La deslumbradora fuerza expresiva de Marifé de Triana (Felisa Martínez López, Burgillos, Sevilla, 1936-Madrid, 2013), le infundió a la canción española, una acentuada garra, un nuevo matiz artístico a aus componentes musicales y literarios. Además, su aparición en el estrato del género, coincidió con la retirada de Cocha Piquer, lo que significó una nueva era para la copla, al imponerse su interpretación enardecida y vibrante, “peleada” a la manera flamenca, procurando trasmitir por la intensidad una emoción inmediata.


Y el público advirtió enseguida que la voz de Marifé de Trana era una voz sugestiva, que encandilaba rápidamente el ánimo, creando en el oyente un estado atento, cautivado por su capacidad comunicativa, percibiendo también que tamaña voz valiente, cálida y tierna a la par, le infería a la canción un hálito de humanísima sentimentalidad , calor de cuerpo en trance e inmerso en la emotividad, una original trascendencia que la hacía dispar, nueva, atrayente.

Surgir se trayectoria –cantaba desde los nueve años- y convertirse en la gran figura de su tiempo ocurrió al unísono, y una vez que se dio a conocer pasó a entronarse. Así, sin paréntesis alguno de espacio temporal. Y lo que es más curioso e importante, no ha existido en su quehacer gustoso ningún camino de perfección. Ha sido la cancionera que nació enseñada, como los geniales poetas. En ello estribaba el quid de su personalidad.

Marifé de Triana llegó a la fama finalizando los años cincuenta, una época llena de expectativas de toda índole en nuestro país, en la que los movimientos artísticos viraban hacia una nueva búsqueda de valores estéticos, hacia un enriquecimiento expresivo fundamentalmente.

Y en relación con la canción española no po0día ser menos. Marifé de Triana representaría, entonces, la necesaria infusión de pasión y entrega que pedía el arte cancionero español en aquel álgido momento de nuevas visiones artísticas. Su barroquismo interpretativo, que ofrecía sorprendentemente vívido y vivido, lo trasmitía en viejas y nuevas canciones, distinguiéndolo y ganando voluntades entre la afición, en una legión se seguidores que no perdería nunca. En realidad no podía tratarse de otra manera, en una artista que sentía todos los argumentos de sus canciones de una forma increíble. Especialmente los dramáticos. “Yo no sé fingir, lo siento tan profundamente que se me saltan las lágrimas”, reconocía una y otra vez. De ahí que la canción española ha sido en su voz una catarata de emoción y música, ¿un poema vivo? Diríamos que sí.