CARMEN LINARES Y MIGUEL HERNÁNDEZ: MIEL SOBRE HOJUELAS
José Cenizo Jiménez


El pasado 5 de marzo visitó el teatro Lope de Vega de Sevilla la señora del cante de las últimas décadas, la maestra Carmen Linares. “Verso a verso” se tituló su espectáculo, de casi dos horas de continuo gozo y elegancia, de música de un nivel artístico destacable.

Diríamos que de forma circular en intensidad, y siempre en nuestra opinión, supo empezar y terminar con brillantez: de inicio, “Para la libertad”, el emblemático e inolvidable poema de Miguel Hernández, eternizado en la canción por Serrat, en este caso por bulerías; de cierre y despedida (aunque hubo bis) la canción de los vendimiadores y el recuerdo lorquiano con “Baladilla de los tres ríos” y “Anda jaleo”, un gozo para los sentidos.



En medio, un repertorio variado centrado en Hernández con alguna pincelada de Alberti (“Se equivocó la paloma…”) y, como queda dicho, Lorca. Un conjunto de cantes y canciones alternados con armonía, con delicadeza, con convencimiento. Cantes perfectamente reconocibles como la petenera, la soleá, las alegrías, las bulerías, etc., y canciones con algún guiño aflamencado pero básicamente en el entorno de la canción o balada, de perfecta factura gracias a la profesionalidad y capacidad de conectar de Carmen y los compañeros de los que se acompañó, todos realmente sobrados de nota: el piano sensible, luminoso y certero de Pablo Suárez, el contrabajo tocado con pasión por Josemi Garzón, y, en el lado más flamenco, la percusión de Karo Sampela, las palmas y coros de Ana María González y Rosario Amador, las guitarras de Salvador Gutiérrez, curtida y madura, llena de hermosas falsetas y dominio de arpegios y rasgueos, y la de Eduardo Pacheco, que sobresalió en la soleá… Y, permítanme destacarla, una bailaora, Vanesa Aibar, una joven coreógrafa y bailarina que convence con su alarde de cierres, movimientos, uso del mantón, desplantes vigorosos, y una cara iluminada por la alegría de estar, era consciente, complementando el cante de una mujer muy grande. Y no olvidamos el sonido y las luces, a cargo de Álvaro Barco y Antonio Valiente respectivamente, que cumplieron su labor (se agradece que el escenario no apareciera oscurecido, como a menudo ocurre en muchos espectáculos flamencos).

En medio de todo y de todos, la que tiene el mando, una Carmen Linares airosa, entregada en los tercios difíciles, sintiendo muy adentro los extraordinarios versos de poemas míticos lleno de verdad y fuerza como “Andaluces de Jaén”, “Silbo del dale”, “Casida del sediento”, “Llegó con tres heridas”, etc. Hernández, al que conoce bien de otras entregas, traído con flamenco y canciones hermosas otra vez a nuestra memoria, de la que es imposible que salga. Un esfuerzo de creatividad y entrega del que todos han salido airosos. Un espectáculo que deja apetencia de más poesía de Hernández y más melodías de Carmen y su grupo. Como suele decirse, miel sobre hojuelas. Enhorabuena, maestra y compañía.