La rosa blanca


Discos Flamencos
Montse Cortés
BMG (2004)
Marcos Escánez Carrillo


Tras el revuelo creado por el “Cositas buenas” de Paco de Lucía, y con el posterior y razonable reposo del tiempo transcurrido, me atrevo a asegurarlo : Estamos ante una nueva estética del flamenco. Para el caso que nos ocupa, Montse Cortés, atrás quedaron las asociaciones con el folclore africano, las concesiones a la copla, o hacer guiños a la memoria flamenca.

Fiel a la línea marcada en el anterior disco y que tiene mucho que ver con la intención de hacer un flamenco vanguardista desde la raíz, una gira con Paco de Lucía ha bastado para que Montse abandone la raíz como punto de partida y encuentre su propio sonido, el que ha estado haciendo durante los últimos meses, y que el maestro ha revalidado y legitimado ante el mundo.

Esta joven presenta un disco que suena a Paco, porque entre otras cosas, los músicos que no son de la formación del genio son de la cuerda de éste. Tal es el caso de Tomatito o de Javier Limón. Eso sí, salvando las distancias, porque siempre hay quien confunde el tocino con la velocidad, y al final lo fácil es desembocar en una especie de flamenco de estribillo que gusta escuchar pero que nada aporta.

Como no podía ser menos, tangos y bulerías, a excepción de una soleá muy seria que el acompañamiento de guitarra acaba desluciendo. Diego del Morao anduvo poco fino aquí.

Tangos que suenan a la mejor Remedios Amaya de Vicente Amigo, aunque con técnicas más actuales, tangos con sabor a bolero que tienen un claro objetivo comercial y que la cantaora empezó a apuntar en su anterior trabajo, bulerías con estribillo pegadizo y poco mensaje: todo aderezado con un montón de buenos y flamencos detalles, aunque nada tan flamenco como el corte 2, unas bulerías de Javier Limón en la que Tomatito mete la guitarra de forma vertiginosa.

Niño Josele, Paquete, Luki Losada, Diego del Morao, Tomatito y Eduardo Cortés son las guitarras que intervienen, Bernardo Parrilla al violín, Alain Pérez al bajo y Piraña a la percusión; son los músicos que intervienen en este disco de moderna concepción del flamenco, en el que se trabajan minuciosamente los cortes de compás y los contratiempos.

La voz de Montse Cortés es verdaderamente bonita, aunque en las notas agudas del tema titulado “Hiere” pierde profundidad. Me gusta mucho más el registro que presenta en la soleá del corte 8, porque su voz es multicolor, como su propio disco “La rosa blanca”, que al escucharlo sin ánimo crítico acaba despertando muy buenas vibraciones y deja instalado en nuestro oído un montón de colores que nada tienen que ver con el blanco de la rosa.