Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

La noche española.- Flamenco, vanguardia y cultura popular 1865-1936

Del 21 de diciembre 2007 al 24 de marzo 2008

La idea de viajar a España a finales del siglo XVIII para conocer los grandes maestros del Prado, no fue tan arriesgada para estos jóvenes artistas románticos, bien aconsejados por sus maestros, resolvieron un largo viaje por una España empobrecida, pero llena de arte y belleza natural, un viaje que a menudo finalizaba en Marruecos para colmar las ansias de aventura, regresando finalmente a su país con la carpeta bien colmada de esbozos. Artistas viajeros como Manet (1865) William Turner Dannat o Sargent (1879), fueron emisarios adelantados de las siguientes generaciones de pintores escritores y escultores, que deambularon por nuestro país en busca de las más ancestrales costumbres.

El mundo del flamenco le debe mucho a esta amplia generación de artistas, entusiasmados por un arte único en el mundo, apuntando un enorme interés en las salas de exposiciones y en los teatros de Paris. No es extraño que la danza y el flamenco se reflejara con ardor tan increíblemente fantástico en sus obras, muchas de ellas tituladas “Spanish Dancer”, todo un homenaje a la danza y el erotismo, se acercaron a las academias al son de zapateados y lances boleros, de fandangos sustraídos al folclore para fundirse felizmente con el cante gitano más resquebrajado de las tabernas y con el brioso ímpetu de los cantes camperos.

Así es como fue recreándose finalmente el atractivo y variado espectáculo de los cafés cantantes de Silverio o El Burrero de Sevilla. Compleja historia la de esta exposición, que termina cuando ya se adivinaba el enfrentamiento entre españoles de la Guerra Civil. Una parada súbita y brutal de toda aquella enorme energía artística desplegaba por el flamenco, que se debatía en el eterno dilema de inclinarse entre la modernidad o la vanguardia. Un momento de creación ampliamente mostrado en la obra de Picasso, Dalí, Romero de Torres, Anglada Camarasa, Francis Picabia y los fotografos Jacques de Baroncelli y Man Ray.

Cuatrocientas obras en total de diferente representación artística: pintura, escultura, fotografia, cartelismo, publicaciones temáticas, vestuario, escenografía y videos que envuelven toda una “imagen general de lo español”.

La Carmencita de William Merrit y el video de la película de Thomas Edison de 1893 “Danza española” -poco mas de un minuto de movimientos voluptuosos y giros de una bailarina que aparecía a menudo en la cartelera del teatro neoyorquino Koster & Bials Music Hall- abren esta completa exposición que continua con el gitanismo de Isidro Nonell, Degas, Courbet y Laurent, una marcada representación pictórica en tiempos de una crisis constante, como si el flamenco se creciera en el abandono, para quebrarse después en la abundancia.

La primera década del siglo XIX, está marcada por el cubismo y las primeras salidas de los bailarines flamencos a los teatros del mundo en las compañías de los Ballets rusos, verdaderos impulsores del flamenco y la danza española.

Vicente Escudero y La Argentina, celebraron entonces con gran éxito sus viajes por Oriente y Occidente, divulgando la música de Falla y Albéniz. Consciente de su identidad, el flamenco se desgarra por momentos entre el purismo, lo estético y lo comercial, mientras que la generación de artistas del 27 rastrea en “la noche española” entre lo lúdico y lo eterno. El zapateado de Carmen Amaya resuena en cada una de las salas de la exposición, y a medida que avanzamos se hace más radicalmente sonoro, para finalmente convertirse en un bramido que nos anuncia el comienzo de un tiempo nuevo.