La Paquera de Jerez


Investigación
Manuel Ríos Ruiz


EL cante posee una raíz anímica de honda sentimentalidad en su manifestación, que deviene de un atavismo muy profundo, de un sentido solemne y clarividente de la soledad, que lo distingue de todas las formas folklóricas musicales y líricas. Estos valores artísticos vitales, se contemplan y se perciben en los adentros por los aficionados, cuando La Paquera de Jerez, por su autenticidad cantaora, alzaba la voz y su quejío como un ardido clamor desde las entrañas. Sin tales dones, el cante flamenco no responde a su verdadera naturaleza. Por lo tanto, La Paquera de Jerez, era un artífice ejemplar en su arte, puesto que poseía las cualidades básicas para revelar el cante en toda su dimensión vital y artística, espiritual y humana.


La Paquera de Jerez dominaba los estilos jondos jerezanos, que son genuinamente la toná, la siguiriya, la saeta, la soleá, el tango y la bulería. Las tonás que interpretaban los cantaores de Jerez en el siglo XVIII, son las primeras recogidas por Demófilo, informado por el cantaor Juanelo de Jerez en 1881, como muestra de las más antiguas que entonces se recordaban. Y de la toná o martinete, se suponen quedimana la siguiriya, cante que pese a su acostumbrado acompañamiento de guitarra desde antaño, mantiene como la toná un ritmo interno, el que sigue la voz cantaora al modo de lo que, en música culta, se denomina tempo rubato, y que permite, dentro de la miasma forma jonda, diferente entonaciones melódicas, más reconcentradas o más directas y exaltadas, tendencia esta que era la preferida por La Paquera de Jerez, pues su sigiriya era como un relámpago de angustia y arrebato sentimental.

La Paquera de Jerez, dentro de los estilos básicos sobresalía sobremanera en la saeta. Es un cante que los más ciertos estudiosos consideran que es de una jerezanía de origen indudable. La maestría y emotividad que La Paquera de Jerez desarrollaba en este estilo, se puede comprobar en su discografía, en los videos de la serie de Televisión Española titulada Rito y Geografía del Cante, donde aparece cantánsdole a la imagen del Cristo de la Espiración, en su ermita jerexana de San Telmo. Se trata de unas imágenes mágnçificas y posiblemente una de las muestras de cante flamenco más logradas audiovisualmente de la historia.

Y sobre la soleá puede decirse que La Paquera de Jerez afrontaba su interpretación con toda la enjundia de sus saberes, peleando el cante en las letras de cambio y rematándolo con un garbo musical admirable.

Ahora bien, el cante más común a toda la música jonda y posiblemente el más interpretado desde los comienzos del siglo XIX, es el tango. Sobre todo en la época de los cafés cantantes y ahora en los tablaos y en los estudios de grabación. Este cante adquirió en Jerez de la Frontera determinadas matizaciones y algunos intérpretes de antaño pusieron en él sus iniciativas creativas. La Paquera de Jerez ha sido brillantísima por este estilo, del que decía diversas variantes, injertándole a todas ellos su impronta personal.

Y la bulería. La bulería es lo más jaleado y bullicioso del acervo flamenco- Es en su origen un soleá ligera, ligerísima, un cante asombroso, quizás creado por los gitanos jerezanos. Cante generalmente para bailar, en su redoblado compás admite, mejor que ningún otro, gritos de alegría y animadoras frases, además del redoble de las palmas, más intenso que ningún otro estilo del género. Por bulería, tuvo siempre Jerez de la Frontera, aunque no se revelara hasta los inicios del siglo XX, una riqueza matriz. Pues bien, La Paquera de Jerez se erigió en la máxima y más original interprete de la bulería de su tiempo. Hizo de la bulería su bandera ionterpretativa. Hay un ante y un después de la bulería con al aparición de La Paquera de Jerez en el panorama del cante flamenco.

Es cierto que se apoyaba siempre en su poderío, para descubrir al aficionado los acentos más singulares, interesantes y espléndidos de su genio flamenco. En primer lugar su ritmo, un ritmo que por tempo endiabladamente rápido parece romper esquemas y formas, pero que en realidad se ajusta al compás, ligando los tercios con ortodoxia y cerrando el cante puntualmente, pese a que, al escuchar sus salía y sus melismas barrocos, se tenga la impresión de que se pueda esparrabar.

