La Casa de Los Vargas


Libros
José Vargas Quirós
Editorial Imagenta 2018
Antonio Nieto Viso


Comenzamos el año 2019, con la enorme satisfacción de comentar para todos ustedes el interesante libro, que ha escrito nuestro querido amigo y mejor persona que es, Pepe Vargas Quirós, un hombre bueno, y un gitano cabal, que como apasionado estudioso, nos aporta sus interesantes vivencias a lo largo de 265 páginas que rezuman sabiduría y sentimientos muy añejos.


Como dice José Manuel Serrano en la contraportada:”Aquí se recogen 28000 días de dedicación que nuestro autor ha vivido en primera persona”. Para mí, ha sido un lujo el poder disfrutar y tener el placer de conocer toda su intensa vida flamenca, la de un erudito que ha sabido con su memoria exponer con sencillez, pero con un brillante verbo con todo lujo de detalles.

Dando de antemano las gracias a nuestro querido amigo, paso a resaltar los pasajes más interesantes, que a mi juicio pueden resultar más claros para conocer mejor el Arte Flamenco de una época, que es muy especial para comprender, en parte lo que está sucediendo en la actualidad.

Como dice en el preámbulo otro querido amigo Luis Soler Guevara (él puede ser uno de los que más sabe de esto): “Cuando la vida y su historia, lo que se narre a partir de ello puede adquirir el valor y el carácter de leyenda”. Y es que, Pepe Vargas, es una persona con una historia que ha vivido en Madrid, Caracas, y Algeciras, ciudad esta última, donde vive rodeado del amor de su familia y de todos los flamencos del Campo de Gibraltar que pueden consultar a un cabal honesto que sabe distinguir el Cante bueno.

Nuestro protagonista, ha tenido la gran suerte en Madrid de tratar con Gitanillo de Triana, y estar sentado en las piernas de Juanito Mojama, o de cantar acompañado por la guitarra de Antonio Arenas, y de Manolo Brenes. Conviene recordar que, cuando vivió en Caracas escuchó el toque de Esteban de Sanlúcar, y que vio bailar a Trini España, Gabriela Ortega, al Chino, y a Ramón de Loja.

Es muy esclarecedor para tantísimos seguidores de nuestro Arte Flamenco, que el fin principal de publicar estos episodios, es el de conservar vigentes momentos flamencos vividos por él y su familia durante al menos tres generaciones. Porque si no se escriben, el tiempo que todo lo puede, borrará todas las historias y las experiencias que comenzó a vivir con su padre, aquel gran aficionado y mecenas que fue Francisco Vargas.

Cito textualmente: “Para situarnos, y para que la historia arranque más o menos en orden, diré que nací en Madrid, en la calle Guzmán El Bueno, pero me crie en el barrio de Cuatro Caminos, en la calle Triviño, concretamente en el número 7”.

Luego, desde sus primeros años de vida ya comenzó a vivir los ambientes del Cante en la capital de España, donde su progenitor, que nació en Algeciras en 1911, se estableció en Madrid como agente comercial, ayudando de paso a muchos artistas.

Hasta donde él sabe, su padre, tuvo buena amistad y compartió muchas fiestas con Juan Mojama, Antonio Mairena, Rafael Romero, Manolo Caracol, Felipe de Triana, Manolo Vargas, y un largo etcétera, que no reflejamos por razones de espacio.

Creo que con Pepe Vargas, estamos ante un protagonista de excepción para contarnos con total objetividad lo que es el Flamenco, por eso nos situamos en la página 24, donde nos cuenta lo que vivió en el Tablao La Pañoleta, donde con gran admiración conoció a Pastora Imperio, donde se quedaba a comer con su hijo Rafael. Pastora, ya entonces, algo mayor, pero no menos interesante por su gran personalidad, además de su ojos verdes que siempre fueron su ensueño. Pastora decía: “Bailar, lo que se dice bailar, ha de ser de sintura (sic)para arriba”.

