Miguel Hernández y el flamenco


Libros
José Gelardo Navarro
Signatura Ediciones, 2011
Marcos Escánez Carrillo


Con dedicatoria a Enrique Morente, este trabajo era más que necesario, sobre todo si tenemos en cuenta que Miguel Hernández ha sido uno de los poetas cultos más musitado en lo flamenco. El primero fue Enrique Morente y después vinieron muchos más. Por eso, la dedicatoria, a pesar de ser forzada por la desaparición del artista en diciembre de 2010, hubiera sido oportuna en cualquier circunstancia. ¡Ojalá hubiera sido de otra manera!. Y es que Enrique hizo varios homenajes a Miguel Hernández en los últimos años de su trayectoria, donando su caché a Amnistía Internacional.


Con el prólogo se contextualiza la obra, pero con la introducción el autor establece la suficiente tensión como para crear el ambiente propicio. Es un punto cero con la suficiente predisposición a la pasión y a dejarse llevar. La vida de Miguel Hernández fue así, un poco de todo… protagonista humilde, mártir, denostado por sus compañeros, rebelde, comunista, un poco tragedia, con inteligencia natural, mucha mala suerte, denuncias, pueblo y mucha, mucha verdad. Por eso es tan fácil leerlo y sentirlo, por eso es tan fácil convertirse en Miguel Hernández con sus poemas en los labios.

Y la tensión está servida con la analogía de su vida con el flamenco, ambos despreciados por aquellos estamentos que debieron haberlos llevado en volandas.

El primer capítulo está dedicado a recoger testimonios sobre flamenco con la prensa de Orihuela en el siglo XIX, y efectivamente podemos vislumbrar que el arte flamenco no era ajeno a la localidad. El siguiente capítulo está dedicado al flamenco en el siglo XX, ciertamente plagado de visitas de ilustres flamencos de la época. Espectáculos que por edad, y por calado social, no pasarían desapercibidos al poeta, sobre todo, si tenemos en cuenta su amistad con Carlos Renoll (gran aficionado) y los cantaores Niño de Fernán Núñez y el Mamaíllo.

De estas y otras amistades de Miguel Hernández se encarga José Gelardo en un completo capítulo, después viene a dar testimonio Antonio Fernández, guitarrista oficial del Festival de la Unión durante muchos años que vivió en Orihuela durante esa época.

El autor analiza unos versos que siempre han sido catalogados como repentizaciones de Hernández, y cuya construcción está sumida en una leyenda algo caprichosa, asociada al flamenco, al vino y a la bohemia trasnochada. Aquí, José Gelardo demuestra lo fantástica de esta velada puesto que se trata de poesía elaborada, alejando la idea de la repentización. Del mismo modo, analiza los recursos flamencos que de forma constante aparecen en estos versos, lo que demuestra su conocimiento sobre este arte.

En los siguientes capítulos recorre las distintas épocas de Miguel Hernández analizando aquellos poemas en los que encuentra recursos y elementos flamencos. Del 30 al 34, 35, 36, 37 y del 38 al 41. Realmente, en este análisis se pretende demostrar que el poeta conocía bien y en su vida cotidiana estaba presente el flamenco. Son muchas las muestras que nos da, incluyendo testimonios, pero lo hace en las mismas claves poéticas, ya que va enlazando analogías entre poemas escritos por Miguel y letras populares del flamenco, utilizando como nexo de unión la temática o la línea estilística. Un trabajo empírico absolutamente digno de una mente lúcida y de un experto en temas de flamenco. Hay que tener en cuenta que son muchos los aspectos que hace que José Gelardo sea la persona ideal para abordar este proyecto: su ideología política,, su condición de alicantino, concretamente de Callosa de Segura, su trayectoria como estudioso del flamenco levantino, etc… Y si todo esto fuera poco, la última anécdota que cuenta, en la que descubrió por casualidad que su propio padre compartió cárcel con Miguel Hernández, pero además, lo descubre cuando su padre le recrimina que canturree flamenco como lo hacía “el poeta”.

Completa el libro con una serie de apéndices que contienen una serie de textos a los que el autor hace referencia en el libro, y por tanto considera interesante acercarlos al lector.

Es un trabajo serio, como todo lo que hace José Gelardo, y además era necesario ya que Miguel Hernández ha sido el poeta que más y mejor se han musitado en el flamenco. Así, queda perfectamente explicada la simpatía de la comunidad flamenca hacia este poeta universal.