Misa Flamenca


Discos Flamencos
Hermanos Piñana
Nuba Records (2007)
Pablo San Nicasio Ramos


El dúo murciano formado por Carlos Piñana (guitarra) y su hermano Curro (cante) siempre ha sido un referente para entender el flamenco que por esas tierras solaneras se viene haciendo. A sus premios en cada disciplina respectiva, se une una intensa labor por la divulgación y potenciación del flamenco en Murcia, sobre todo centrándose en los estilos autóctonos.

No es de extrañar por tanto que la organización del festival “Mu rcia Tres Culturas” les encargase hace dos años una obra para su evento.

Encargo que cristalizó en una misa flamenca que, como todas las obras conceptuales o programáticas, se basa en un esquema preconcebido con independencia de la música, a su servicio, y cuyos elementos poseen siempre rasgos comunes y unitarios. En este caso los Piñana conectan las secuencias litúrgicas con los cortes musicales sobre una idea común de tímbrica, melodía y esencia flamenca. Parece obvio pero no siempre se consigue, por eso desde el primer momento de su escucha, notamos que existe una unidad y una razón. Esto no es un corta y pega inconexo.

A pesar de ser un encargo no muy habitual, la familia Piñana sí sabía lo que era hacer música de este tipo, religioso, y eso sin duda ayudó en el resultado del trabajo que nos ocupa.

Pero, contrariamente a lo que podría pensarse, lo que ahora suena no es una música pasada de rosca o demasiado por la labor de llevar al “trance” fácil. El flamenco que se propone, sin ser un dechado de innovaciones (algo que tampoco tendría mucho sentido) es una muy válida aportación a la estética religiosa que el flamenco posee desde hace cientos de años.

Así, desde la soleá inicial se puede ver una intención clara de hacer algo que lleve más allá del mensaje pastoral, de por sí profundo.

Son nueve números que se sitúan lógicamente en otros tantos momentos de la liturgia católica.

La intervención del quinteto de cuerdas “Diapasón” queda perfectamente ensamblada con el cante y la guitarra. Se nota el buen hacer en la composición y los fundamentos académicos de Carlos y Curro, que corrieron con la tarea compartiendo labores.

Además, se acierta de pleno en la elección de los cantes escogidos. Predomina el recogimiento y la solemnidad, llegando incluso a una intervención a capella de Curro en la Salve final. Sólo me cabe la duda del motivo del tema “Tarde de inspiración”, balada central que no ubico en el contexto de la misa.

Los orígenes son los orígenes y el disco culmina en las cartageneras del “Padre Nuestro”. Es quizá el punto cenital de un disco cuyos temas se rigen por un patrón común, lo decíamos al inicio: la tímbrica camerística, muy clásica y el hilo conductor de la melodía: simple pero exquisitamente bella. No existe ningún momento de especial desgarro o visceralidad flamenca. Es todo lo suficientemente recogido pero a la vez liviano como para no resultar empalagoso. Ningún tema se extiende demasiado y, seguro, por eso todo lo que de aquí se expone encajaría en una escenificación cualquiera de domingo al uso.

Me quedo con la segunda soleá “Cordero de Dios”, y las falsetas añejas que incluye, basadas en Montoya o Niño Ricardo, es lo más flamenco del disco.

El trabajo no llega a cotas de virtuosismo en ningún momento y creo que ninguno de los intervinientes lo pretendía. Ha sido una reunión de artistas al servicio de un proyecto que, visto el equilibrio del resultado, a más de uno seguro que no le importaba llevarlo a su boda. Fuese donde fuese.