La voz


Discos Flamencos
Alfonso Salmerón
Flamenco en el foro (2005)
Marcos Escánez Carrillo


Salmerón es un almeriense afincado en Madrid desde hace muchos años, donde ha echado raíces cantando en todos los tablaos y espacios escénicos de la capital. Una indiscutible experiencia que derrocha cada vez que canta. Este disco no es una excepción en este sentido.

En la portada han colocado una foto desenfocada, quizá buscando cierta sensación de movimiento. Esta vez, el guiño a su tierra lo hace incorporando el símbolo indaliano junto al título.

Observamos una considerable mejoría entre este disco y el anterior, que editó en el 2002 y tituló “Flamenco en la Alcazaba”, y dicha mejoría no tiene que ver con la forma de cantar, sino con la producción y la calidad del trabajo. Y es que, esto de grabar, no es sólo llegar, soltar el cante y “a otra cosa”. Es un trabajo especializado, y como tal, a más experiencia, más calidad en el resultado final.

En este caso, es palpable que la experiencia anterior, donde Salmerón tuvo una mayor implicación en la producción y desde un punto de vista técnico, le ha servido para aportar más calidad y una mayor elaboración de los cortes.

Los cantes de Salmerón no están regidos por la innovación ni por las aportaciones personales. Su discurso es el de un recital al uso, con una colección de músicas conocidas y aceptadas por la generalidad.

En este sentido, no aporta innovaciones dignas de mención, a excepción del Zorongo que popularizó Lorca y que en este trabajo se adapta al ritmo de la soleá por bulerias.

Como contrapunto, incluye unos fandangos de Huelva algo lentos de ritmo y con extraordinaria fuerza, una soleá pausada y muy sentida, o unos estilos de cantes abandonaos ya en absoluto desuso, tales como el fandango de Lucena, el Zángano de Puente Genil y la Jabera, y que Alfonso interpreta con bastante fidelidad a las referencias más conocidas.

Todas las letras son de Salmerón, a excepción del Zorongo de Lorca y la bulería que es de su hijo Oscar, que también es responsable de la percusión en el disco. Jesús Toledo toca el bajo, las palmas a cargo de José González, Pedro Javier Fernández, Ricardo Sierra y Manuel Luna, y la sonanta queda en manos de Rafael Andujar, que acompaña con gusto y buena medida, demostrando oficio y muy buenas intenciones.

La bulería es lo más flojo del trabajo, ya que la misma estructura métrica impide un fraseo más o menos flamenco. En definitiva, le falta la flamencura que por ejemplo, desborda la saeta que cierra el disco, palo que Salmerón ha cultivado siempre, y en el que va especialmente sobrado gracias a sus extraordinarias facultades.