Live in Cirque D'Hiver Paris


Discos Flamencos
Duquende
Flamenco-Records, 2007
Marcos Escánez Carrillo


Yo recuerdo la primera vez que vi a Duquende en directo. Fue en la Escuela de Arte de Almería, en ese precioso patio renacentista que rezuma arte y que te contagia de él en cuanto entras por el portón. Había mucha gente, seguramente, demasiada. Y al fondo el Tomate, bueno, Tomatito, como todo el mundo lo conoce. Andaba recién huérfano de Camarón.

En el escenario no estaba sólo. Con expectante desconfianza se respiraba en el ambiente que aquella aventura del guitarrista podría ser un farol artístico. Y es que... nadie concebía al Tomate sin el de la Isla...

Los primeros acordes fueron por levante. 15 años después sigue abriendo por ahí… es curioso. La fuerte pulsación y el personal fraseo fue como un remolino dentro del patio. Sólo la guitarra, parecía una llamada urgente a ultratumba. Una especie de mística concentración colectiva en torno a un rostro primero; después llegó ese justo momento en que el guitarrista daba la entrada a Camarón cuando pateaban juntos los escenarios de toda España. Entonces, la mística concentración colectiva se cerró en torno a la ausencia de una voz desgarrada.

Fue un momento eterno, un silencio terrible, y José Fernández lo hizo adrede. Todos nos quedamos al borde de ese precipicio que él dibujó, y al que seguramente muchos saltaron para quedarse en ese eterno vacío. ¡Qué impotencia, no tener en ese instante aquella mágica voz que tanto nos había arañado, y que tanto nos había regalado!.

Siguió la guitarra y su sonido iba esquivando lágrimas por encima del desconsuelo. Llorar por un cante es mucho menos doloroso que llorar por su ausencia. Fue una especie de rueda, como la del molino del tío Rufino, en cuya espalda se hacía descansar el peso del mundo. Las falsetas de siempre se sucedían con la tensión justa, y los que andábamos por allí empezamos a prepararnos para no sobrecogernos cuando el Tomate volviera a dar la salida.

Y llegó el momento del acorde, y a pesar de todo, fue eterno, aunque esta vez, estábamos dispuestos para la tragedia del silencio. El caso es que algo sucedió. Una voz ocupó un espacio reservado sólo para el duende hecho persona. Esta vez, era especialmente difícil separar la emoción de la sorpresa.

Un niño con una importante melena rizada resquebrajó el espacio con su voz, y nuestra emoción y nuestra añoranza se crecieron hacia la curiosidad y una sosegada ansiedad. ¡No, no es Camarón!, se escuchó entre el desconcierto y el desengaño. ¡Pero no veas, el niño, cómo aprieta!.

Después de eso, el nombre de Duquende se grabó a fuego en mi memoria. Apareció un día para evitar mi sufrimiento por una voz ausente. Y si no ha habido otro como Camarón, tampoco habrá otro como Duquende.

Ahora, Duquende ha publicado su nuevo trabajo discográfico. Lo titula Live in Cirque d’Hiver Paris. Se trata de un disco grabado en directo en el año 2005. El escenario es el mismo de París en el que Camarón actuó en 1987, y de cuya actuación se editó un álbum en 1999.

Duquende es recurrente en esta especie de homenaje, por un lado al repetir escenario y por otro al registrar esa actuación en soporte digital. Para sus tarantas, soleás, tangos, fandangos, martinetes y dos bulerías, sólo ha contado con un guitarrista, Chicuelo y un percusionista, Isaac el Rubio.

Y así, intercala sus propias creaciones con constantes guiños a Camarón, canta por derecho pero siempre buscando ese pequeño detalle que lo hace más flamenco y a su vez lo diferencia.

Así es Duquende…