Málaga en Flamenco


Opinión
Paco Vargas


MÁLAGA EN FLAMENCO: DE LO VIVO A LO PINTADO



Cuando se organiza un festival de las características del evento malagueño se han de tener en cuenta aspectos muy variados que van desde la calidad artística de los espectáculos hasta su incardinación en el entramado social que lo acoge pasando por la rentabilidad cultural o su trascendencia dentro y fuera del entorno local. Sobre ellos queremos construir esta columna. No sin antes dejar claro de una vez por todas que quien suscribe ha sido y es un impulsor y defensor de “Málaga en Flamenco” desde que naciera en 2005 por mor de una afortunada iniciativa del actual presidente de la Diputación Provincial de Málaga. Sin embargo, lo expuesto no es óbice para mirar el festival con ojo crítico que ayude a construir y seguir creciendo. De otra manera estaríamos contribuyendo con nuestro silencio a que las cosas se sigan haciendo equivocadamente. Así actuamos en la primera edición, ayudando a que se corrigieran defectos para mejorar la segunda, y así hemos actuado en ésta. En ambas, sin embargo, sólo nos movía el interés por Málaga y por el arte flamenco.

Por más títulos que se le pongan a los espectáculos, al final lo que cuenta es el resultado. Y éstos, a pesar de lo que diga el director artístico, no han sido sino una sucesión de galas, mejor o peor organizadas, donde las figuras de siempre han hecho lo de siempre, casi todas bien; los que no lo son, han cumplido con dignidad profesional; y los aspirantes, han vendido su producto como han podido y sabido, que tampoco es para tirar cohetes. La única novedad nos la ha ofrecido el ciclo “Siete producciones nuevas”, para el que se ha escogido un lugar mal difundido y poco apropiado, por su lejanía; de ahí que ninguno de los espectáculos haya conseguido llenar un recinto –el del Teatro Las Lagunas de Mijas, nuevo y con las condiciones técnicas apropiadas- que tiene un aforo que apenas llega a las cuatrocientas butacas. En este sentido, la dispersión geográfica de “Málaga en Flamenco” es un hándicap que debieran resolver para posteriores ediciones si no se quiere volver a caer en el error de esta edición en la que a la “Ceremonia de Iniciación” (Dolmen de Menga de Antequera, 7 de julio) asistieron quinientas personas a un espectáculo que se preveía multitudinario. Y esa ha sido la tónica general en la cita malagueña, excesivamente larga y con un calendario inadecuado, otro error que se debiera corregir. La programación, en fin, ha resultado excesiva y claramente sesgada hacia los gustos estéticos del director artístico, que no tienen por qué ser los de la sociedad flamenca malagueña –que algo tendrá que decir-; ni ha respondido a las expectativas que despierta el arte flamenco actual. Así las cosas, “Málaga en Flamenco” no ha logrado la natural imbricación de los malagueños ni ha procurado la llegada de un turismo cultural selecto que haga suya la propuesta.

Sin entrar en su rentabilidad económica, pues ya sabemos que la cultura no es un negocio –aunque sea una industria que mueve miles de millones-, parece razonable exigir que culturalmente sea rentable, toda vez que su elevado presupuesto ha salido de las arcas públicas. Aunque por lo visto, nada obedece al entusiasmo; pero es cierto que para conocer su trascendencia interior y exterior habrá que esperar a lo que digan los tiempos venideros.

Con todo, “Málaga en Flamenco” es un festival necesario para Málaga y para el arte flamenco, que hay que apoyar desde la crítica constructiva con el fin de mejorarlo y conseguir que sea un referente obligado en el calendario flamenco mundial. Saludemos con alegría lo bueno –que lo ha tenido en cantidad y calidad- y sigamos trabajando para conseguir el concurso de todos los sectores del flamenco malagueño. Sólo así, y tomando las decisiones oportunas, llegará el triunfo perseguido.

CICLO SIETE CARACOLAS: “DE JUAN BREVA A MARÍA ZAMBRANO”

Lugar, fecha y hora: Vélez-Málaga, Plaza de la Constitución, 25 de agosto 21:00 horas
Aforo: Tres cuartos de entrada.
Cante: Enrique Morente
Coros y compás: Ángel Gabarre, Pepe Luís Carmona, José Enrique Morente y Pedro Gabarre.
Guitarras: David Cerreduela y Monty
Percusión: Bandolero

Los títulos de los espectáculos –a los que tan dado es el director artístico del festival-, por muy bonitos y poéticos que sean, no suelen hacer justicia a su contenido pues o no llegan o se pasan. Lo que empezó siendo de “Juan Breva a Picasso” acabó sustituyendo al pintor por la filósofa veleña María Zambrano –para agradar a los paisanos, supongo-, de tal modo que el título final quedó así: “De Juan Breva a María Zambrano”. Y que más da, dirán algunos. Pues sí importa, por cuanto los programas –única información que se ofrece a los espectadores- deben contener lo más fielmente posible los pormenores del espectáculo y éste ajustarse a lo que se ha comprado con la entrada: ni se cantó por mirabrás, ni existió el “Inédito de Pablo Picasso”, ni vimos bailar a Pedro Gabarre. Y ya que hemos empezado con los aspectos organizativos, no podemos entender que se diga al personal que no hay entradas cuando dentro había próximo a cien sillas vacías, que serían probablemente la de los invitados protocolarios. No parece justo que se deje fuera a espectadores dispuestos a pagar y es poco inteligente ser tan estricto con las acreditaciones de prensa cuando hay tanta localidad vacía. Menos protocolo y más facilidad para quien verdaderamente le interesa y trabaja por el flamenco. Pero al parecer es inevitable que esto suceda en "Málaga en Flamenco", quizá porque el peso de la política se hace notar más que en otros eventos de características parecidas.