Tamaña forma de cantar con tanta valentía, le que le prestaban conocimiento y facultades, es básica en la originalidad flamenca de La Paquera de Jerez, porque en ello radica su principal mérito, la suprema calidad de sus bulerías, tanto cuando las cantaba adelante como cuando las ejecutaba para bailar. Sería difícil encontrar en el panorama del cante, bulerías más apropiadas para el baile que las de La Paquera de Jerez, quizás la mejor cantaora de todos los tiempos por este estilo.

El ensayista Anselmo González Climent, en su libros “Bulerías”, aparecido en los años cincuenta, dejaba escrito lo siguiente: “Por bulerías puede medirse la solera de los aficionados y, con más razón, la desnuda capacidad de cada voz cantaora. No hay sofisma ni simulación que puedan reemplazar la captación de su gesto auténtico”. En La Paquera de Jerez se comprueba la teoría del flamencólogo, porque por la bulería, su cante ingénito, llega a la interpretación de un tradicional compendio de estilos. Sí, el gemido buleaero de La Paquera de Jerez no tiene antecedentes comparables salvo en su paisano El Gloria, aunque el estilo de ambos se aprecian giros diferentes. Lo que en El Gloria era donosura y sutileza, en La Paquera de Jerez es genio y recorte sostenido. Dicho metafóricamente, El Gloria estiraba y recogía el cante por bulerías moviendo y ondulando la línea melódica, mientras que La Paquera de Jerez lo revolea, lo cruje, lo alarga y lo cierra rizando el compás. No obstante, en ambos casos la jondura y la flamenquería más naturales y verídicas, características de Jerez, siguen siendo la esencia y la presencia del estilo. Y aunque sin el cante de El Gloria no se concibe le de La Paquera de Jerez, el de ésta supone una indudable evolución. Su peculiar salía, el prodigio de su ayeo, por instantes distendido o mecido y retorneado, es impresionantemente jondo en su filigrana requintada, por lo que más que una salía es todo un tercio, un alarde cantaor sin precedentes. Y el rajo. Cada vez que volteaba un tercio o remataba hacia arriba la copla de modo inverosímil, La Paquera de Jerez le imprimía a la bulería cierta vibración temperamental, engrandeciendo el cante hasta límites insospechados.

La Paquera de Jerez, con su arrolladora y firme personalidad flamenca tan impulsiva como sensible, ha aportado a las bulerías de su tierra una gran riqueza de matices valiosos y nuevos en su contexto formal y rítmico, además de ser ella una artista famosa, ha proporcionado a la bulería una notable difusión.

La bulería, pues, es la carta de naturaleza flamenca y artística de La Paquera de Jerez. Desde niña la hizo suya y ha sido siempre su cante emblemático. En la historia del cante flamenco, La Paquera de Jerez es un capítulo superlativo en cuanto a la personalización de los estilos.

En cuanto a la trayectoria triunfal de La Paquera de Jerez, hay que empezar apuntando que tras su éxito en el tablao madrileño El Corral de la Morenía, en mil novecientos cincuenta y nueve, recorrió la geografía española con su primer espectáculo, titulado “España por bulerías”. Y en mil novecientos sesenta, encabezó el denominado “Arte Español”, junto a El Farruco, Juanito Maravillas y El Chocolate. En el mismo año alcanzó un gran éxito en al sala de fiesta madrileña York Club. Al siguiente, formó parte del elenco “Alegrías de Andalucía “, presentado el Teatro Cómico de Madrid, así como en el de variedades titulado “Así se cante en Jerez”, que recorrió diversas ciudades españolas.

:Los éxitos de La Paquera de Jerez continuaron con “Carrusel de canciones”, en mil novecientos sesenta y uno. En mil novecientos sesenta y dos, actuó en el Tablao Torres Bermejas de Madrid, y en el espectáculo “Ronda de canciones”, en gira por las provincias españolas. Luego, en mil novecientos sesenta y tres, es contratada por el también madrileño Tablao La Brujas, dado que los tablaos se disputaban su presencia, siendo nombrado Popular del diario Pueblo, en mi novecientos sesenta y cuatro. A reglón seguido emprendió giras con distintos conjuntos artísticos y viajó a varias ciudades de Francia: En mil novecientos sesenta y cinco, compartió cabezera de cartel con Rafael Farina en los espectáculos “Bronce y solera” y “Embrujo y tronío”.

Volvió La Paquera de Jerez a los tablaos en mil novecientos sesenta y ocho, debutando el sevillano Los Gallos, en el reapareció en mil novecientos setenta. Dos años después, se presentó en el madrileño Los Canasteros, y en mil novecientos setenta y seis, en el denominado Los Gallos de Sevilla.

