en estos tangos como en todo el disco, brillan por su profundidad y filosofía: “Tú te colocas enfrente de mí, por si acaso yo me caigo pa atrás. Empújale al columpio. Empújale al columpio ya”.

Zambra
Decir de un muy gran disco que esta composición es la mejor, es mucho decir: Pues así es. Según se indica en el disco, interpreto que la música pertenece a la obra-zambra “El gitanillo Errante” y es obra de Luis Mejías. Si la música, y la letra, no pueden ser mejores, nos encontramos, además, ante una piedra de toque del flamenco. Es decir, Estrella Morente afronta el flamenco ahondando en sus raíces más pegadas a la tierra y a la tradición. Eso incluye una “forma” musical prácticamente sumida en el olvido flamenco: Las zambras (cuando las zambras son unos de los fenómenos más genuina e históricamente flamencos, muy anteriores a las popularizadas, y también heterodoxas, zambras de Manolo Caracol y familia). Pero no sólo estos conceptos incluye la pieza, sino que, musicalmente, Estrella recurre a una tradicional formación de púas (laudes, guitarras y bandurrias) del folklore recordando –y descubriéndoselo, a quien lo ignore- que estas formaciones instrumentales eran parte habitual de aquel venerado pasado de la historia del flamenco antiguo. Por fin, alguien que lo dice, y que lo hace, sin complejos. Y con un resultado inmejorable. Creo que nos encontramos, con esta y otras piezas del disco, y con los proyectos que está llevando a cabo un muy interesante bailaor aragonés, ante un nuevo e inexplorado filón que puede –y debe- depararnos las más exquisitas sorpresas: El flamenco que se reencuentra con la sangre folklórica (de folklore, no ya de copla) que, desde siempre, ha corrido por sus venas. “¿Qué quieres de mí, si hasta el agua que yo bebo te la tengo que pedir?”.

La noche de mi amor (Chavela)
Esta es una de las cinco versiones de canciones incluidas en el disco. Se trata de una de las canciones popularizadas por al mejicana Chavela Vargas, cantada suavemente, en la línea de Chavela, pero que, como contraste, está acompañada por un fondo musical de bulerías, que, al final de la canción, acaba flamenquizando completamente la composición, resultando distinta y personal. Es mi versión favorita, junto a “Volver”, de las incluidas en el disco.

Ay Mari Cruz (Imperio Argentina)
Muchas versiones se han hecho de esta canción. Pero muy pocas como está. Suena a genuino, a cierto, a verdad. No es Mari Cruz por jazz, ni por seguirillas, ni por salsa aflamencada. Es Mari Cruz por Mari Cruz. Vuelven los laudes y las bandurrias, y Estrella canta la canción con la delicadeza que requiere la letra, amoldándose al momento y a la canción, en lugar de domarla hacia cualquier otro fin que, quizás, la hubiera hecho más estrambótica y llamativa. Lo llamativo es cómo, haciendo las cosas desde su mismo corazón, nacen los clásicos. Y eso pasa aquí con la obra de León, Valverde y Quiroga. Nos encontramos ante un “estándar”, más actual y clásico que nunca, de este clásico. Sencillamente.

Otros temas del disco son: La joya, Vuelvo al sur (Rocío Jurado), Yerma (Nana), Volver (Penélope Cruz), Nostalgia (Susana Renaldi), Bulería (La Perla de Cádiz), Taranta (Carmen Linares), Soleá (Pastora), Ne me quitte pas (Nina Simone).

Estrella Morente: cante
Rafael Riqueni, Alfredo Lagos, Montoyita y Enrique Morente “hijo”: guitarras
Grupo de laudes del Albaicín: laudes, bandurrias y guitarra
Ricardo Miño y Leo Sujatovich: pianos
Víctor Merlo: contrabajo
Bandolero: percusiones
A. Carbonell, A. Gabarre y el Pepo: palmas
Enrique Morente: dirección artística y musical