Los Verdiales en el flamenco


Libros
Alfredo Arrebola
Grupo Editorial 33 (2006)
Marcos Escánez Carrillo


El prolífero Alfredo Arrebola publica un trabajo que trata el mundo de los Verdiales desde los distintos ámbitos de estudio. Aunque sorprende que sitúe su origen en tiempos de los romanos, los visigodos y los bizancios, los árabes y los cristiano-castellanos; a partir e ahí plantea la trayectoria evolutiva en la historia, aunque sin marcar hitos determinantes. Se mueve más en el campo de la conjetura que de la investigación rigurosa, para después abordar los aspectos literarios desde una óptica poética y vivencial.

El trabajo contempla los aspectos musicales con algo más de rigor. Considera y relaciona los instrumentos que se han ido incorporando a la tradición popular, y tomando como base el trabajo de Romero Esteo, reproduce algunas leyendas históricas que intentan aportar luz al nacimiento y desarrollo de estos cantes. También se apoya en otras citas de diversos autores para defender que las pandas de verdiales tienen origen hispano-visigodo y cómo perviven durante la época islámica-andaluza. Esto, sin duda, invita a suponer que el verdial es el embrión de algunos cantes flamencos, sobre todo los de estructura “afandagada”.

Tras una justa explicación de los aspectos musicales, Arrebola repasa los distintos estilos de verdial de la mano de Martín Ruiz para adentrarse posteriormente en el estudio de los instrumentos musicales que tradicionalmente se han utilizado en los distintos lugares donde se ha cultivado la tradición de los “fiesteros”.

Arrebola enmarca el cante en el contexto de la “Fiesta de los Verdiales”, <>. Defendiendo, como lo hace, que el verdial es el embrión de todo el cante flamenco, la última parte del trabajo la dedica al estudio de su proyección musical y su evolución. Para ello, asocia el nacimiento de los fandangos de Huelva a los movimientos migratorios que se produjeron desde Málaga a Huelva durante el siglo XVII, aunque también se apoya en argumentos endebles, como las notas musicales con las que se tocan los verdiales y su correspondencia con otros palos flamencos.

Aquí dota al fandango malagueño de la suficiente antigüedad como para ser el origen de todos los cantes con estructura fandangueril del resto de la península (fandangos de Huelva y naturales, malagueñas, granaínas, y cantes de levante), y es justo en este planteamiento donde más débilmente argumenta su tesis, ya que no aporta datos fiables al respecto, además de no dar explicación a la existencia de otros fandangos abandolaos en los más recónditos pueblos de las distintas provincias andaluzas y no andaluzas.

El verdial, que toma cuerpo e idiosincrasia en los montes del interior malagueño, bien podría ser el origen de todos los cantes “afandangaos” de España, incluida la sardana y la jota, pero sin la demostración de la cadena evolutiva, esto es una afirmación gratuita.

Arrebola remata su libro con una afirmación grave por su peso y rotunda por su convencimiento: <