La actuación de Enrique Morente fue de menos a más, como suele ser corriente en el maestro granadino: comenzó cantando fandangos abandolaos, sin perder el tono de la Panda de Verdiales de los Romanes que abrió el espectáculo, recordando a Cayetano Muriel “Niño de Cabra”, enlazados con dos malagueñas la estilo de El Canario y La Trini rematadas con cantes de Juan Breva y fandangos de Granada. Luego vendrían las cantiñas y las cabales –reinventadas e interpretadas de acuerdo con las facultades justas del cantaor-. En las soleares, sin embargo, descubrimos que el lugar no era el más apropiado para el espectáculo: un borracho pesado dio otro “espectáculo” cuando desde lo alto de una muralla –llena de gente- increpaba al artista hasta que éste le contestó con arte y sabiduría aconsejándole que no bebiera más y lo dejara en paz. Algo que debió hacer un servicio de seguridad inexistente. Así, y con todo, Morente demostró oficio y maestría en la larga serie que interpretó.

Tras el homenaje a María Zambrano, “El agua ensimismada” –a compás de bulerías lentas-, dejó Morente un dramático y bien construido cante por seguiriyas, con acertados recuerdos a Manuel Torre, Tomás Pavón y Curro Dulce; una innecesaria y desdibujada “Carta de Miguel Cervantes” y un cante por tonás, hechas al alimón con su hijo José Enrique, su concuñado Ángel Gabarre y Pepe Luís Carmona. En esos momentos lloraba el cielo.

Ciclo: “Siete Producciones Nuevas”
Espectáculo: “Puertas Adentro”

Lugar, fecha y hora: Teatro Las Lagunas de Mijas, 26 de agosto, 20:00 horas
Aforo: Tres cuartos de entrada
Baile: Antonio “El Pipa”, María del Mar Moreno, Macarena Ramírez, Christian de los Reyes, Marta Fernández de Córdoba, Alejandra Gaudí, Sandra Rosan, Marina Ayala, Ana Utrera.
Cante: Juana “La del Pipa”, Montse Cortés, Enrique “El Extremeño”, Morenito de Íllora y Diego Camacho “El Boquerón”
Guitarras: José Luís Montón y Pascual de Lorca.
Música: José Luís Montón.
Dirección y Coreografía: Antonio “El Pipa”.


Un hermoso poema de Miguel Hernández sirve como hilo conductor y columna argumental de la obra que el bailaor de Jerez, Antonio Fernández Ríos “El Pipa”, traía a la segunda edición de “Málaga en Flamenco” tras erigirse en el triunfador de la primera. La muerte, la vida y el amor suponen tres momentos escénicos –divididos a su vez en tres cuadros cada uno de ellos- que sobrecogen al espectador en la tragedia para reconciliarse con él en el nacimiento de una nueva vida y el triunfo del amor, mientras transita por la fiesta familiar para celebrar la alegría y el olvido del dolor. Momentos inspirados en la muerte de su madre, el nacimiento de su hija y los recuerdos de un niño que rememoran otros tiempos en los que la familia era sostén afectivo y escuela natural donde se aprendía de los mayores.

Y para eso, Antonio “El Pipa”, ha montado un espectáculo que, aunque falto de ritmo, cumple con los objetivos propuestos en el guión: contar una historia sencilla en clave flamenca y no aburrir al respetable. Ambos conseguidos, a mi entender.

Si exceptuamos la desafortunada interpretación de la petenera con la que abrió el espectáculo Montse Cortés –que mejoró en el resto de su actuación-, el cante de Juana la del Pipa, “El Extremeño”, Morenito de Íllora y “Boquerón” tuvo momentos de grandeza y dramatismo jondo. Las guitarras, muy apagadas durante todo el espectáculo, cumplieron con su papel. Sin embargo, el baile rayó a gran altura. Con momentos de grandeza artística cuales fueron los de María del Mar Moreno, por bulerías, y los de Antonio, por seguiriyas y soleá. El cuerpo de baile cumplió sobradamente, con pinceladas de arte y gracia (baile por guajiras); y el niño, Christian de los Reyes, siendo necesario, tiene una excesiva presencia en el espectáculo.

Una sencilla pero clarividente escenografía, un vestuario elegante, espectacular y lleno de colorido flamenco; junto al correcto funcionamiento de las luces y el sonido, fueron al marco preciso para una obra que, una vez terminada de rodar, será un éxito allí donde vaya.


Ciclo: “Sólo apto para menores”
Espectáculo: “Ocho territorios”

Lugar, fecha y hora: Teatro Las Lagunas de Mijas, 2 de septiembre, 20:00 horas
Aforo: Media entrada
Panda de Verdiales “Retoño de los Montes”
Piano: Sergio Monroy
Cante: Gema Jiménez, Antonio “Pitingo”, María José Pérez,
Guitarra solista: Niño Seve
Baile: Sergio Aranda, María José León, Patricia Guerrero.
Cante para bailar: Pepe León “El Ecijano”, Simón, Morenito de Íllora, Antonio Campos, Juan Ángel Tirado
Guitarras de acompañamiento: Eduardo Rebollar, Juan Requena, Antonio Rey, Juan Habichuela Hijo, Manuel León, José Luís, Miguel Ochando, David Carmona
Percusión: Israel “Katumba”, Juan Heredia

Ocho representantes de las distintas facetas artísticas del flamenco, cada cual en nombre de su provincia, llegaron al Teatro de Las Lagunas de Mijas con el fin de demostrar que a los jóvenes también les interesa el flamenco, aunque es cierto que en la sala medio vacía apenas si había jóvenes. Los protagonistas del espectáculo sí lo son: menores de 27 años, por aquello de que en esta edición de “Málaga en Flamenco” todo tiene que tener relación con el número siete, venga o no a cuento. Profesionales en ciernes y algunos en vías de consagración elegidos por la organización, como se podrían haber elegidos otros. Pero hablemos de lo que vimos y escuchamos.

“Se trata de un espectáculo que sintetiza de alguna forma todo el ciclo de menores planteado, pues mostrará de una forma fidedigna la cantidad y calidad de la nueva generación de artistas flamencos que vienen abriendo las puertas del siglo XXI”. Son palabras del director artístico en la rueda de prensa anterior al espectáculo. Pero claro, una cosa son las palabras y otra bien distinta los hechos, pues a lo largo de las tres horas que duró la gala poco hubo que propiciara la emoción si exceptuamos el baile de María José León (bulerías por soleá) y Patricia Guerrero (seguiriyas) y algunos detalles de la almeriense María José Pérez (malagueña de Chacón, tarantos y cantiñas) y el pianista gaditano Sergio Monroy. Antonio “Pitingo” no salió en condiciones de cantar, Gema Jiménez hizo tarantas y una serrana que certificó su falta de conocimiento, Sergio Aranda salta más que baila y Niño Seve parece que está tocando en su cuarto mientras ensaya.

