Mar verde


Discos Flamencos
David de Arahal
Rocket Music, 2021
José Cenizo Jiménez


DAVID DE ARAHAL

MAR VERDE

UN MAR DE MÚSICA DE RAÍZ Y VUELO
José Cenizo Jiménez

Siempre es un placer y una gran alegría acercarnos a los jóvenes artistas flamencos de calidad. Son presente y futuro de este arte. Si además, como es el caso de David de Arahal, compositor y guitarrista flamenco, todos hablan últimamente de él... -por algo será-, el gozo se dobla. Tiene sólo veintiún años, natural de Arahal (Sevilla), nuestro segundo pueblo porque ahí estudiamos bachillerato al no poder hacerlo en Paradas, mi pueblo. David ha tenido el atrevimiento, por qué no, de sacar muy joven su primer disco. Una carta de presentación que él mismo apoya con palabras de grandes artistas que ya quisiera cualquiera para sí.


Así, Juan José Suárez “Paquete” dice que tiene el don de transmitir; Ricardo Moreno que “siempre busca la música, una cualidad tan necesaria como la técnica”; Miguel Poveda que es uno de los mejores guitarristas de su generación, “joven sabio”; Antonio Canales encuentra en su toque “un ensueño sin tiempo y un perturbador frenesí” y Riqueni, uno de sus máximos referentes (hay una entrevista a ambos en YouTube, Ver video , del programa “Temple y pureza”), apuesta por él de este modo contundente y que de todas formas el tiempo se encargará -y él con su esfuerzo- de confirmar o no: “El futuro de la guitarra está en sus manos”. Casi nada. ¿Hipérboles? El tiempo lo dirá.

Por ahora, aquí está este tan joven guitarrista, con veintiún años, de ademanes tímidos como Riqueni pero lleno de plenitud como éste, de amor al flamenco, de sencillez y hondura musical y flamenca. Con estas credenciales le han dado a David una responsabilidad enorme, un apoyo sí, pero también una gran responsabilidad a la que esperamos que responda pues no le falta afición, tiempo y entrega. Y aún falta la de José Manuel Gamboa en el prólogo, que habla de su precoz sabiduría y plena entrega a la causa del flamenco, “antes de entregarlo limpio, pulido, con calidad extra”, como la mejor aceituna de los famosos olivares de Arahal.

“Mar verde” -así llamado por alusión al mar de olivos que rodea su pueblo, y el nuestro- es un hermoso y metafórico título. Se declara “profundamente enamorado del flamenco y de la obra de los maestros”. Es decir, este joven tiene la cabeza bien amueblada, las ideas claras, el flamenco puro de oliva, la tradición presente, el futuro apetecible para llenarlo de ideas y de madurez progresiva.

Se compone de once temas, de preciosos títulos: “Romero”, malagueña y abandolao; “Esquimo” (intro); “Gente de bronce” (bulería por soleá, con David El Galli); “Mirando a la luna” (trémolo); “Sueño” (fandango, con Sandra Carrasco); “Campanas de la Victoria” (seguiriya); “Ven acá y llora conmigo” (petenera, con Miguel Poveda); “Una farruca para tus tacones” (con la colaboración de Antonio Canales); “Un grano de arena” (bulerías, con Israel Fernández); “La fontana” (rondeña) y “Mar verde” (soleá). Todos los temas están compuestos por David, al que acompañan, además de los artistas citados, otros como Paquito González en la percusión, las palmas de Dani Bonilla y Jorge Pérez “El Cubano”, los jaleos de Domi Serralbo, Marco Carpio, “El Pirulo”, y el violín de Faiçal Kourrich.

¿Qué ha querido transmitir David de Arahal con este su primer CD? Creemos que su vocación por el flamenco tradicional, reconocible en cada tema, si bien sonando a nuevo, moderno, actual, nunca a pieza de museo como arte que es. También ha querido hacer un homenaje a sus referentes, a los maestros, hasta con una letra de su autoría en “Un grano de arena”: “De Montoya hasta Pastora, / de Chacón a Morente, / de Camarón al de Lucía, / de Sanlúcar hasta Vicente”. // “Cada cual un grano de arena. / Cada cual una importancia / porque sumándolos todos / da lugar a una montaña”. Y a Riqueni, claro, que está muy presente en la visión conjunta del disco, una obra intimista, de toque preciso, claro, con preferencia por la mesura y no la velocidad y el efectismo sin demasiado sentido -enfoque, como dice Gamboa, “dulce y melódico”-.

Riqueni y sus trémolos enriquecen la visión musical de esta obra, como otros aportes de la fuente de la tradición. También ha querido, creemos, ser flamenco de raíz, de su tierra, de su gente, agradecido por tanto, partiendo para su inspiración de lo más próximo -¿de qué si no lo hacen los grandes?- como los olivares de su campo de Arahal, sus maestros de la guitarra, su querida abuela a la que le dedica la seguiriya en directo en la iglesia de la Victoria de Arahal, el amor al baile y al cante, el esquimo que ve nada más salir de su pueblo preludiando la aceituna de septiembre (un tema brevísimo le da nombre, para Gamboa “una aceituna musical de muestra celebrando la cosecha”)...

Ha elegido el mejor camino, el de la hermosa contención adensada y expresiva, el de la proximidad con lo grande -que es lo de cada día-, el de la calidad que viene de lejos pero se queda anclada aún en el presente. Los estilos son de flamenco sin tapujos, las colaboraciones de gran calidad y las justas, las técnicas variadas -nos quedamos con los trémolos, que deberían llamarse desde ya los riquenis-. Ha sabido ser elegante en todo, en la técnica, en la duración de los temas, en las colaboraciones, la variedad musical, en los títulos... Con esa calidad, esa elegancia, ese agradecimiento a los grandes y esa disposición para el mejor futuro con sencillez y a la vez con seguridad y confianza en sus facultades, David se nos antoja, como dicen ya tantos, en una garantía para el futuro de la guitarra. Naturalmente, es muy joven y los años, desde ya, le harán ofrecer obras con mayor ambición y rotundidad para lograr de veras situarse con su discografía (y sus directos) en una referencia sin discusión.

Nos gustó el conjunto, si bien podemos seleccionar especialmente, a nivel personal, algunos temas como “Gente de bronce” (con El Galli), las seguiriyas a la abuela, las peteneras con Poveda, la farruca -bella pieza musical, deleitándose en cada paso y con el baile de Canales- o la rondeña “La Fontana”, pero ya decimos, el conjunto es armónico, de audición muy agradable y sin altibajos de calidad.

David de Arahal abrirá nuevos senderos, tal vez siga por esta senda abierta, tal vez encuentre otros lenguajes, es muy joven, hay que esperar. Por ahora, aprueba más que notablemente con su primer trabajo. No lo vemos joven para este atrevimiento, cuando un artista va a ser grande empieza desde muy joven. Ojalá sea así, por ahora es un buen compositor que adora, como debe ser, a los grandes. Lo que él será a hombros de ellos con el tiempo si se esfuerza al máximo y consigue un lenguaje absolutamente personal. Camino largo por delante tiene y su guitarra lo llevará en volandas. Seguro. Mucha suerte.