La Paquera de Jerez realizó de nuevo giras teatrales y en mil novecientos setenta y ocho, con Rafael Farina, recrearía el espectáculo “Embrujo” . Y desde los finales de los años setenta, la actividad artística de La Paquera de Jerez, se centraría en los festivales, destacando entre estas continuas participaciones su presencia en los más importantes, como son la Bienal de Arte Flamenco de Sevilla, el Festival de Madrid, la Cumbre Flamenca de Murcia, el Festival de Jerez, entre otros. Así como el francés Festival de Mont de Marsán. Finalmente hay que reseñar su actuaciones en Japón, concretamente en el escenario del Teatro Nacional de Tokio, actuaciones que dieron lugar a un documental cinematográfico.

Y con respecto al cine y a la televisión, la Paquera de Jerez tomó parte de varios programas y películas, entre ellas la titulada “Los duendes de Andalucía”, dirigida por Ana Mariscal. Pero es en la serie televisiva “Rito y Geografía del Cante”, donde La Paquera de Jerez interviene en distintos capítulos, dando roda su dimensión artística, muy especialmente en su interpretación de la saeta.

Y es de suma importancia comentar, que al cabo de dieciocho años de profesionalidad y con su categoría de primera figura en su género, La Paquera de Jerez llevó acabo lo que nunca había hecho y no precisaba hacer dada su fama y dado su prestigio, presentarse al Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, en mil novecientos setenta y uno, obteniendo el Premio Niña de los Peines. Y cabe preguntarse: ¿Cuáles fueron las causas que le indujeron a correr semejante riesgo? Puede que fueran varias y distintas. La más importante, quizá, ostentar un título, un premio, otorgado por un jurado de entendidos. Otros galardones en su haber los concedido por la Cátedra de Flamencología, la Copa Jerez y el Premio Nacional de Cante, este último concedido en mil novecientos ochenta, de los que nos correspondió formar parte del juradom junto a Juan de La Plata, Manuel Pérez Celdrán, José Marín Carmona, José Moreno y Manuel Fernández Molina, honores a los que hay que sumar los concedido por el Ayuntamiento de Jerez, colocando una placa en la casa donde nació, erigiéndole un monumento y nombrándole Hija Predilecta. Mas el mejor premio lo recibió La Paquera de Jerez de los públicos, mediante las clamorosas ovaciones que cada noche recibía en cualquier lugar donde ofrecía su singular arte flamenco.

No se nos pueda quedar en el tintero, reseñar la discografía de La Pquera de Jerez, una discografía bastante extensa y la variedad estilística que en ella encontramos manifiesta que era una cantaora larga. Los primeros discos de la artífice jerezana, fueron garbados para la marca Phiñips, a partir de mil novecientos cincuenta, con la guitarra de Manuel Morao. Son temas que actualmente figuran en los fondos de Universal. Seguidamente, grabó un buen número de cantes para la casa discográfica Vergara, los que ahora se hallan en los fondos de BMG, y más adelante sus discos se realizaron para la firma CBS, correspondiéndonos su producción, discos que han pasado a casa Sony. También grabaría La Paquera de Jerez para los discos patrocinados por la Caja de Ahorros de Jerez. En definida una brillante discografía que patentiza su maestría singularidad cantaora.

Finalmente, permitirme dar lectura a el romance “Cante en el Tablao”, escrito en mil novecientos setenta y dos, cuando la escuche cantar en Los Canasteros. Dice así.






Francisca Méndez Garrido,
La Paquera por burn nombre,
en lo alto del tablao
es la dueña de la noche.

Suena el compás de Jerez
y vibra en cada acorde
que la guitarra le brinda
como manojo de flores.

Su salía es como un cante
dicho cual tirabuzones
y en su música flamenca
de alucinados temblores
se engrandecen los melismas
por su melos y clamores.

Un ole redondo suena
y tiritan los faroles.
Por la voz de La Paquera
los duendes a troche y moche
le van tirando pellizcos
a todos los corazones.

La jondura de su brillo,
belleza que sobrecoge,
nos va dejando en el alma
un racimo de emociones.

Y cuando voltea la copla
y redobla los ayeos,
la infinitud del quejío
es la hermosura en derroche,
un totirimundi en vilo
dando las grandes razones
del arte puro y bendito
como de lucero y bronce.

Reina de la bulería,
es el genio y es el goce
de Jerez de la Frontera
cual bandera de colores.

La Paquera de Jerez
torrente de surtidores,
va cantando por España
coplas de vivos amores
y España se estremece
can sus dones cantaores.

MANUEL RIOS RUIZ