Si a la falta general de calidad artística añadimos los errores del programa de mano, que confunde más que informa, y la innecesaria inclusión de la Panda de Verdiales -¡que empacho de verdiales!-, pues hemos de calificar el espectáculo como aburrido y pobre. Si ese es el futuro, yo me bajo en el presente.


Ciclo: “Sólo apto para menores”
Espectáculo: “Tres mujeres”

Lugar, fecha y hora: Teatro Ciudad de Marbella, 3 de septiembre, 21:00 horas
Aforo: Menos de media entrada
Cante: Argentina y Carmen Grilo
Baile: Pastora Galván
Compás: Bobote, Torombo, Carlos Grilo, Luís Cantarote
Guitarras: Eugenio Iglesias, El Bola, Manuel Iglesias
Percusión: Paco González

Con apenas cien personas y quince minutos de retraso comenzó el espectáculo “Tres mujeres”: tres formas de entender el arte flamenco, tres estéticas, tres estampas. La pena es que su belleza sólo la pudieran disfrutar tan escaso número de público, algo que ya empieza a ser habitual en “Málaga en Flamenco” lo cual no es bueno ni para el flamenco ni para Málaga.

María López Tristancho (Huelva, 1984), “Argentina”, dejó el mejor recuerdo a la noche y nos emocionó en algunos momentos de su feliz actuación. Cantó bien y por derecho, aunque demostrara bisoñez en algunos estilos por soleá, su cante menos afortunado. Salió por tangos, demostrando un amplio conocimiento de sus distintos estilos, para continuar con una malagueña al estilo de El Canario adornada con un fandango de Frasquito Yerbabuena, soleares de Alcalá, cantiñas y fandangos de Huelva. Tiene una voz limpia, exenta de artificios, limitada en los tonos agudos, pero cálida y plena de registros. Sabe lo que canta y maneja el compás con soltura. Triunfó por derecho propio, pero no debe dormirse en los laureles. Aquí sí está el futuro.

María del Carmen Grilo Mateos, “Carmen Grilo” (Jerez, 1984), no estuvo mal en general, aunque afecta mucho la voz cuando intenta tonos y formas que no le pertenecen ni creo que le convengan: entre aquellas viejas cantaoras y ella median muchos años y un concepto del cante distinto y distante. El excesivo abuso de los babeos afean su cante y no añaden nada nuevo: eso ya lo hacía Pastora Pavón, que disponía de aquella velocidad en la voz y aquella técnica única heredada de Chacón. Con todo, Carmen Grilo, resolvió dignamente su actuación por milonga, seguiriyas (hay que estudiar más a Sernita), cantiñas, soleares y bulerías, su mejor cante.

Pastora Galván (Sevilla, 1980), instalada definitivamente en la escuela de su hermano Israel, bailó por soleá emulando a su maestro, pero reivindicando un papel para sí que le pertenece justamente cuando baila en mujer: por más evolucionado que esté el baile flamenco, siempre existirá una indeleble diferencia entre el baile de hombre y el de mujer. Luego, tras una cartagenera a cargo de David Lagos –cantaor de atrás que merece otro sitio-, bailó alegrías, esplendente en su vestido de cola, graciosa. Sencilla y emocionante, personal y majestuosa en algunos momentos: mueve la bata de cola con desparpajo y elegancia, sin dejar de ser ella y aportando matices propios que la distinguen.

Las tres mujeres se unieron al final para cantar y bailar por fandangos de Alosno y al estilo de Enrique El Almendro: Argentina y Carmen Grilo cantaban y Pastora les contestaba con sus pies como si fueran las cuerdas de una guitarra, algo que vimos hacer a Israel Galván en el último Festival Internacional del Cante de las Minas.


Ciclo: “Siete producciones nuevas”
Espectáculo: “Pele Ando”

Lugar, fecha y hora: Teatro Las Lagunas de Mijas, 9 de septiembre, 20:00 horas
Aforo: Menos de media entrada
Cante: El Pele
Baile: Anabel Moreno
Guitarras: Niño de Pura y Antonio Patrocinio
Contrabajo: Manolo Nieto
Teclado: Alberto Miras
Arpa: Luisa Domingo
Percusión: Israel Carrasco
Coros: Sandra Carrasco, Rafael de los Reyes, y Macarena de la Torre

No se puede decir que el espectáculo que traía El Pele a “Málaga en Flamenco” sea malo, pero tampoco que es una producción nueva por cuanto parte de lo expuesto ya lo habíamos escuchado en el pasado Festival Internacional del Cante de las Minas, sólo que allí compareció con el único acompañamiento de Niño de Pura y el orden de los cantes fue otro. Sea como fuere, lo importante es que entre aquélla y ésta nada nuevo hubo bajo los focos si exceptuamos el intento de una “malagueña nueva”, hecha sobre la base del fandango abandolao al estilo de Pérez de Guzmán vía Cojo de Málaga; las alegrías-guajiras, que devinieron en colombianas; y el poema “Alfonsina y el Mar”, al que sólo añadió algún matiz flamenco pero no supo encontrarse en la intimidad de la dramática despedida que rezuman sus versos: cuando se canta poesía, además de cuadrar su estructura literaria para adaptarla a la música flamenca, se debe entrar en su interior para hacerla creíble. Por eso los gritos no le sentaron bien a una composición poética escrita para ser susurrada.

El Pele es un cantaor en estado puro al que los experimentos no le sientan bien: la estética morentiana sólo es capaz de ponerla en práctica –cuando las facultades le acompañan- quien la creó; los demás, unos con peor fortuna que otros, acaban estrellándose cuando se enfrentan a la depurada técnica del maestro granadino. Reivindicamos, por tanto, al joven Pele de “La Fuente de lo Jondo” y el de sus mejores años, cuando tenía por compañero habitual al gran Vicente Amigo. Es decir, siguiendo el consejo de otro de sus maestros, Manolo Caracol, nos atrevemos a aconsejar aquello de “el cante no es para sordos”.

