Maestros


Discos
Rafael Riqueni
Discos Probeticos, 1994
Pablo San Nicasio Ramos


La guitarra flamenca posee un repertorio bastante más abundante de lo que se cree. Me refiero al que encontramos más allá del “boom” vanguardista de los setenta. Mirar al pasado no es sólo recordar a guitarristas que iban de “banderilleros”, sino también comprobar como esos mismos intérpretes eran grandes creadores de piezas que, incomprensiblemente, no se tocan ni ensalzan como se debiera en la actualidad.

Es más, simplemente el hecho de hacer discos versionando obras solísticas del pasado, da pie a todo tipo de suspicacias por parte de muchos sectores de la crítica y de algunos profesionales. Hoy en día, al guitarrista flamenco que no sea compositor de sus obras se le sitúa en un rango inferior de su escalafón desde un principio. Algo, cuando menos, discutible.

Rafael Riqueni del Canto, el maestro. Guitarrista sevillano del que pocos dudan cuando se le coloca en lo más alto de la creación flamenca de finales del XX. Intérprete conocedor de los vericuetos de la guitarra y perfecto compilador de las tradiciones clásica y flamenca. Amante, por más señas, de la guitarra que le antecedió.

Riqueni y el sello, recientemente recuperado, “Discos Probeticos” sacaron a la luz en 1994, “Maestros”. Recopilación de diez piezas de tres grandes y diferentes maestros de una generación traumática. Aquella que dividió España y dispersó buena parte de nuestro patrimonio artístico, también el flamenco. Aquí hablamos de Agustín Castellón Campos “Sabicas”, Manuel Serrapí “Niño Ricardo” y Esteban de Sanlúcar.

Intérpretes evocados por un Rafael Riqueni cuya grabación supera, sin duda ninguna, las cotas alcanzadas por aquellos mismos creadores aludidos. Por fraseo, calidad de sonido, expresión. Por su capacidad de mimesis con la personalidad guitarrística de cada intérprete y su época. Riqueni sabe tocar como corresponde cada autor y cada estilo. Es decir, aparte de fenomenal creador, es un maestro académico con mayúsculas.

Hablamos de piezas extremadamente simples sobre la mano izquierda (sobre todo si las comparamos con las actuales tendencias). Mucho más cercanas a la guitarra de Montoya que a la de Paco de Lucía o Manolo Sanlúcar. No así en el nivel de la mano derecha, que ya requiere de un abanico de soluciones muy cercano a lo más dificultoso de nuestros días. Sobre todo en lo referente al picado.

Piezas que podrían suponer, sin pena de equivocarnos, el cenit de la época “clásica” de la guitarra flamenca de concierto. Obras compuestas de falsetas relativamente cortas y escuetas, muchos ecos de autores clásicos, con elementos comunes a todas las creaciones de un mismo estilo, una estructura similar (la farruca que aquí se incluye de Sabicas, por ejemplo, es un calco idiomático a las demás que compuso el navarro) y un nivel de dificultad encuadrable en un grado medio de los actuales estudios de conservatorio.

Riqueni recuerda aquí tres estilos bien distintos de hacer “sonanta”. La guitarra virtuosa de “Sabicas”, la flamenquísima y sobria de “Niño Ricardo” y la melódica y voraz de Esteban de Sanlúcar.

Toda una joya para el aficionado que, por orden, enumera una guajira, soleá, taranta, farruca, alegrías, siguiriya, canción, granaína, zapateado y aires populares.

Se cierra el disco con una creación del propio Riqueni, “Estrella Amargura”. Brevísima obra maestra con la voz preponderante de Enrique Morente. Qué poco dura lo bueno. Afirmación que no solo sirve aquí. También ayuda al aludir a la peripecia vital de este genio del flamenco en cuya biografía estamos todos un poco involucrados.