A continuación, nos habla de Juanito Mojama, de su gran relación y amistad, que como muchos sabemos ha sido uno de los grandes cantaores de la historia. Lo que se dice un referente. Mojama, no era un hombre de tablaos, teatros o giras. Su cante no era comercial. Por su carácter introvertido y por su manera de pensar, prácticamente vivió exclusivamente de las fiestas.

Por mi parte, creo que Juan Mojama, al que hemos tenido la suerte de escucharle en su discografía ya digitalizada, podemos afirmar que estamos ante un gran artista, que hasta la fecha no se le ha hecho justicia. Afortunadamente, Jerez de la Frontera, su ciudad natal, se está ocupando de difundir su figura y su obra para colocarlo en el lugar que se merece.

En el discurrir por la lectura de esta historia conmovedora y rica, nos encontramos como a finales de los años cincuenta, viviendo en Caracas escuchó por primera vez a don Antonio Mairena en el disco que grabó en la casa Columbia en 1958. Cuenta que no sabe lo que le pasó, pero le resultó impactante empezar a conocer la interesante obra del maestro de los alcores.

Recuerda con nostalgia, también en la capital venezolana, el bar del bailaor El Chino de Cádiz, que en su juventud había trabajado con Lola Flores. El Chino estaba sobrado de arte y de gracia, y era una delicia verlo bailar por bulerías. De este artista, cuenta varias anécdotas, una de ellas es que, le escribió a su mujer, que estaba en Cádiz, en la carta le decía: “María acércate a la playa de la Victoria y mira, a ver si encuentras mis dientes de la dentadura postiza que la he perdido el otro día bañándome en la playa”.

Dando un gran salto, nos situamos en la página 139, donde nos cuenta la última actuación de Terremoto de Jerez, el fatídico 5 de Septiembre de 1981 en el Festival de Ronda. Fernando dijo que no se encontraba bien, que algo le había hecho daño en la comida. Cantó acompañado por Paco Cepero, más o menos bien despidiéndose con una patadita por bulerías. Terminó su actuación, cobró, y se fue para Jerez. Posteriormente, al mediodía escuchó la noticia por la televisión, que había muerto alrededor de la nueve de la mañana del domingo 6 de Septiembre.

Pronunció su primera conferencia en Carmona el 7 de Junio de 2002, en la que versó sobre “Cantes de compás y ritmo”, por aquellos entonces se ocupó de todos los grandes de todos los tiempos, que han dominado esta faceta tan fundamental.

Cuando regresó de Caracas, se estableció en la tierra de sus antepasados, Algeciras, donde se dejó caer allá por 1999 en el Mesón Algeciras, valga la redundancia, y pronto se introdujo en los ambientes flamencos, y se encontró con Antonio Rubio, y fundaron la prestigiosa Sociedad del Cante Grande de Algeciras, de la que Pepe, durante más de dos décadas ha ocupado importantes cargos impartiendo al mismo tiempo su amistad y su saber.

El día 11 de Julio de 2016, el Ayuntamiento de Algeciras, en sesión ordinaria, acordó concederle el preciado galardón Medalla de la Palma en su modalidad de plata. Premio que se concede cada año a un personaje del Flamenco. Entrega que recibió de manos de don José Ignacio Landaluce Calle, Alcalde de esta ciudad, novia de Europa. Para acreditarlo, está reproducida el Acta de la aprobación en la página 223 de este libro.

Para concluir, hemos de ocuparnos de la gran revista Al-Yazirat, que desde el año 1993 viene engrandeciendo en sus páginas a las personalidades a las que se le ha concedido la Palma de Plaza. En su XXV Edición, está dedicada a nuestro amigo, donde están contenidas todas las loas para este ser entrañable.

Querido amigo Pepe, te damos las gracias por tu encomiable labor flamenca, y le pedimos a Dios que te conceda muchísimos años de vida, para así nosotros disfrutar de tu bonhomía.