Si en la granaína de Aurelio Sellés, que cantó con gusto y respeto al maestro gaditano, y la malagueña de Chacón demostró conocimiento ligándolas sin sobresaltos, la larga serie por soléa dejó satisfecho ala respetable, sobre todo en los estilos de Alcalá; las alegrías –ligadas en su remate con la guajira y la colombiana (para que bailara Anabel Moreno)- las sometió a tesituras casi imposibles y a las seguiryas de Jerez, Cádiz y Los Puertos les aportó un carácter fieramente humano; sin embargo, estuvo correcto en el taranto y la cartagenera e inspiradamente marchenero en la taranta; los tangos fueron de Extremadura, y los ya conocidos de sus dos últimos discos; y en las bulerías, de nuevo el baile. Antes habíamos escuchado a Antonio Patrocinio ejecutar un hermoso toque en solitario por tarantas. Y como final, el ya citado poema, que sólo invitó a la emoción en sus primeros versos musicados por la exquisitez del arpa; porque, como ocurrió a lo largo de todo el recital, el grito le ganó la batalla al gusto, siempre tan necesario en el cante flamenco.


Ciclo: “Sólo apto para menores”
Espectáculo: “Cuatro imágenes”

Lugar, fecha y hora: Teatro Ciudad de Marbella, 14 de septiembre, 20:00 horas
Aforo: Menos de media entrada
Cante: Jesús Méndez y La Tremendita
Guitarras solistas: Alejandro Moreno y Antonio Rey
Baile: José Maya
Cante para bailar: Simón Román y Antonio “El Ingueta”
Guitarras de acompañamiento: Antonio Rey, Jesús del Rosario y Salvador Gutiérrez
Percusión: Juan Ortigosa y Lucky Losada
Compás: “El Manteca” y Manuel Cantarote

enos de cien personas presenciamos un pobre espectáculo, aburrido y plúmbeo más propio de la ramplonería flamenca que de un evento llamado a ser una de las grandes citas flamencas de España, pero que está haciendo aguas por todas partes: en lo artístico, en lo organizativo y en su poder de convocatoria. Es una opinión generalizada que desde esta tribuna sólo nos preocupamos de recoger sin poner ni quitar nada.

Las “cuatro imágenes” salieron desenfocadas al proscenio, cuya escenografía era la misma que en el anterior espectáculo “Tres mujeres”, algo natural por cuanto el argumento –al margen de títulos- era exactamente el mismo: poner en escena el cante, el baile y el toque; sólo que en esta ocasión los protagonistas eran otros y, por lo tanto, el resultado fue muy distinto.

Desconocemos los criterios –fueraparte el ya consabido ser menor de 27 años- que la dirección artística ha establecido para seleccionar a los artistas de éste y de otros espectáculos -incluidos los protagonizados por artistas consagrados "aptos para todos los públicos"-; pero no podemos creer, porque no es cierto, que no haya otras “imágenes” algo más nítidas de las que vimos el 14 de septiembre en Marbella.

A lo largo de las dos horas que duró la gala, no hubo ni un solo momento en el que la expectación y el gozo despertaran el corazón de este crítico. Y no se me diga que si los espectadores aplauden al final es que la cosa ha tenido éxito: en este caso, los amigos y los familiares de los artistas cumplieron a la perfección con su papel de clac. Y, además, a qué engañarnos, el público que suele acudir es en general complaciente y escasamente crítico debido, sin duda, a una escasa y confusa formación flamenca.

Si hemos de salvar algo, para que no se diga que sólo vemos lo negativo, salvamos la actuación de Jesús Méndez (soleares, seguiriyas y bulerías) que, a pesar de la guitarra de Antonio Rey que nunca quiso ayudarle, cantó por derecho y sin tapujos de acuerdo con las líneas estéticas de su tierra jerezana. Con otra guitarra hubiera lucido esplendente pues canta con sentido y conocimiento, y es dueño de una voz muy flamenca que sabe decir el cante desnudo, exento de mentirijillas y adornos fatuos.

Alejandro Moreno hizo las dos piezas previstas en el programa, una malagueña con abandolao, sencilla y manida; y los tangos, sin aire y con escasa técnica. Los nervios a flor de piel, pero si se cobra como un profesional se ha de actuar como tal.

José Maya intentó el baile por alegrías y soleá, pero el resultado final en ambos bailes fue una interminable y variada serie de posturas y saltos hechos a compás de bulerías. Y eso que Simón Román le cantó para que bailara bien.

Antonio Rey, que no estaba programado como concertista, recordó a Paco de Lucía en una pieza que sólo sirvió para hacer bueno al maestro algecireño.

Y, en fin, Rosario “La Tremendita” (zambra, tangos, milonga y bulerías), acompañada por un correcto Salvador Gutiérrez, no tuvo su noche y demostró, además, que debe mejorar su técnica si quiere seguir cantando.


Ciclo: “Sólo apto para menores”
Espectáculo: “Cinco sensaciones”

Lugar, fecha y hora: Teatro Ciudad de Marbella, 17 de septiembre, 21:00 horas
Aforo: Menos de media entrada
Cante: Sergio Gómez “El Colorao” y María Toledo
Guitarra solista: Javier Conde
Baile: Ana Pastrana y Daniel Navarro
Cante para bailar: Simón Román, Antonio Campos y Nuria Martín
Guitarras de acompañamiento: Paco Cortés, Juan Requena, José Antonio Conde, Francisco Vinuesa y Niño Javi
Percusión: Miguel Ortiz “El Nene”

Como muy aceptable y digno podemos calificar el espectáculo que presenciamos el día 17 de septiembre en el Teatro Ciudad de Marbella. La pena es que lo pudiera disfrutar tan poca gente, pues el público, una vez más, apenas si ocupaba la mitad del patio de butacas.

Esta vez, sí, los jóvenes demostraron que entre tanto artista mediático y tanto aspirante a artista hay gente que merece ser tenida en cuenta y que está en el camino de la mejor profesionalidad y probablemente del triunfo.

