La Génesis del Martinete, III


Investigación
Pierre Lefranc


La Génesis del Martinete, III:
a propósito del aparato llamado martinete


(Publicado en 2008 en tristeyazul.com)


En diccionarios de cierta antigüedad se puede cosechar información sobre el modo de manejar a brazos el aparato llamado martinete, con el fin de clavar estacas.

De modo esquemático, el martinete se presentaba así (dejo aparte detalles que permitían la caída precisa del peso encima de la estaca):


La palabra martinete designa al mismo tiempo el peso, generalmente de hierro colado, y el aparato en su totalidad. Los peones tiraban con ambas manos de las cuerdas sujetadas al cable elevador. Una vez hincada la estaca requerida en tal sitio se necesitaba desplazar el pórtico hasta el siguiente. Según una de las fuentes disponibles, la tercera parte del tiempo de trabajo estaba dedicada a la tarea de trasladar el martinete.

Como se ha visto, un documento del año 1733 sobre obras previstas en La Carraca mencionaba un peonaje de 21 personas para cada martinete (y un total de 4.500 estacas para un solo astillero). Tres cuartos de siglo más tarde, en París, se utilizaron brigadas de 38 hombres, y mazas de 587 kilos, para la edificación del puente de Iena (1808-1814).

Para cada hombre, el movimiento de los brazos alcanzaba cerca de 0,9 metro,, y la tracción ejercida era de 12 hasta 14 kilos por persona. El trabajo era organizado en secuencias de 12 hasta 35 golpes, y era muy agotador.

Un perfecto sincronismo era indispensable al momento de dejar caer el martinete sobre la estaca: no sólo por razones de eficacia, sino porque, como lo sabe todo navegante, frenar un cabo largado quema severamente las manos. Según un fallo de 1875 en un tribunal francés, citado en el Dictionnaire de Littré:

Este doble movimiento, de levantar el peso y dejarlo caer, se debe ejecutar de un modo muy exacto, y se suele regular por medio de un canto.

Ese último detalle, por supuesto, es sugestivo.

Lo demás se puede conjeturar. En esos contextos penitenciarios, los esclavos moros (salvo rescates) formaban el personal permanente: los forzados eran libertados periódicamente. Habían tomado en los bancos la costumbre de entonar el arranque de la shahada: de donde la “queja de Galera” de hacia 1747, evocada arriba. En el contexto del martinete, dicho arranque conducía a una nota cimera sostenida en la que, o más probablemente al final de la que, la brigada soltaba el cable, de un golpe. Cada tracción daba así a los esclavos moros una nueva oportunidad de reafirmar su fe, su aguante y su fuerza, en un desafío casi permanente. Todo eso era cargado de emociones que los gitanos de las brigadas martineteras podían compartir y reorientar.

(Las principales fuentes consultadas han sido: Diccionario enciclopédico Espasa-Calpe, art. “martinete”; Pierre Larousse, Grand Dictionnaire universel du XIXème siécle, nueva edición de 1994, art. “mouton” y “sonnette”; Emile Littré, Dictionnaire de la Langue française, edición de 1956, art. “sonnette”. Google también da acceso a Armand Rose Emy, Traité de l’Art de la Charpenterie, de 1837. El canto mencionado en el fallo de 1875 es “le chant de la tiraude”, esa última palabra siendo un equivalente local de tracción.)

© Pierre Lefranc