Luis de la Pica. El duende taciturno


Libros
Alfredo Grimaldos
EFV, 2007
Marcos Escánez Carrillo


En el mundo del flamenco ha habido artistas de enorme importancia por su singularidad y por dejar entre sus paisanos y congéneres todo un legado de formas, expresiones y cantes que perduran en el tiempo, que se transforman a través otras personalidades y que finalmente acaban diluyéndose sin que realmente se terminen identificando con el auténtico creador. Son personas que en un momento determinado de su vida eligieron el camino de la bohemia, nunca priorizaron la cuestión pecuniaria, y en cambio, siempre alimentaron y desarrollaron su arte como su única necesidad vital.


El caso de Luis de la Pica es uno de ellos. Este hombre ha sido y es reconocido como un gran artista en todo jerez, por todos los profesionales de la zona. Ven en él a un singular, con una personal e inconfundible personalidad, y reconocen en su arte una forma distinta de hacer flamenco. Hablan de su generosidad como se habla de lo que se admira; sienten que fue grande sin haber tenido que conquistar públicos masivos; y sobre todo, cuentan con orgullo y pasión que un día fueron amigos, o las experiencias nocturnas que tuvieron la oportunidad de compartir.

Luis de la Pica era un cantaor muy corto pero muy especial en los cantes por bulerías, en su aire, en su forma de interpretarlas. Escribía sus propias letras y adataba la música a su propia expresión, dando lugar a una obra personal y atractiva, sorprendente siempre.

El autor, Alfredo Grimaldos, hace un retrato de este cantaor con bastante justicia a través de los testimonios de sus vecinos, de sus amigos y de sus familiares, tomando distancia en los momentos clave para dar mucha más credibilidad al texto, pero este experimentado escritor también tiene cogida la medida de las distancias cortas para poder mostrarnos los íntimos rasgos de Luis. Hacer mención a su carácter taciturno y noctámbulo es tan importante para mostrarnos la personalidad del protagonista como indicarnos su actitud silenciosa y distante en el seno familiar, así como su interés por no compartir su vida interior y su actividad flamenca con los suyos.

Su relación con Camarón, que de vez en cuando iba a buscarlo para echar un ratito, en el que ambos se sentaban durante horas juntos sin hablar, cada uno pensando en sus cosas; la admiración que por él sentían artistas tan geniales como Curro Romero, Moraíto Chico, Juan Moneo el Torta o Los Zambos; o la simple necesidad de compartir lo que tenía hasta no tener nada; lo definen.

El libro viene acompañado de un disco con grabaciones de Luis de la Pica. Una joya imprescindible del arte de Jerez.