Abrió la gala el guitarrista cacereño Javier Conde, ganador del Premio “Bordón Minero” en el Festival Internacional del Cante de las Minas y finalista del último Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba en el que incompresiblemente se le negó el Premio “Manolo Sanlúcar” (guitarra de concierto). Su técnica está a un nivel muy superior de cualquier guitarrista de su generación (apenas tiene 20 años) y, ya sea mirándose en el espejo de Sabicas o en el de Paco de Lucía, encandila y conecta a la primera con el respetable, que queda sorprendido ante semejante virtuosismo. Fue, sin duda, el triunfador de la noche Los seis temas que hizo -dos de ellos acompañados por el padre, José Antonio Conde, su maestro y mentor- llenaron la sala de los mejores sonidos flamencos tocando la guitarra como siempre, pero advirtiendo de su incipiente maestría que, una vez madurada artísticamente, será la de la creación y los rasgos propios que definen al artista de quien no lo es. Ciertamente, fue una gozada poder escucharlo.

Ana Pastrana baila adoptando las formas correctas del baile clásico, pero tanta exactitud le resta espontaneidad, sensualidad y gracia; aunque en contraposición aporta elegancia y finura. Su baile fue un “totum revolutum” donde se mezclaron la salida por malagueñas con los tientos y tangos, rematados con un fandango abandolao, para enlazar con los Cantes del Piyayo entrando de nuevo en los tangos. Con un cuadro atrás algo más puesto, fueraparte la voz flamenca de Nuria Martín, el resultado hubiera sido más exitoso.

Sergio Gómez “El Colorao”, hijo del cantaor granadino Antonio Gómez “El Colorao”, cabeza visible de una familia flamenca de la mejor tradición, mejora por días y tuvo una actuación brillante y llena de matices propios amén de afortunados recordatorios en las soleares al estilo de Cobitos y Pepe el de Jun. En la vidalita estuvo fino y sensible; y en la farruca, original y armoniosamente distinto. Y, además, en el cante por bulerías y por tangos finales demostró que maneja el ritmo y el compás con soltura y está llamado a dejar momentos de gozosa gloria. Si mayoritariamente se dio a conocer en el último Festival Internacional del Cante de las Minas al conseguir dos importantes premios por vidalita y soleá, en esta edición de “Málaga en Flamenco” ha concitado los parabienes de crítica y público, lo cual es una muy buen señal que él debe seguir manteniendo encendida.

No le ocurrió igual a María Toledo, que parece haberse estancado en un concepto del cante que siendo clásico debiera abrir las puertas a la libertad propia de todo arte. Nos gustó más en el Festival de Jerez, lo cual no quiere decir que en Marbella estuviera mal. Dispone de una voz segura que quizá no sorprenda pero es siempre una garantía. Comenzó haciendo tonás campesinas y debla y acabó con la zambra de Caracol, y entremedias cantó peteneras y cantiñas. Gustó y estuvo acertada y profesional. Razones suficientes para darle nuestro aplauso y nuestro aliento.

El cordobés Daniel Navarro, Premio “El Desplante” en el Festival Internacional del Cante de las Minas, salió magníficamente acompañado y bailó, con esa fuerza y esa bravura que lo caracteriza, por alegrías, que en su remate ligó con el baile por soleá –quizá sería más preciso decir bulería por soleá-, para concluir de manera variada y excesiva por bulerías. Se dejó la piel en el escenario y los cálidos aplausos del respetable se los ganó con el sudor de su cuerpo. Cuando está inspirado, baila en hombre y sabe recabar la emoción del público.

Al final, una fiesta por tangos, con todo el elenco, demostró que María Toledo desconoce el oficio de cantaora para bailar –una escuela imprescindible para cualquier profesional del cante- y que Ana Pastrana tiene que aprender expresión corporal y así mostrarse más suelta; pero con todo, fue el broche de oro a un espectáculo hecho por jóvenes –éstos sí- con futuro.

Ciclo: “Siete Producciones Nuevas”
Espectáculo: “De entre la luna y los hombres”

Lugar, fecha y hora: Teatro Las Lagunas de Mijas, 18 de septiembre, 21:00 horas
Aforo: Menos de media entrada
Baile: Fuensanta “La Moneta”
Cante: Eva Durán
Guitarras: Miguel Iglesias y Paco Iglesias
Percusión: José Carrasco
Compás: “El Eléctrico” y “Torombo”
Música: Miguel Iglesias
Dirección: Hansel Cereza
Coreografía: Fuensanta “La Moneta”
Guión y producción: Raúl Comba
Textos: Ángeles Mora y Teresa Gómez

Unas bulerías lentas de Luís de la Pica, en la sola voz grabada de Jaime Heredia “El Parrón”, abren un espectáculo novedoso, flamenco y plásticamente muy hermoso. Los recursos utilizados en la coreografía son muy originales y los medios técnicos de ahora son empleados con inteligencia y un sentido exquisito y elegante de la estética flamenca. Y todo eso, para contar una historia, que es la historia de siempre: la lucha de la mujer por ser ella y no lo que los otros quieren; la lucha por la libertad, que siempre ha de estar en lucha.

Precisamente, libertad es lo que se respira a lo largo de toda la obra: libertad de formas y de contenidos, un concepto clásico del baile flamenco para una estética propia, la de Fuensanta “La Moneta”, que estuvo en artista y muy consciente de lo que tenía entre manos.

Pero su lucimiento hubiera sido menor sin el cante, siempre ajustado, de Eva Durán y la excelente música de Miguel Iglesias. Y, por supuesto, nada hubiera sido igual sin la escenografía, tan singular como sorprendente, en la que la abstracción se adueña de las pupilas del respetable hasta envolverlo en ella. Es magnífica la idea y la dirección de Hansel Cereza, sin olvidar al amplio equipo técnico que funcionó como un reloj.

En blanca estampa, la joven granadina bailó la malagueña de La Trini, redondeada con la rondeña y la jabera; para entrar en la melancolía perdedora de la guajira y explosionar en el sueño de la farruca, vestida con un esmoquin negro de diseño libre y moderno, a la par que funcional, que mostraba a una mujer libre y moderna. (Hacemos un paréntesis para mencionar la taranta intrusa –cantada al estilo de la conocida como “A mi Gabriela” de Pastora Pavón- que, de acuerdo con nuestro parecer, resultó innecesaria). Pero la realidad se impone en un cara a cara virtual que se hace palpable cuando La Moneta irrumpe de nuevo, sola en la soleá majestuosa, limpia de caballos, sin artificios rebuscados, creciéndose a través de sus brazos eternos hasta llegar a la estatura del baile con mayúscula.

