Manolo Franco en el Julián Arcas


Opinión
Marcos Escánez


Manolo Franco en el Certamen Internacional de Guitarra Clásica Julián Arcas




Fotografía de Pako Manzano
Se ha escrito mucho sobre ese Giraldillo del Toque que Manolo Franco consiguió en la II Bienal de Arte Flamenco. Realmente fue un concurso con el mejor y más exigente jurado que uno pueda imaginar, compuesto por Paco de Lucía, Serranito, Manolo Sanlúcar y Juan Habichuela; y tuvo que vérselas nada menos que con Pedro Bacán, Tomatito, Rafael Riqueni y José Antonio Rodríguez, entre otros. Victor Monge Serranito me confesó que la decisión fue unánime. Los grandes de la sonanta concedieron el galardón a este guitarrista sin la más mínima duda.

Contar con esta experiencia en la mochila debiera haber sido más que suficiente para que este artista hubiera trazado su carrera en torno a la guitarra de concierto y sin embargo, como más se ha prodigado ha sido en el acompañamiento al cante, comprometido y fiel con aquellos cantaores que tras conocerlo, nunca se han hecho acompañar por otro.

En los años 80 grabó su único disco, titulado “Aljibe” y no hace mucho tiempo, hizo 10 dvd’s didácticos sobre diez palos del flamenco con composiciones personales, que por su propio carácter divulgativo obedecen a criterios de escasa complejidad. En definitiva, que toda la afición flamenca estamos esperando que Manolo se anime y se meta en un estudio para regalarnos un trabajo discográfico a la altura de su calidad artística, y espero, por el bien del flamenco, que algún día suceda.

El día 23 tuvimos la oportunidad de disfrutarlo en el Teatro Apolo. Le acompañó el Chupete en la percusión y Miguel Angel Laguna como segunda guitarra. Abrió con una granaína, algo frío aunque no le costó demasiado entrar en calor e imprimir tensión al final. En solitario también tocó garrotín, soleá y guajiras, y sus dos acompañantes salieron para las piezas de compás: alegrías, fandangos de Huelva, tangos muy en ritmo de Granada y rondeña, que al meterla en compás de bulería se sacrifica profundidad en beneficio del dinamismo.

Su forma de componer no busca la racialidad, el efecto fácil o la dureza de notas al aire. Lejos de esto, desarrolla melodías dulces, de dificultosa ejecución, con cierta retórica en notas agudas o harmónicos. Muchas de esas falsetas que desde hace años le escuchamos cuando acompaña el cante, toman un corpus distinto al hilvanarlas en una estrategia más global.

Un concierto apropiado para el foro porque Manolo Franco es un artista elegante y virtuoso, capaz de satisfacer a los guitarristas flamencos más importantes y exigentes de la historia, y de encandilar a un público no familiarizado con esta disciplina, pero que si saben de guitarra.