Sin embargo, es en la seguiriya final, la del reencuentro con ella misma, cuando la pasión del rojo –qué acertadas las transiciones- envuelve toda la emoción que antecede a lo inesperado. Toda la bata de cola roja fue un baile trágico y quizá desbocado: sublime y esplendente, pues es precisamente ahí donde La Moneta se encuentra en su elemento y luce más que en otros estilos del baile.

La falta de ritmo inicial del espectáculo es achacable a la complejidad técnica de una obra que, una vez terminada de ajustar, será aplaudida en los escenarios de los mejores festivales flamencos.

Ciclo: “Sólo apto para menores”
Espectáculo: “Siete mundos”

Lugar, fecha y hora: Teatro Ciudad de Marbella, 19 de septiembre, 21:00 horas
Aforo: Media entrada
Cante: Enrique Morente, hijo, Nazareth Cala, Ríos Cabrillana y Rubito de Pará, hijo
Guitarras solistas: Manuel de la Luz y David Carmona
Baile: Encarna López, Moisés Navarro y Fátima Navarro
Cante para bailar: “Genara”, Guadiana, Antonio Campos y David Lagos
Guitarras de acompañamiento: Fernando Moreno, Juan Carmona, nieto, Niño Seve, Juanma “El Tomate”, Curro de María, Gaspar Rodríguez, Luís Santiago, Paco Javier Jimeno y Antonio Carrión
Percusión: Juan González, “Antón” y “El Pájaro”
Compás: Rafael del Pino, Miguel del Pino, Amara Navarro, Sarai Navarro, Rocío Navarro y “Juanico”
Flauta y saxo: Ignacio “El Búho”

Tres horas de espectáculo dan para mucho y llenarlo de contenido no es fácil: la cantidad y la calidad no siempre van de la mano y hacer que coincidan es tarea complicada pues muchos son los factores que lo impiden. Y eso fue lo que ocurrió en la última gala del ciclo “Sólo apto para menores”, que hubo cantidad mas no calidad, si exceptuamos detalles sueltos de alguno de los jóvenes que pisó el escenario. Y es que algunos son muy jóvenes para someterse a la tensión del proscenio sumido en la oscuridad de la incertidumbre.

Si Manuel de la Luz estuvo bien acompañado y dignamente aceptable tanto en los fandangos de Huelva como en las bulerías, con lejanos recuerdos a Niño Miguel, aquel guitarrista que iba para genio y que anda tirado por las calles de Huelva; Enrique Morente, hijo, fue el vivo retrato de su padre tanto en las granaínas como en las bulerías, pero con diecisiete años: tiene toda una vida por delante y tiempo para estudiar. Lo acompañó Juan Carmona, nieto del maestro granadino, Juan Carmona “Habichuela”, que nos sorprendió con su toque ajustado y preciso: de casta le viene al galgo, que se dice.

La gaditana Nazareth Cala, ya con edad suficiente para empresas mayores, sigue sin encontrar el camino del cante propio, pero el que interpreta lo hace sin convicción: ni en las soleares ni en las cantiñas logró la altura de la emoción. Bajo mi punto de vista, creo que ha tocado techo.

Los hermanos malagueños Moisés y Fátima Navarro salieron a bailar muy bien acompañados de nueve músicos, algunos de experiencia y nombre cuales son Curro de María, Gaspar Rodríguez, Guadiana o “Genara” –¡qué voz interpretando música negra aflamencada!-, para ofrecer un espectáculo de tablao pero con mucha fuerza y pasión: son dos jóvenes que si se toman en serio su carrera serán dueños del triunfo no tardando mucho tiempo: tangos, jaleos y seguiriyas fueron suficientes para enardecer al respetable, algo apagado con las actuaciones anteriores.

El guitarrista granadino David Carmona lleva tiempo luchando por hacerse un hueco en el cuadro de honor de los concertistas de ahora, pero para conseguirlo va a tener que dedicarse en cuerpo y alma a la sonanta: sin tocar mal, no logró concitar los elogios del público pues si en la soleá le faltó fuerza y limpieza, en la taranta se enredó en las cuerdas.

El malagueño, de El Burgo, Ríos Cabrillana –que salió acompañado por Paco Javier Jimeno, el único guitarrista de acompañamiento que provocó los aplausos del respetable- sigue cantando como le dicen, aunque no apreciamos en él una evolución clara tanto en el conocimiento del cante como en su interpretación. Se atiene a las formas clásicas del cante, que dichas sin matices resultan anodinas. Con todo, ejecutó de manera correcta las malagueñas al estilo de Chacón y La Peñaranda –ésta a ritmo abandolao, siguiendo la escuela de La Niña de los Peines-, y los fandangos, que hizo al alimón con Rubito de Pará, hijo; cantaor que salió junto al ya citado para, en compañía de Antonio Carrión –siempre una garantía-, dejarnos los referidos fandangos y antes un cante bien conseguido por seguiriyas siguiendo los estilos de El Nitri y El Mellizo de acuerdo con las enseñanzas de Mairena, escuela a la que está adscrito y en la que parece sentirse cómodo.

Encarna López, bailaora cordobesa de última generación, interpretó la mariana, que en realidad fueron tangos; un polo sin compostura –también en el cante- y como remate un taranto que también resolvió por tangos. Muy guapa, muy cordobesa, pero con mucho camino por recorrer hasta llegar a ser considerada una bailaora de verdad.

El fin de fiesta por alegrías, al que no compareció el joven Morente debido a una indisposición, no hizo sino corroborar lo dicho al inicio: que la cantidad no siempre es sinónimo de calidad. Sólo sirvió para alargar innecesariamente un espectáculo que al final resultó aburrido.


ARCÁNGEL 5.1
Ciclo: “Siete producciones nuevas”

Espectáculo: “Zambra 5.1”
Lugar, fecha y hora: Teatro Las Lagunas de Mijas, 26 de septiembre, 21:00 horas
Aforo: Casi lleno
Cante: Arcángel
Baile: Pastora Galván
Guitarras: Miguel Ángel Cortés y Daniel Méndez
Piano: David Peña Dorantes
Percusión: Chico Fargas
Dirección artística: Arcángel
Dirección audiovisual: Manolo Correa
Producción: Toni García

Es la segunda vez que en la segunda edición de Málaga en Flamenco salimos sorprendidos y satisfechos. La primera fue con el espectáculo de la bailaora granadina Fuensanta “La Moneta”. El espectáculo responde al título del ciclo, “Siete producciones nuevas”. Y en él asistimos a la contemplación del talento y la belleza sin tener que aguantar la vulgaridad de la provocación gratuita e inútil. Y es que el arte, que parece estar a disposición de todo el mundo, sólo está al alcance de muy pocos; por eso es imprescindible saber distinguir entre aquellos que son artistas y los que no lo son. Y Arcángel lo es.

No está equivocado el compañero de la crítica Manuel Bohórquez cuando en el programa de mano tilda el espectáculo de revolucionario. Es la palabra que quizá mejor lo defina, si entendemos como tal lo que rompe con lo ya conocido para ofrecer nuevas formas y una ética del arte que en el arte flamenco raramente se da.

En la obra, Arcángel, se hace acompañar de los mejores: cuatro excelentes músicos cuales son Miguel Ángel Cortés, Daniel Méndez, David Peña Dorantes y Chico Fargas; dos guitarras flamencas pero con distintos conceptos del toque, un gran pianista –que aquí, por razones de guión, se mira en Arturo Pavón para crear un música nueva para la zambra-, y un percusionista que maneja los tempos del compás flamenco de manera discreta y exacta. Todos junto a una bailaora, Pastora Galván, que baila hermosa y provocadora recordando siempre a la inigualable figura de la inolvidable Lola Flores, que nunca fue bailaora, contribuyendo con su elegancia y sus exquisitas y sutiles formas a redondear el esquema estético de un espectáculo pensado para una pareja artística como ellos ¿Y por qué no? Y, además, la participación virtual del torero Javier Conde que ilustra el cante con arte y virtuosismo de salón.

Arcángel es el centro y sobre él recae todo el peso del espectáculo, pues permanece durante toda la obra en el escenario, quitando los minutos en los que Caracol y Lola declaran su pasión amorosa en un excelente montaje audiovisual de Manolo Correa. Canta seguiriyas, soleares, una saeta –qué fuertes y qué acertadamente conmovedoras las imágenes a las que pone voz el cantaor-, fandangos, cantiñas, bulerías, zambras y malagueña; todos cantes que Caracol llevaba en su repertorio y que conocemos a través de sus numerosas grabaciones. Cantes todos hechos de acuerdo a las cánones clásicos del cante flamenco, pero conforme con el concepto cantaor de Arcángel, que nunca imita al maestro sevillano sino que reivindica su estética y, sobre todo, su libertad creadora ¿Acaso el verdadero arte no se sustenta sobre la libertad de quien lo crea? Es decir, el cantaor onubense nunca pretende rescatar a un Caracol inimitable; sino sus formas, rupturistas y revolucionarias, opuestas a la autocomplacencia y el conformismo de quienes piensan que en el flamenco está todo inventado.

El espectáculo, sostenido en una estructura narrativa dividida en cuatro capítulos (La cárcel del cante, Pureza caracolera, Zambra y Final), acaba reivindicando la personalidad de un artista joven, valiente, libre, provocador y único, que canta como puede, como quiere y como sabe haciendo siempre un alarde de técnica que tapa con inteligencia sus limitaciones y su carencia de fuerza, que no es tal si seguimos el consejo del recordado Caracol: “El cante no es para sordos”. Y es lo que hace el alumno, anteponer el gusto al grito desafortunado e impertinente.

Pero la cosa no acaba ahí, la emoción de la sorpresa continúa cuando reinventa a Caracol con la afortunadísima música –casi en la frontera del jazz- que le aportan los dos guitarristas y el percusionista por una parte o el gran Dorantes por otra –lo de la malagueña al estilo de El Mellizo es simplemente de olé eterno-; pero también cuando echa mano de Morente –sus muy conocidas tonás doblando la voz y añadiendo elementos corales- para jugar con los medios técnicos digitales de ahora y convertirse en el cantaor orquesta. O cuando se acuerda de su tierra alosnera y, utilizando letras de Ortiz Nuevo, les da un repaso flamenco a los recalcitrantes de la pureza –que es un concepto reaccionario y hasta obsceno-, segunda parte del aporte crítico al mairenismo militante al que nos lo presenta sin empacho disfrazado de ku-kus- klan flamenco, quizá excesivo en la simbología pero acertado en el fondo. Una sevillana, ya conocida, en la que se llora a Caracol y baila Pastora Galván es el final de un espectáculo novedoso, fresco, ágil, plásticamente bello, musicalmente respetuoso, arriesgado y atrevido; e ideológicamente provocador. Un placer para los sentidos y una puerta abierta al futuro por la que entrará más de un artista.

DOS SEÑORAS ANDALUZAS
Ciclo: “Siete caracolas”

Espectáculo: “De la moraga andaluza”
Lugar, fecha y hora: Teatro Ciudad de Marbella, 28 de septiembre, 23:00 horas
Aforo: Menos de media entrada
Cante: Virginia Gámez
Baile: Milagros Mengíbar
Guitarras de acompañamiento: Curro de María y Rafael Rodríguez
Cante para bailar: Manolo Sevilla y Emilio Cabello
Violín: Nelson Doblas
Repentistas: Alexis Díaz-Pimienta y su grupo
Panda de verdiales de Jotrón y Lomillas

Apenas cien personas asistimos a un espectáculo sencillo y divertido que terminó como empezó, con un encuentro entre la fiesta verdialera y la música popular cubana de la mano de la Panda de Jotrón y Lomillas y del repentista (trovero) cubano Alexis Díaz- Pimienta, que acabó siendo el conductor del espectáculo. Todo muy colorista, muy rural, muy jaranero, una improvisación perfectamente ensayada; aunque empachoso y hartible: un ratito está bien, pero dedicarle tanto tiempo a algo que debiera haber sido lazo de unión entre el cante y el baile nos parece excesivo. Porque, no nos engañemos, la gala se sustentaba en las dos mujeres que la protagonizaban y que a la postre fueron quienes salvaron la noche.

Salió, Virginia Gámez, acompañada de Curro de María a la guitarra -que estuvo siempre en el imprescindible papel del mejor guitarrista de acompañamiento-, del violín de Nelson Doblas –acertada incorporación que ayudó al lucimiento del conjunto-, y de David Galiano en la percusión. Los tres contribuyeron al éxito de la joven cantaora malagueña, que, ciertamente, estuvo intimista y cálida en las granaínas, valiente en la rondeña y los cantes de Juan Breva, flamenca en los tangos de Granada y justa en las bulerías finales, el cante donde más se notó la dificultad que entraña cuadrar el metro de la poesía en las estructuras musicales del cante flamenco; lo que no fue óbice para que la cantaora diera lo mejor de sí y nos dejara recuerdos de emoción envueltos en esa hermosa voz que la adorna, sin duda una de las mejores del actual cante de mujer, y a la que sólo le resta liberarse del encorsetamiento enciclopédico y ser ella misma para ganar en expresión: la transformación sería sorprendente.

A Milagros Mengíbar, la gran bailaora sevillana, le bastaron dos números para demostrar lo que muchos sabemos pero que la mayoría de los confusos jóvenes –y otros que no lo son tanto- se niegan a aceptar: que si, como decía Caracol, el cante no es para sordos; el baile no es para atletas, pues una cosa es bailar flamenco y otra bien distinta hacer cabriolas y confundir el proscenio de un teatro con la pista de un circo. Es lo que certificó la Mengíbar, vestida con bata de cola, que maneja como nadie, en su primer baile, por guajiras, dibujando el baile con gracia, con elegancia, armonioso y bello, sensual y esplendente, sublime y artístico. Y en las alegrías, ay, todas las caracolas de Cádiz, toda la sal aprehendida, todo el rumor de las olas, todo el perfume de la Caleta, toda la emoción contenida de una pasión que desborda y trasciende lo prosaico y va más allá del arte con mayúscula. Ni los poemas de Salvador Rueda impidieron que bailara de manera magistral. Pero nada hubiera sido posible sin la determinante colaboración de tres profesionales –Manolo Sevilla, Emilio Cabello y Rafael Rodríguez, merecedores de la mejor calificación- que demostraron, ellos también, que para bailar bien no se necesita mucha gente atrás haciendo ruido y tapando defectos, sino poquita y bien avenida que sepa su oficio y conozca cuál es su papel.


ISRAEL GALVÁN: PRINCIPIO Y FINAL
Ciclo: “Siete producciones nuevas”

Espectáculo: “El final de este estado de cosas”
Lugar, fecha y hora: Teatro Las Lagunas de Mijas, 29 de septiembre, 21:00 horas
Aforo: Casi lleno
Baile: Israel Galván, Yalda Younes (vídeo), y Bobote
Cante: Diego Carrasco, Fernando Terremoto y Juan José Amador
Guitarra: Alfredo Lagos
Palmas y compás: Bobote
Percusión: José Carrasco
Dirección artística: Pedro G. Romero
Dirección escénica y coreografía: Israel Galván

“El final de este estado de cosas” es el principio de una nueva forma de entender la puesta en escena de la danza flamenca. Si ya estamos acostumbrados a las rupturas estéticas del bailaor sevillano, nunca acabaremos de sorprendernos con su talento genial: cada obra suya es un nuevo discurrir por los senderos del arte total, del espectáculo total, del teatro total. Y así podríamos acabar esta reseña crítica. Pero antes habrá que dar alguna explicación para justificar lo dicho.

La función, que está basada en pasajes del libro del Apocalipsis, mezcla danzas, que van del flamenco a la tarantella (danza italiana) pasando por el Butoh o danza de las tinieblas(1), y músicas como el flamenco, el heavy metal o la clásica contemporánea, dependiendo del momento escénico, como vehículo de expresión del rotundo no que el argumento dice a este estado de cosas: la guerra y sus terribles consecuencias cuales son la miseria más absoluta y la degradación del ser humano hasta límites terroríficos.

Cuatro cuadros dividen la obra: Prefacio (una gran pantalla en blanco), Anuncio (estremecedor vídeo de la bailaora libanesa Yalda Younes danzando al ruido infernal de las bombas), Principio (donde Diego Carrasco canta por villancicos –qué bien toca Alfredo Lagos-, cuatro músicos cantan verdiales, Terremoto canta la toná del Cristo con acompañamiento heavy metal y Juan José Amador canta el taranto) y Fin (sangrante la seguiriya de Terremoto e inquietante el baile sobre los muertos de Israel). Sin embargo, la obra no sigue un hilo narrativo, sino que propone escenas para que el espectador reflexione y se conmueva. Y ya lo creo que lo consigue: desde el principio al final la expectación y el silencio más desolador se adueñó de la sala y nos mantuvo a todos en vilo durante las dos horas que duró la representación. Hemos dicho silencio que no quiere decir pasividad: el público reacciona ora por la sorpresa ora por la emoción cada vez que surgen. Y fueron tantas las veces que, ciertamente, acabamos exhaustos.

Ver para sufrir, dirán a la vista de lo escrito; pero no; también hubo momentos de alegría y ratitos de guasa cuando se desmitifican tradiciones e instituciones: la Navidad, el Rocío, la Semana Santa y la Iglesia son colocados en el punto de mira del escepticismo, de la incredulidad y de la irreverencia cuando se les somete al veredicto

(1) Hace poco más de treinta años Japón daba a luz una nueva concepción de la danza contemporánea. Una estética de vanguardia que nacía en un territorio impreciso entre Oriente y Occidente, entre la materia y el alma, entre el mundo del sueño y el ensueño. Esta corriente artística, que crearon e impulsaron los maestros japoneses Tatsumi Hijikata y Kazuo Ohno en la década de los sesenta, busca romper con modelos o estereotipos establecidos, con una poética que se caracteriza por ser portadora de una profunda filosofía de vida, que pone por sobre todas las cosas la esencia del ser humano y su necesidad de expresión. El Butoh es una vanguardia que crea, con imágenes de pesadilla, una danza donde los movimientos se eternizan en estampas y los contenidos alcanzan la densidad expresiva de verdaderas esculturas.